VIDA

El Carnaval de Trinidad y Tobago convierte la tensión regional en teatro callejero con plumas

Con los hoteles llenos y los vuelos agotados, el Carnaval de Trinidad y Tobago regresa este mes a todo volumen, incluso mientras las tensiones regionales sobrevuelan el Caribe. En vez de reducir la celebración, la incertidumbre la está moldeando, hasta en los disfraces y las temáticas.

Vuelos llenos, hoteles llenos y una sabana que sigue llamando

Para cuando las grandes comparsas presentan sus diseños, la temporada ya avanza más rápido de lo que el tráfico de la isla puede soportar. Los disfraces se lanzan con un año de anticipación, para que la gente pueda comprarlos, planificarlos y competir en el gran desfile en Queen’s Park Savannah. Esa larga pasarela ahora es importante. Con los pasajes aéreos en alza y la incertidumbre económica rondando la región, un disfraz se convierte tanto en una compra como en una promesa.

Sin embargo, el primer hecho evidente es simple: el carnaval sigue atrayendo gente. Los hoteles están llenos. Los vuelos están agotados. En Puerto España, la Savannah se prepara para recibir lo que siempre recibe: multitudes, color y sonido, y algo más difícil de describir, la sensación de que la calle es donde Trinidad y Tobago dice la verdad; no cabe en un comunicado de prensa.

El carnaval, celebrado por más de doscientos años, tendrá lugar el 16 y 17 de febrero. Hasta ahora, se espera que más de 30 comparsas, con más de 55,000 participantes, desfilen en el Queen’s Park Savannah de Puerto España. El problema es que, en el momento en que se intenta tratar esos números como toda la historia, se pierde lo que realmente está ocurriendo. El carnaval no es solo una reunión. Es una discusión nacional hecha de lentejuelas, una válvula de escape que también recuerda.

El contexto regional ha sido tenso. La crisis en la vecina Venezuela. La presencia de buques de guerra estadounidenses en aguas caribeñas. Los pasajes aéreos, la incertidumbre, la sensación de que la geopolítica puede acercarse lo suficiente como para rozar la vida cotidiana. Algunos en Trinidad y Tobago temían verse arrastrados a las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, especialmente después de que el país albergara ejercicios militares estadounidenses y la primera ministra Kamla Persad-Bissessar intercambiara amenazas con Nicolás Maduro. Luego llegó el detalle más desestabilizador en las noticias: Maduro fue capturado por Estados Unidos hace un mes. Es el tipo de evento que puede hacer que cualquier nación caribeña recalibre rápidamente, porque la región tiene larga experiencia viviendo cerca de potencias mayores y sus disputas.

Un festival celebrado por más de doscientos años, el carnaval ha demostrado resiliencia y adaptabilidad, inspirando orgullo y esperanza a pesar de las tensiones regionales.

Disfraz de Renee Abraham en Puerto España, Trinidad y Tobago. EFE/Andrea De Silva

Un festival que se expande más allá de Puerto España

El mensaje del gobierno es que la maquinaria sigue funcionando y el plan sigue siendo el plan. La ministra de Cultura y Desarrollo Comunitario, Michelle Benjamin, dijo que los primeros indicadores apuntan a una fuerte participación y calificó el Carnaval 2026 como “más grande y mejor”, según declaró a EFE.

A medida que el carnaval se expande más allá de Puerto España, fomenta un sentido de unidad regional e identidad compartida, haciendo que el público se sienta parte de una comunidad caribeña más amplia.

Esto cambia la conversación política de un solo escenario a un mapa más amplio. Si la cultura se está extendiendo más allá de Puerto España, entonces los beneficios y las presiones también se expanden. El carnaval no es solo un símbolo nacional. Es un sistema económico. Cuando los vuelos están agotados y los hoteles llenos, ese dinero no se queda en un solo distrito. Se mueve, de manera desigual, hacia taxis, puestos de comida y talleres de disfraces, hacia la infraestructura cotidiana que sostiene los dos días extraordinarios.

Benjamin también afirmó que, a pesar de la incertidumbre regional tras la captura de Maduro, los preparativos siguen en marcha y el gobierno mantiene su compromiso de apoyar el carnaval. Ese compromiso no es solo retórico. Está presente en el trasfondo de cada pregunta práctica: cómo manejar las multitudes, cómo movilizar a la gente, cómo mantener funcionando un evento tan grande cuando la región se siente políticamente volátil y económicamente tensa.

El trabajo de los disfraces, mientras tanto, sigue su propio calendario. Sudesh Ramsaran, decorador de disfraces, dijo que la geopolítica no ha disminuido el entusiasmo de los participantes más comprometidos. “Lo que ocurre a nivel regional no ha afectado a los amantes incondicionales del Carnaval. Este es su momento para celebrar, y harán sacrificios para ser parte de él”, dijo a EFE.

Esa frase encierra mucho. Sacrificio puede significar dinero. Puede marcar el tiempo. Puede significar elegir pagar un disfraz en vez de otra cosa, en silencio, porque pertenecer importa. En Trinidad y Tobago, el carnaval es donde la pertenencia se lleva puesta.

Disfraz de Abena John en Puerto España, Trinidad y Tobago. EFE/Andrea De Silva

Disfraces de incertidumbre, disfraces de esperanza

Si los titulares de la región han sido inquietantes, los disfraces han decidido mirar de frente esa inquietud y luego transformarla. Keston Benthum, diseñador y productor de carnaval, dijo que llamó a su disfraz de Rey para 2026 “Padre Tiempo, en las alas de la esperanza”, según contó a EFE. “Refleja la incertidumbre, pero también la esperanza: que el Caribe permanezca en paz y evite el conflicto”, explicó al describir el concepto.

En el sur de Trinidad, Lionel Jagessar Junior, líder de la comparsa Jagessar Costumes, dijo que deliberadamente nombró a su banda “En vísperas de la batalla” para reflejar el clima geopolítico actual. “Desde afuera, con barcos militares y rumores de conflicto, parece que algo podría pasar. El tema refleja esa incertidumbre, pero también tiene un significado más profundo”, dijo a EFE.

Ese significado más profundo no se detalla en las notas, pero la dirección es clara. Trinidad y Tobago está usando el carnaval como siempre lo ha hecho: para metabolizar el mundo exterior y convertirlo en algo que la comunidad pueda cargar. Es sátira sin necesidad de gritar. Es un comentario que puede bailar.

Históricamente, eso no es casualidad. El carnaval surgió a finales del siglo XVIII y evolucionó como una expresión de resistencia y libertad entre los africanos anteriormente esclavizados, fusionando la mascarada, la música y la sátira en una tradición nacional. Esa historia de origen sigue vibrando dentro del espectáculo moderno, incluso cuando los disfraces son nuevos y los temas se actualizan para las ansiedades actuales.

Para el historiador trinitense Jerome Teelucksingh, el festival, con sus competencias y variada programación cultural, se ha convertido con el tiempo en “un motor económico y un símbolo de identidad en Trinidad y el Caribe”, dijo a EFE.

La apuesta aquí es que lo mismo que hace poderoso al carnaval también lo hace necesario. En una región donde la tensión puede llegar en barco, por arancel o por rumor, Trinidad y Tobago sigue respondiendo con la calle. No porque sea escapismo. Sino porque es gobernanza del espíritu, practicada en público, y tercamente viva.

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