VIDA

Mujeres latinoamericanas sobrevivientes en Madrid transforman cicatrices de la trata en futuros de moda

Escondido detrás de una transitada avenida de Madrid, un taller de moda desmantela silenciosamente una de las economías más oscuras de Europa, puntada a puntada, mientras sobrevivientes latinoamericanas de explotación sexual convierten manos temblorosas en manos expertas y recuperan futuros que los tratantes les arrebataron.

Un taller con alma

Desde la calle, no parece nada: una puerta por la que podrías pasar cien veces sin notarla. Por dentro, la sala es pequeña pero llena de vida. Las máquinas de coser se alinean como soldados sobre una mesa estrecha. Rollos brillantes de tela se apoyan contra la pared. El suelo está salpicado de hilos sueltos, una suave y colorida nevada de trabajo en proceso.

Lo que hace diferente a este lugar no es la decoración, sino las mujeres que cruzan la puerta cada mañana. Muchas de ellas son sobrevivientes latinoamericanas de la trata de personas, mujeres que alguna vez vivieron bajo amenazas y deudas, vigiladas por proxenetas y miembros de bandas, no por cerraduras y llaves. Aquí, se sientan a la vista, junto a las ventanas. Nadie las observa desde un auto afuera.

El taller pertenece a Apramp, la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida. Es un nombre largo para una promesa sencilla: que nadie debe ser reducido a un cuerpo en venta. En esta sala, esa promesa se corta en la tela, se cose en las costuras y se plancha bajo el peso caliente de una plancha.

Cada paso tiene un propósito. Aprender a enhebrar una bobina, seguir un patrón, corregir una puntada torcida, todo es mucho más que moda. Se trata de construir una vida donde las decisiones no estén dictadas por el miedo. Como explica la directora ejecutiva de Apramp, Rocío Mora, en una entrevista con EFE, España es actualmente el país líder en demanda de prostitución en Europa y el tercero a nivel mundial, además de servir como puerta de entrada para mujeres que luego son trasladadas a otros países. Esto resalta la necesidad de cooperación internacional para combatir la trata y apoyar el empoderamiento de las sobrevivientes.

Apramp hoy apoya a mujeres de casi 45 nacionalidades. Cada vez más, los acentos en la sala son colombianos y venezolanos, voces de países en crisis, atraídas a Europa por el espejismo de la oportunidad y atrapadas en cambio en una industria que esconde su violencia tras puertas cerradas.

Del miedo a la máquina de coser

La mayoría de las mujeres no llegó a España pensando que terminaría en la prostitución. Muchas recibieron promesas de trabajos en limpieza, cuidado y hostelería. Hicieron una maleta. Abrazaron a sus hijos, padres y hermanas. En el aeropuerto, creían estar entrando en un futuro donde podrían enviar dinero a casa y saldar deudas.

En cambio, aterrizaron en un mundo de contratos falsos, deudas de viaje infladas y explotación sexual. El “trabajo” resultó ser un club a la orilla de una autopista, un apartamento estrecho con las cortinas siempre cerradas, o una esquina vigilada por los hombres que controlaban cada uno de sus movimientos.

El trabajo de Apramp comienza ahí, en esa oscuridad. La organización envía una unidad móvil por la noche a clubes de carretera, polígonos industriales y otros lugares donde la prostitución se esconde a plena vista. A bordo van profesionales y mujeres que sobrevivieron a esas mismas calles. Se acercan en silencio, hablan en voz baja, ofrecen algo que suena casi increíble: una salida.

Cuando una mujer decide dar ese paso, el terror la acompaña. Salir significa romper las reglas de personas que ya han demostrado que pueden hacer daño o matar. Significa confiar tu vida a desconocidos. Apramp la lleva directamente a un refugio seguro, un lugar donde no puedan encontrarla fácilmente. Allí comienza el largo trabajo: chequeos médicos, apoyo legal, terapia y, finalmente, formación.

En el taller de moda, las sobrevivientes juegan un papel central. Las recién llegadas no son recibidas solo por trabajadoras sociales, sino también por mujeres que han recorrido el mismo camino. Son ellas quienes pueden responder las preguntas más difíciles: ¿Qué pasará si mi tratante me busca? ¿Se acabarán las pesadillas? ¿De verdad puedo vivir sin esta deuda sobre mi cabeza? Sus historias de superación inspiran conciencia y motivan la acción por la justicia social.

