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La telenovela mexicana Lobo pone a prueba fantasías de justicia en medio de protestas contra ICE

Mientras las protestas apuntan a ICE y las deportaciones dominan los titulares, Lobo, morir matando de Telemundo llega con una promesa arriesgada: algunos dentro de las fuerzas de seguridad aún intentan proteger a los estadounidenses comunes. Su historia sigue a una niña refugiada y a un expolicía que rompe las reglas.

Una historia policial en un momento de desconfianza hacia la policía

En la alfombra roja, el sonido es un clima propio. Las cámaras disparan en ráfagas. Una fila de micrófonos se inclina hacia rostros que han aprendido a responder rápido, con calidez y con el control justo. Aquí es donde una serie vende su ambiente antes de que alguien en casa vea la primera escena.

Fátima Molina habla sobre la policía y la protección en un momento en que la palabra policía puede sentirse como una chispa. Su serie, Lobo, morir matando, llega mientras estallan protestas contra la agencia de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU., conocida como ICE. Las notas enmarcan el contexto con claridad: una crisis de protestas tras deportaciones masivas de migrantes y la muerte de manifestantes como Renée Good y Alex Pretti.

Ese es el aire que rodea a este programa. No es aire ficticio. Es aire real.

“Estamos viviendo momentos tan críticos que tú, yo, y especialmente en Estados Unidos, pero también en todo el mundo, lo único que queremos es que nuestra policía nos cuide, y creo que eso es lo que representa mi personaje”, dijo Molina a EFE.

Es una declaración cuidadosa y reveladora. Lo que hace es plantear el argumento en el que la serie quiere entrar: en un momento público definido por la ira hacia las autoridades y el miedo por la seguridad, ¿puede una historia sobre fuerzas de seguridad abrir espacio para los matices sin sonar ingenua?

Molina dice sentirse orgullosa de contar historias de “buenos policías, que realmente quieren hacer justicia”, conectando ese orgullo directamente con el clima de protesta descrito en las notas. La insistencia importa no porque resuelva algo, sino porque muestra lo que la producción intenta recuperar: la idea de que dentro de instituciones en las que muchos desconfían, aún hay personas intentando hacer algo decente.

El problema es que los espectadores han sido entrenados por el ecosistema televisivo más amplio para buscar justicia en disfraces, no en uniformes. Las notas señalan un patrón familiar: pantallas llenas de series y películas donde los únicos vengadores usan mallas, como Batman o Spiderman. En ese panorama saturado, Lobo se cuela con una propuesta distinta. Sin capa. Sin máscara. Solo un hombre al límite.

Póster de Lobo, morir matando. Cortesía de Telemundo / NBCUniversal.

Cuando la ley se siente injusta y la justicia se vuelve personal

Lobo, morir matando cuenta la historia de una niña refugiada que intenta llegar a la frontera norte tras ser perseguida por una fiscalía corrupta. Durante su huida, depende de un expolicía, quien toma la justicia en sus propias manos para protegerla.

Esa premisa no es sutil en su política. Corrupción dentro del Estado. Una niña empujada al peligro. Un adulto que antes pertenecía al sistema y ahora ya no confía en él. La serie busca una tensión latinoamericana familiar, la que vive entre la ley y la justicia, entre el procedimiento y la supervivencia.

Arap Bethke, quien interpreta a Lobo, lo describe como algo distinto al arquetipo de héroe reluciente al que el público está acostumbrado. “No es un superhéroe, está lejos de la realidad, sino alguien que ya no cree en el sistema”, dijo a EFE.

Luego Bethke va al fondo del asunto. “Él decidió que la justicia debe hacerse por su propia mano porque la ley no funciona”, dijo a EFE. “Esa es la diferencia entre que la ley funcione y que llegue la justicia. Esto funciona en un mundo donde a veces la ley no es el camino correcto.”

Es un argumento que mucha gente reconoce, aunque no esté de acuerdo. También es el riesgo moral del programa. Si construyes un protagonista alrededor de la idea de que la ley falla y el puño triunfa, entras en un debate más grande que cualquier guion. La apuesta aquí es que el público pueda convivir con esa incomodidad y aun así ver lo que la serie dice querer mostrar: un impulso de proteger, especialmente cuando las instituciones parecen estar comprometidas.

Las notas llevan al personaje más lejos. Salir del sistema y usar los propios puños puede no ser ortodoxo, pero es lo que Lobo termina haciendo para que “los peores criminales que uno pueda imaginar” sean juzgados. Esa frase no promete una justicia suave. Promete una rendición de cuentas dura.

En un momento de protestas y deportaciones, esa promesa puede leerse en más de una dirección. Para algunos espectadores, puede sonar a catarsis. Para otros, a permiso. Esa tensión no es accidental. Es el motor de la serie.

Lobo, morir matando. IG Noveleandomex

Proteger la infancia mientras la televisión vende violencia

En el centro de la lucha de poder está Renata, una niña cuya infancia se ve truncada por una herencia que desconocía, un tema que el elenco describe como ajeno y difícil de comprender para ella, y que no debería ser su preocupación.

Ese enfoque en una niña no es solo parte de la trama. También es una respuesta a una ansiedad más amplia que identifican las notas: lo que la violencia está haciendo a los niños y cuán temprano los alcanza.

Dominika Paleta lo plantea como un principio básico, casi anticuado en su simpleza. “Creo que en general, mientras más tiempo tengan los niños para ser niños, mientras más conserven el juego, mejor”, dijo a EFE. Luego recuerda su propia memoria. “Si tuve algo maravilloso en los ochenta, fue tener una infancia prácticamente libre de programas de televisión”, dijo a EFE. Contrasta eso con el presente: “La cantidad de narcos, de violencia expuesta en la televisión es brutal, y creo que hay muchas otras historias que podrían contarse”, dijo a EFE.

Hay una verdad cotidiana que no necesita adornos. Los niños ven lo que los adultos les ponen enfrente. Los adultos también ven lo que el mercado sigue produciendo. Luego todos discuten sobre las consecuencias.

Las notas subrayan cuán central es esta preocupación en México, describiendo la exposición de los niños a la violencia como una de las principales inquietudes del país. También citan un dato contundente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI): un aumento del 45% en el número de adolescentes procesados entre 2021 y 2023, un problema que pone en riesgo a miles de jóvenes.

Una serie como Lobo, morir matando entra en esa realidad y al mismo tiempo forma parte del mismo universo televisivo que Paleta critica. Es una serie impulsada por el crimen, la corrupción y las luchas de poder, aunque insista en que su centro moral es la protección de una niña. Eso no es una contradicción, sino un reflejo del dilema mediático de la región: la violencia es tanto la advertencia como el gancho.

Telemundo estrenará Lobo, morir matando el martes en sus canales internacionales, junto al regreso de otro de sus programas virales internacionales, La casa de los famosos. La dupla es un mensaje en sí misma. Drama y espectáculo. Crimen y celebridad. Dos tipos de atención distintos, ambos impulsados por la creciente relevancia de un acento latino en los medios globales, como lo expresan las notas.

Y de vuelta en esa alfombra roja, bajo el clic de las cámaras, la serie expone su argumento en lenguaje claro. La gente quiere seguridad. La gente quiere justicia. La gente quiere que sus hijos estén protegidos.

No después. Ahora.

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