Guatemala registra menos asesinatos, pero los cuerpos abandonados cuentan una historia más inquietante
El número de homicidios en Guatemala ha bajado ligeramente, pero los hallazgos de cuerpos envueltos y abandonados se han disparado. Concentrado alrededor de la capital, el patrón expone los límites de las estadísticas nacionales de seguridad y plantea preguntas urgentes sobre el poder de las pandillas, las investigaciones criminales y las familias que siguen buscando.
Una búsqueda que termina en duelo
Durante 24 horas, las familias buscaron. Dos jóvenes, de 18 y 19 años, habían sido secuestrados de una cancha de fútbol. Sus cuerpos fueron hallados envueltos en bolsas en el sur de la Ciudad de Guatemala en agosto, informó EFE. Los familiares llegaron a la escena y su búsqueda terminó en dolor.
Ese caso da dimensión humana a un patrón estadístico. Los fiscales registraron 137 hallazgos de cuerpos abandonados hasta octubre, según un informe obtenido por EFE. La policía había contabilizado 39 casos así durante todo 2025.
La cifra más reciente es aproximadamente tres veces y media la anterior, con 98 registros más pese a abarcar menos de un año completo. La comparación exige atención. También necesita definiciones coherentes: las cifras provienen de instituciones distintas y la información disponible no establece que las prácticas de registro sean idénticas.
El desglose de la fiscalía enumera 68 víctimas halladas en bolsas plásticas, 53 en sábanas y 10 en costales, y deja seis en otras circunstancias. Las bolsas y las sábanas suman 121 de las 137 entradas, cerca del 88 %. Eso establece un patrón recurrente de ocultamiento, sin probar un asesino o un motivo común.
Han aparecido cuerpos junto a caminos desiertos y en zonas urbanas. A finales de septiembre, dos fueron hallados atados y envueltos en plástico junto a una carretera en Chinautla, cerca de la capital. EFE informó que los investigadores examinaban grabaciones de vigilancia y no habían identificado a los responsables.
Para las familias, estas también son búsquedas interrumpidas por un hallazgo. El lugar donde se recupera un cuerpo da a los investigadores un punto de partida. Establecer dónde alguien fue secuestrado, asesinado y trasladado puede requerir reconstruir una geografía completamente distinta.

Territorio, dinero y control interno
El portavoz de la policía, César Mateo, dijo a EFE que la rivalidad territorial era una teoría principal de la investigación. Citó la competencia por el “control de áreas utilizadas para la venta y distribución de drogas”, junto con lo que describió como “correctivos” internos de las pandillas.
Esas explicaciones identifican dos posibles mecanismos. La disputa por los mercados minoristas de drogas protege los ingresos al excluir a los competidores. El castigo dentro de una organización criminal impone obediencia. En el relato policial, la violencia sirve tanto al negocio fuera de la pandilla como a la jerarquía dentro de ella.
Seguir el dinero importa porque la policía describe violencia por territorios de venta de drogas. Si esa explicación se sostiene, identificar a quienes financian y ordenan los asesinatos se vuelve central para la prevención.
Eso importa porque un conteo agregado de asesinatos no puede medir con qué firmeza un grupo controla un barrio concreto. Los asesinatos selectivos podrían reforzar el poder local incluso mientras las muertes disminuyen en otros lugares. Pero los datos actuales no pueden establecer que el control se haya expandido ni que todas las víctimas abandonadas pertenecieran a una pandilla.
El hallazgo geográfico más sólido es la concentración. El departamento de Guatemala, que incluye la capital, acumuló 105 de los 137 hallazgos, aproximadamente el 77 %. Los 32 restantes se distribuyeron en otros lugares. Hubo casos en 14 de los 22 departamentos del país, lo que hace que el patrón sea geográficamente extenso y muy concentrado.
Esa combinación respalda una respuesta investigativa concentrada en el área urbana más amplia de la capital, con coordinación más allá de ella. No justifica tratar a todos los departamentos afectados como igualmente expuestos. Tampoco los lugares de hallazgo bastan por sí solos para establecer dónde vivían las víctimas o dónde ocurrieron los asesinatos.
Por eso resulta consecuente la evidencia en video que describió Mateo. Los investigadores intentan reconstruir las rutas usadas para trasladar los cuerpos, conectando lugares que un mapa de hallazgos por sí solo dejaría desconectados. Cotejar esas rutas con las denuncias de desaparición podría ayudar a establecer relaciones entre casos que un envoltorio similar no puede probar.

Lo que oculta una cifra a la baja
Las cifras generales de homicidios muestran un desarrollo más discreto y aparentemente contradictorio. La Coalición por la Seguridad Ciudadana registró 2.338 asesinatos entre enero y septiembre, frente a 2.397 en el mismo periodo de 2025. Son 59 muertes menos, una reducción de aproximadamente el 2,5 %.
Ambas tendencias pueden coexistir. Un patrón particular de ocultamiento de cuerpos puede volverse más frecuente mientras otras formas de asesinato disminuyen. Las diferencias en el hallazgo y la clasificación también pueden afectar la comparación. Las cifras no establecen qué explicación da cuenta de la divergencia.
Los periodos de registro también difieren: los hallazgos llegan hasta octubre, mientras que el conteo de homicidios termina en septiembre. Dividir 137 entre 2.338 fabricaría una proporción poco fiable. Guatemala necesita registros que permitan a los investigadores seguir casos individuales a través de la policía, la fiscalía y la identificación forense.
Las autoridades culpan principalmente a la Mara Salvatrucha y al Barrio 18, designadas organizaciones terroristas bajo la legislación guatemalteca de 2025. La ley reforzó las penas y previó cárceles de máxima seguridad. Esas medidas cambian las herramientas legales del Estado; su valor sigue dependiendo de pruebas que vinculen a los acusados con delitos concretos.
Mateo informó de más de 10 arrestos vinculados al patrón. La policía también vinculó a siete presuntos miembros de la Mara Salvatrucha con al menos 17 asesinatos entre 2025 y 2026. Esas acusaciones no establecen condenas ni cuántos de los 137 hallazgos han sido resueltos.
Para Guatemala, la prueba inmediata es si la identificación, la reconstrucción de rutas y el procesamiento avanzan juntos. Las familias necesitan respuestas que resistan un tribunal, junto con protección mientras continúan las investigaciones. La confianza pública depende de esa conexión entre encontrar un cuerpo y establecer responsabilidades.
Para Centroamérica, la advertencia es específica: las mejoras nacionales en homicidios pueden coexistir con una violencia criminal concentrada que sigue siendo devastadora a nivel local. Los nombres compartidos de las pandillas y las etiquetas legales más duras no pueden sustituir registros comparables ni resultados de los casos. La seguridad también debe juzgarse allí donde una familia busca a alguien que nunca vuelve a casa.




