México Navega Nuevos Desafíos en el Cambio de Elecciones Judiciales y la Democracia

El 1 de junio, los votantes mexicanos participan en un evento de selección. Los ciudadanos elegirán a más de 800 funcionarios judiciales, incluidos magistrados de la Suprema Corte. Esta elección surge de una reforma constitucional y ha provocado debates sobre la “gobernanza democrática y la justicia”.
Un Alcance de Votación Sin Precedentes
Esta elección judicial es diferente a eventos anteriores. Los legisladores aprobaron un cambio: el voto popular ahora incluye al poder judicial, que antes operaba fuera del ámbito electoral. El 1 de junio, más de 99 millones de votantes registrados decidirán quién ocupará 881 cargos judiciales federales y más de 1,700 cargos locales, lo que demuestra la magnitud del cambio.
A nivel federal, nueve puestos en la Suprema Corte están en juego. Los votantes elegirán a cinco mujeres y cuatro hombres entre 63 candidatos. Los 872 cargos restantes abarcan diversas instancias: dos escaños en la Sala Superior del Tribunal Electoral, 15 cargos regionales dentro del mismo Tribunal, cinco en el nuevo Tribunal de Disciplina Judicial, 464 magistraturas y 386 jueces. En total, hay 3,422 candidaturas oficiales compitiendo por estos puestos federales.
Las elecciones a nivel estatal añaden otra capa de complejidad. Diecinueve estados elegirán jueces y magistrados locales, desde Baja California en el noroeste hasta Yucatán en el sureste. En total, 1,787 posiciones están en juego en estas elecciones regionales. Chihuahua, por ejemplo, tiene más de 300 cargos judiciales en disputa, lo que afecta la composición de los tribunales locales.
Los defensores de la reforma argumentan que empoderar a los votantes es un paso hacia una mayor supervisión del poder judicial. Sin embargo, los opositores sostienen que permitir que ciudadanos elijan posiciones judiciales altamente técnicas genera incertidumbre y abre la puerta a la politización del sistema.
El gran alcance de esta elección representa un reto logístico considerable. El Instituto Nacional Electoral (INE) estima que se habilitarán alrededor de 84,000 casillas en todo el país, con la participación de casi 1.55 millones de voluntarios como funcionarios de casilla. Capacitar adecuadamente a este gran número de voluntarios representa un desafío, pero las autoridades confían en que el proceso servirá como prueba para el aparato electoral de México.
Un Nuevo Tipo de Proceso de Votación
El diseño de las boletas es una preocupación clave. Para organizar la votación, se utilizarán seis colores diferentes solo para los cargos federales. Las boletas moradas corresponden a la Suprema Corte, las azules a la Sala Superior del Tribunal Electoral, y las naranjas a sus escaños regionales. Una boleta turquesa cubre el Tribunal de Disciplina Judicial, la rosa es para las magistraturas y la amarilla para los jueces.
Aun así, los votantes podrían enfrentarse a hasta 42 nombres en una sola boleta para magistrados y jueces. Los funcionarios esperan que la codificación por colores y campañas educativas dirigidas reduzcan la confusión, pero persiste el escepticismo sobre si el votante promedio podrá manejar tantas elecciones. Los críticos advierten sobre el riesgo del “voto burro”, es decir, marcar opciones al azar o emitir votos nulos debido al exceso de nombres desconocidos.
Los candidatos deben realizar campañas cortas y en gran parte autofinanciadas. No pueden usar fondos públicos y dependen de sus propios recursos, donaciones o publicidad.
Existen límites de gasto. Un aspirante a juez local puede gastar hasta 200,000 pesos (aproximadamente 11,000 dólares), mientras que un candidato a la Suprema Corte puede gastar hasta 1.46 millones de pesos (alrededor de 70,000 dólares). Estos límites financieros pueden dificultar que candidatos menos conocidos se presenten a los votantes, aunque el sistema busca evitar influencias indebidas.
El periodo de campaña es breve. Comienza el 30 de marzo y finaliza el 28 de mayo, con una duración total de 60 días. Debido a la escasez de debates y publicidad, los observadores señalan que este cronograma limitado obliga a los candidatos a utilizar estratégicamente las redes sociales y apariciones en persona. A diferencia de otras contiendas políticas, los candidatos judiciales no dependen de partidos políticos tradicionales, ya que su selección se basa en credenciales y apoyos más que en afiliaciones partidarias.
Debates, Riesgos y Posibles Consecuencias
La reforma sigue siendo objeto de debate. Se originó en septiembre, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó una modificación constitucional con el apoyo de la presidenta electa Claudia Sheinbaum, redefiniendo el sistema judicial de México. Los opositores temen que la selección de jueces por voto popular comprometa la imparcialidad judicial y aumente la influencia política en las decisiones de los magistrados.
Organismos internacionales, incluida la ONU, han expresado preocupación por un posible control estatal sobre la justicia, lo que podría involucrar intimidación por parte del gobierno o actores ilegales.
En algunas regiones, la amenaza de violencia complica la situación. Si la intervención del crimen organizado asusta a los candidatos o disuade a los votantes, la participación electoral podría verse afectada. Como en elecciones anteriores, existe el temor de que elementos del crimen organizado influyan en las campañas, especialmente en áreas donde el estado de derecho es frágil. En estos casos, el intento de ampliar la democracia podría generar vulnerabilidades en lugar de fortalecer la independencia judicial.
Por otro lado, los defensores de la reforma argumentan lo contrario. Sostienen que permitir a los ciudadanos elegir a los jueces fomenta la rendición de cuentas y el control ciudadano. Antes, los jueces eran designados a puerta cerrada; ahora, las elecciones los exponen al escrutinio público. La presidenta Sheinbaum afirmó: “Estamos a punto de convertirnos en el país más democrático del mundo porque elegiremos a los tres poderes del gobierno”. Los partidarios de esta visión creen que los jueces electos responderán ante los votantes, no ante élites políticas.
El éxito de esta transformación podría marcar un precedente para otras democracias que buscan métodos más directos de selección judicial. Si la votación del 1 de junio transcurre sin problemas, México podría consolidarse como pionero en un sistema electoral integral para su poder judicial. Sin embargo, cualquier irregularidad o evidencia de interferencia podría fortalecer los llamados a restaurar el antiguo sistema de designación.
Los críticos de la reforma temen que convertir a los jueces en figuras políticas afecte la aplicación de la ley. La necesidad de ganar votos podría incentivar decisiones populistas en detrimento de normas legales establecidas. Además, el formato complejo de la boleta podría generar baja participación en las elecciones judiciales, ya que los votantes suelen priorizar las elecciones presidenciales y legislativas.
A medida que se acerca el día de la elección, el verdadero significado de esta reforma sigue en desarrollo. Se trata de un debate filosófico: ¿una alta aprobación pública legitima al poder judicial o lo expone a influencias políticas? Además, demuestra la inclinación de México a expandir sus prácticas democráticas, aunque estas aún no han sido probadas.
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Al finalizar junio, el país sabrá si la novedad de elegir jueces se traduce en un resultado justo o si crea nuevos dilemas para el sistema judicial mexicano. Esta elección redefine la relación entre jueces y ciudadanos, generando un profundo análisis sobre justicia y rendición de cuentas, elementos fundamentales para el país.