Los Cabezudos de Puerto Rico Marchan de Nuevo con Paz, Plena y Memoria
En el Viejo San Juan, la discusión más ruidosa del año no se grita, se baila. Las Fiestas de la Calle San Sebastián de este fin de semana traen de vuelta a los imponentes cabezudos y zancudos que rinden homenaje a Jacobo Morales, lamentan la violencia y claman por los arrecifes y la paz.
Donde la Calle se Convierte en Sermón Cívico
Sobre los adoquines del Viejo San Juan, se siente antes de verse: la percusión de los panderos de plena, la sonrisa rápida de la multitud, la sombra repentina de una cabeza gigante doblando la esquina como un mito hecho realidad. Los cabezudos—esas figuras de papel maché de gran tamaño que se han convertido en íconos inconfundibles de las Fiestas de la Calle San Sebastián—no son solo decoración. Son una tradición que insiste en que el arte pertenece al pueblo, y que el pueblo, a su vez, merece un arte que le responda al mundo.
Este año, la compañía teatral Agua, Sol y Sereno utiliza sus creaciones más queridas para hacer una serie de reclamos que se sienten urgentes en Puerto Rico hoy: que la paz no es un deseo vago, que el ambiente no es un tema accesorio y que la cultura no es algo que se alquila por un fin de semana. En el corazón de la procesión está el homenaje a Jacobo Morales, el venerado actor, cineasta, poeta y animador ampliamente considerado el director de cine más influyente en la historia de Puerto Rico—un artista conocido por su obra socialmente consciente que explora la identidad cultural y las luchas políticas del archipiélago. Su compañera de vida y trabajo, Blanca Eró, actriz y productora que lo ha apoyado por más de setenta años, es honrada junto a él, recordando que los legados creativos a menudo se construyen en dúo.
En el bullicio del festival, esto no es nostalgia por la nostalgia misma. Morales aparece en el documental de Bad Bunny “Debí tirar más fotos”, un detalle importante porque une generaciones en un solo encuadre: el cronista mayor de la identidad puertorriqueña y la estrella global del reggaetón cuya fama ha obligado al mundo a prestar más atención al nombre de la isla. El homenaje del festival, según lo describen los participantes, se convierte en un puente entre el cine y el teatro callejero, entre el arte elevado y la cultura popular, entre la imaginación política de ayer y la realidad abarrotada de hoy.
Cabezudos con Conciencia y Rostro Humano
La lista de figuras puertorriqueñas ya inmortalizadas como cabezudos es larga y reveladora—nombres como Ismael Rivera y Tite Curet circulan por el festival no como etiquetas de museo sino como presencias vivas. La compañía detrás de estas cabezas gigantes, Agua, Sol y Sereno, lleva décadas tratando el desfile como una página editorial en movimiento. Su director, Pedro Adorno, de cincuenta y siete años, dijo a EFE que su trabajo combina “lo culto y lo popular”, una frase que, en Puerto Rico, es más una postura política que un eslogan artístico. Rechaza la vieja jerarquía que dice que la calle es solo para el entretenimiento mientras la reflexión “seria” pertenece a los espacios cerrados.
Adorno no es solo director; también es artista, músico y zanquero—uno de los intérpretes que da vida a las figuras gigantes. Hablando con EFE, describió a Jacobo Morales y Blanca Eró como una fuente continua de inspiración para los creadores puertorriqueños por su compromiso con la identidad nacional, visión crítica, transformación social y una perspectiva descolonizadora—a la vez que encarnan las cualidades humanas y éticas que la isla valora profundamente. Es fácil romantizar ese tipo de elogio, pero en el contexto de la vida puertorriqueña—marcada por debates sobre estatus, migración, austeridad y supervivencia cultural—se lee como una insistencia en que el arte debe cargar responsabilidad sin perder ternura.
La compañía fue fundada hace treinta y tres años por Adorno y su esposa, Cathy Vigo, y ha viajado mucho más allá de la isla, presentándose en lugares como Chicago, Cádiz y Madrid, un testimonio de cómo la cultura puertorriqueña se mueve—a menudo porque debe hacerlo. Sus cabezudos también han compartido escenarios globales de gran visibilidad: Adorno señaló a EFE que el grupo acompañó a Bad Bunny en los Grammy 2023, con cabezudos de artistas como Tego Calderón y Andy Montañez. Incluso los materiales forman parte del argumento. Estas figuras se elaboran con elementos ecológicos como barro, madera, cartón y papel maché, una apuesta artesanal que contradice silenciosamente la lógica desechable del espectáculo moderno.
En una región donde la cultura más visible a veces parece empaquetada para turistas, la insistencia en materiales hechos a mano y reutilizables—y en temas que trascienden la fiesta—señala algo más profundo: la creencia de que la celebración popular aún puede ser políticamente consciente.

Zancudos Blancos, Dibujos de Coral y la Isla Bajo la Isla
El domingo, la compañía planea una procesión especial con lo que Adorno llamó una perspectiva “glocal”—local y global a la vez—centrada en la “armonía y la paz”. Explicó a EFE que la idea es responder a la violencia y la guerra con una propuesta pacifista basada en el amor, la belleza y la comunidad. El momento no es abstracto. Puerto Rico, señaló, vive la violencia en formas íntimas, incluyendo lo que describió como una de las tasas de feminicidio más altas de América Latina, mientras el mundo parece inhalar el “aire de guerra”. En ese contexto, un desfile se convierte en algo más que una presentación. Se transforma en un ritual público de rechazo.
La procesión incluirá zancudos vestidos de blanco, portando dibujos de coral pintados por el artista y gestor cultural comunitario Kenneth Salgado, diseñados para denunciar la crisis de blanqueamiento de los arrecifes. La elección de los corales no es decorativa; es una forma de decir que la vulnerabilidad de la isla es tanto ecológica como política. Y el trabajo de Salgado está vinculado a un proyecto artístico más amplio, “Entre marejadas del vientre”, una exposición de gráfica expandida que se estrenó en junio de 2025, curada por Salgado y creada por siete artistas visuales y escénicos. El proyecto busca elevar la memoria ancestral, la sabiduría y la estrecha relación con la naturaleza de los pueblos indígenas de la isla, incluyendo los huecoides, saladoides y los taínos, según se describe en el marco del evento.
Salgado ofreció a EFE una imagen que parece un poema con filo: habló de cuevas donde las conchas están incrustadas en las paredes, donde aparecen dientes de tiburón, donde las esponjas están talladas en piedra—evidencia, en sus palabras, de una “memoria subacuática”. La isla, sugiriendo que alguna vez estuvo bajo el agua, aún lleva el archivo del océano en su interior. Por eso los corales importan aquí: son guardianes vivos de la memoria, y el blanqueamiento no es solo una crisis ambiental sino una amputación cultural.
El homenaje también reconocerá a Javier Santiago, recordado como fundador de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, con un saludo póstumo que coloca la gestión cultural junto al brillo artístico. En la reflexión final de Adorno a EFE, volvió a la pregunta de qué significa “popular” ahora, especialmente después de lo que llamó la “residencia” de Bad Bunny y la energía social que la rodea. Argumentó que la calle conecta mundos: que el plenazo se relaciona con el reggaetón, que las letras directas se enlazan con la poesía, y que distintas clases y generaciones pueden acercarse a través del sonido compartido.
En Puerto Rico, eso no es poca cosa. Sugiere que la cultura de la isla no está fracturada en públicos separados, sino entrelazada—capaz de convertir un festival en un foro, un baile en un diagnóstico y un gigante de papel maché en un recordatorio de que la alegría puede llevar conciencia.
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