Carmen, originaria de Rumanía, lleva once años en Apramp y ahora lidera el taller de costura. Nunca imaginó que las agujas y el hilo darían forma a su futuro. Su viaje del miedo a la confianza ejemplifica la resiliencia de las sobrevivientes, mostrando cómo las habilidades pueden transformar vidas e inspirar apoyo.

¿Por qué ‘Con Alma’? Porque cada una de nosotras, con mucho orgullo, pone un pedacito de su alma en cada prenda”, cuenta a EFE, refiriéndose a la marca de moda nacida del taller. El nombre, “Con Alma”, no es un truco de marketing. Es una estrategia de supervivencia.

EFE/Lucía Serrano

La demanda oculta de España

Detrás del suave zumbido de las máquinas de coser se esconde una banda sonora mucho más dura: el rugido de un mercado enorme y casi invisible. La demanda de prostitución en España es enorme, pero la mayor parte permanece oculta. Vive en clubes iluminados con neón en salidas de autopista, apartamentos anónimos en barrios comunes, polígonos industriales que cobran vida al anochecer.

“Es un mundo que prefiere las sombras”, dice Mora a EFE. Las sombras sirven a todos menos a las mujeres: protegen a los clientes de la vergüenza, a los tratantes de la justicia y a la sociedad de tener que enfrentar el costo de sus deseos.

Muchas de las alumnas de Apramp no se vieron a sí mismas como víctimas al principio. Sabían que estaban siendo explotadas, pero no tenían las palabras “trata” o “derechos humanos” en su vocabulario. Solo sabían que si se negaban, alguien en su país podía sufrir, o que sus propias vidas podían estar en peligro.

Dentro del taller, cada prenda terminada es una pequeña rebelión contra esa economía oculta. Con Alma, cuyas piezas incluso han sido lucidas por la reina Letizia, convierte habilidades en salarios, demostrando cómo el apoyo comunitario y el reconocimiento pueden empoderar a las sobrevivientes. Cuando los clientes eligen prendas hechas por estas mujeres, significa un reconocimiento social que puede impulsar un cambio más amplio.

“Se dan cuenta de que valen muchísimo”, dice Carmen, observando a una aprendiz alisar un dobladillo con concentración silenciosa. La primera vez que una mujer ve que alguien paga por su trabajo y no por su cuerpo, la historia que se cuenta a sí misma empieza a cambiar.

Tejiendo redes de apoyo transfronterizas

Para Mora, desmantelar la trata no puede detenerse en las fronteras de España. Las redadas policiales y las leyes nacionales son necesarias, pero no suficientes. Es “imposible” acabar con el tráfico de personas, argumenta a EFE, sin actuar en los países donde comienza la captación, los lugares donde un primo, un vecino o un supuesto “amigo” ofrece un pasaje a Europa y un trabajo que no existe.

Apramp ahora trabaja con organizaciones en Paraguay, Rumanía, Nigeria y Brasil, y está preparando un programa en Colombia “para llegar al mayor número posible de mujeres y niñas”, explica Mora. El mapa de la explotación ha cambiado con los años: donde antes las mujeres nigerianas y rumanas eran las víctimas más visibles en España, ahora las mujeres latinoamericanas, especialmente colombianas y venezolanas, llenan cada vez más las aulas y refugios. La pobreza, la inseguridad y el sueño de una vida mejor hacen el trabajo de los reclutadores por ellos.

La moda no es un proyecto secundario en esta estrategia. Es parte del plan. Apramp quiere llevar Con Alma a la pasarela en España y en el extranjero para mostrar que cada diseño es producto de una red de solidaridad que cruza fronteras. Un próximo proyecto llevará unas treinta prendas a Paraguay, donde sobrevivientes modelarán ropa confeccionada por mujeres en Madrid y América Latina. Estas prendas llevan historias de escape y desafío en cada costura.

De vuelta en el taller de Madrid, el día termina con el mismo ritual. Las máquinas se apagan. Las mujeres doblan su trabajo, se quitan los hilos de la ropa y se ponen abrigos y bufandas. Al salir de nuevo a la calle concurrida, vuelven a ser casi invisibles, solo un rostro más entre la multitud.

Pero algo importante ha cambiado. Ya no caminan de regreso a un club o un burdel. Se van con las yemas de los dedos endurecidas, los ojos cansados y los primeros contornos sólidos de otra vida.

Las voces, testimonios y entrevistas de esta historia fueron reportadas por EFE, cuyo trabajo ayuda a sacar a la luz estas vidas ocultas y este pequeño taller con alma.

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