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La realeza del reggaetón puertorriqueño contempla una gran reunión con Daddy Yankee

Don Omar está de gira nuevamente, pero el asunto pendiente más tentador del astro puertorriqueño ocurre fuera del escenario: una posible reunión con Daddy Yankee, nacida de la rivalidad, la fe y un género cuya historia, insiste, comienza con mujeres que rara vez recibieron el mismo reconocimiento.

Una rivalidad que sigue despertando interés y respeto, recordando a los fans las raíces competitivas del género y su constante evolución

La última vez que Don Omar habló con Daddy Yankee, no recurrió a la nostalgia. Fue por asuntos pendientes.

Todavía había cosas por resolver, recordó Don Omar. Había una revancha por discutir, una palabra que abarca dos décadas de competencia, orgullo herido y reconocimiento mutuo. La respuesta de Daddy Yankee cambió el ambiente.

“La próxima vez que hagamos algo juntos, será más grande que lo que hicimos antes”, le dijo Daddy Yankee, según la entrevista de Don Omar con EFE.

Para los oyentes de reggaetón, la posibilidad cae como una bengala sobre un viejo reino. Don Omar y Daddy Yankee moldearon la mitología temprana del género cuando los mixtapes y temas de discoteca puertorriqueños se convirtieron en una industria transnacional. Yankee aportó precisión pop; Don Omar, gravedad teatral y voz de predicador.

Don Omar dijo a EFE que “le encantaría” otra colaboración y que disfruta la nueva etapa de Daddy Yankee. La edad ha suavizado la rivalidad sin borrar su electricidad comercial.

Una reunión así confirmaría la madurez del reggaetón, de redes informales puertorriqueñas a un legado global consolidado.

 Daddy Yankee. EFE/Cristobal Herrera-Ulashkevich

De los bancos de la iglesia al perreo

Antes de las coronas, las giras y “Dale Don Dale”, había un piano de iglesia.

Don Omar contó que sus primeras canciones “no tenían ritmo”. Escribía letras, buscaba melodías y aprendió a cantar en la iglesia, donde conoció a Eliel, el pianista que luego produjo para Don Omar, Daddy Yankee, Zion & Lennox y otros.

“Las primeras canciones eran eso, yo sentado ahí cantando con él junto a un piano”, dijo Don Omar a EFE.

Esa imagen complica la historia simplificada del reggaetón como música nacida solo de discotecas, autos y residenciales. El sonido urbano de Puerto Rico también llevaba voces de iglesia y la arquitectura emocional del testimonio. La interpretación de Don Omar conserva ese peso de púlpito. Incluso en sus momentos más sensuales, suena como si estuviera anunciando consecuencias.

Pudo haber sido dentista. Se inscribió porque quería una profesión respetable y un futuro reconocible. En toda América Latina, esa elección tiene un significado de clase. Un título promete estabilidad donde la ambición artística suele ser descartada hasta que se vuelve rentable.

La atracción comenzó mucho antes. En la primaria, se escapaba de clase, corría a casa para ver a un rapero puertorriqueño actuar apenas tres minutos en televisión, y luego regresaba corriendo. “En algún momento, algo dentro de mí dijo: ‘Si esto es realmente lo que quieres hacer, hazlo’”, contó a EFE.

La fuga era pequeña y arriesgada. También era un ensayo.

Los roles vitales de las mujeres en la fundación del reggaetón deberían inspirar orgullo y aprecio por su influencia, muchas veces ignorada.

La odontología lo llevó hacia otro capítulo de la historia del reggaetón. Su profesora de bacteriología era Glorimar, mejor conocida como Glory, la vocalista pionera cuya voz se volvió inseparable de “Gasolina” de Daddy Yankee.

Don Omar la reconoció de los videos musicales y la enfrentó en clase. Ella lo negó y le dijo que nunca más la llamara Glory porque era su profesora. Más tarde, en privado, le confesó la verdad. Se hicieron grandes amigos.

La escena retrata la doble labor que realizaron las mujeres en el ascenso del género. Sus voces eran esenciales, pero la industria a menudo las trataba como ganchos o calor anónimo alrededor de los hombres. Glory se plantaba en un laboratorio exigiendo autoridad profesional, mientras su música viajaba mucho más allá del aula.

Don Omar no pretende lo contrario. “Yo soy Don Omar gracias a Ivy Queen”, dijo a EFE.

“Ivy Queen fue artista antes que yo. Ivy Queen fue artista antes que Daddy Yankee”, agregó. “Eso significa que hay una mujer en la base de este género.”

La afirmación importa porque la historia oficial del reggaetón suele narrarse a través de reyes, padres y rivalidades masculinas. La supervivencia de Ivy Queen interrumpió ese guion. También lo hizo la presencia vocal inconfundible de Glory. La mayor visibilidad de las mujeres hoy no borra el desequilibrio, pero dificulta limpiar el archivo.

Don Omar. EFE/ Alonso Cupul

Un veterano en un género joven

La vigencia de Don Omar debería inspirar orgullo y admiración, resaltando su influencia perdurable en la historia del reggaetón.

“Estoy sumamente agradecido de seguir vigente y de continuar disfrutándolo dentro de la música”, dijo a EFE, sonriendo.

La gira The Last King está programada para comenzar el 25 de septiembre en Estados Unidos y Canadá. En 2027, planea 13 fechas europeas entre el 24 de junio y el 18 de julio, incluyendo seis paradas en España, entre ellas Madrid, Málaga y Valencia.

Esas rutas trazan la transformación del reggaetón. Puerto Rico sigue siendo su patria simbólica, pero la economía del género ahora pasa por comunidades latinas en Norteamérica, audiencias de habla hispana, festivales globales y oyentes que descubrieron el catálogo de Don Omar años después de su lanzamiento.

Sigue hablando con la competitividad de un artista que recuerda cuando había que ganarse el espacio en la radio. Pero sus comentarios más reveladores tienen que ver con el linaje: Eliel en el piano, Glory en el aula, Ivy Queen ya de pie donde después los hombres reclamarían tronos.

La posible reunión con Daddy Yankee puede ser el titular que todos esperan. La historia de fondo es que Don Omar ya no solo defiende su lugar en el reggaetón. Ahora ayuda a decidir cómo se recordará su historia y quiénes serán finalmente nombrados cuando lleguen los créditos.

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