Colombia e Hidroituango: Lo que empieza mal, termina mal

El mega proyecto hidroeléctrico es ahora un desastre de la ingenería colombiana y todavía no se descarta que se convierta en una catástrofe
 

Colombia e Hidroituango: Lo que empieza mal, termina mal

Hace nueve años, en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez, se dio vía libre a la construcción de uno de los proyectos de infraestructura energética más ambiciosos de Latinoamérica. El proyecto Hidroeléctrico de Ituango o Hidroituango, que represa el río Cauca, uno de los principales ríos de la región andina en Colombia, pretendía generar 2.400 MW Mv de energía para satisfacer las necesidades energéticas del país. Para lograr este objetivo se debían inundar miles de Hectáreas, reduciendo aún más el porcentaje de bosque seco tropical, ecosistema en grave estado de amenaza en Colombia del cual sólo queda en pie el 8% de su cobertura original.

 

La contingencia de las últimas semanas y la zozobra que ha generado el desarrollo del proyecto en las poblaciones aguas abajo, ha convertido a Hidroituango en uno más de los verdaderos desastres de la ingeniería colombiana. El proyecto refleja decisiones precipitadas, malos manejos de la información, fallas en la disposición del material vegetal extraído de la zona en donde el río se embalsa y, deficiencias en la construcción de los túneles de desviación. Estas son apenas algunas de las razones que convierten este proyecto en un desastre. Lo que pueda pasar en días, semanas y meses posteriores, se teme que pudiera ser catalogado como la peor catástrofe del país suramericano.

 

Origen del desastre

 

Si bien el origen del desastre se podría remontar a la licencia ambiental que dio vía libre al proyecto, la cual que carecía de los suficientes estudios geológicos y soportes técnicos para su otorgamiento, en ese orden de ideas, se podría citar la sabiduría popular que reza “lo que mal empieza, mal termina”.

 

Las consecuencias del otorgamiento de una licencia ambiental con dudosa rigurosidad no son novedad en el equipo de licenciamiento que en el año 2009 se encargaba de esa labor en el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Posteriormente, pasaron como equipo a la ANLA, Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, y en el mismo año fue otorgada otra licencia con unas consecuencias ambientales devastadoras para el río Magdalena, en el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo, al sur de la región andina.

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¿Qué pasó en Hidroituango?

 

Para poder construir el dique o presa que retiene el agua del río, embalsándola entre dos montañas, se requiere secar un tramo del mismo. Por lo cual, en los proyecto hidroeléctricos se construyen túneles de desviación para que el río continúe con su camino a través de las montañas y desemboque en su mismo cauce unos kilómetros adelante. Esto permite la construcción de la presa y al mismo tiempo se garantiza un mínimo caudal ambiental.

 

EPM (Empresas Públicas de Medellín), ejecutora del proyecto, inicialmente construyó dos túneles de desviación para el río Cauca. Sin embargo, por retrasos en las obras de construcción, se tomó la decisión de construir un túnel de desviación adicional a los dos que tenía en operación, con el doble de capacidad hidráulica. Esto aceleraría la construcción y posterior entrada en operación de la hidroeléctrica.

 

Por una extraña razón que ni la empresa, ni el gobierno han podido explicar aún, en febrero de este año se tomó la decisión, de taponar los dos túneles iniciales, dependiendo exclusivamente del tercer túnel para la desviación del caudal del río Cauca. Un río con más de 1300 kilómetros de longitud y con un caudal promedio cercano a los 1300 m3/seg, que gracias  a la emergencia alcanzó niveles nunca antes vistos por encima de los 2400 m3/seg destruyendo parte de uno de los asentamientos humanos de su rivera.

 

El 28 de abril inicia la eventualidad como producto del reporte de un incremento súbito en más de 1.5 metros en el nivel de las aguas del río, lo cual enciende las alarmas de la Cruz Roja y su plan de contingencia. Apenas dos días después, el 30 de abril, se registra un hundimiento adyacente al tercer túnel, el único en funcionamiento, generando su taponamiento, lo que ocasiona el incremento en el nivel del agua represada y amenaza con sobrepasar la presa, lo que algunos expertos aseguran que ocasionaría el posible colapso de la obra. Al  colapsar se generaría una ola de más de 26 metros de altura que se convertiría en una avalancha, arrasando con todo a su paso y poniendo en riesgo la vida de más de 130 mil habitantes aguas abajo.

 

Al subir el nivel del agua, es decir, iniciar el llenado del embalse antes de que la presa, que retiene ese gran volumen de agua, esté preparada para recibirla, y al no tener por dónde evacuarla, esto convierte, lo que ya era un desastre de proyecto, en una potencial catástrofe sin precedentes en Colombia.

 

Diez días después, cuando EPM ve que la situación de una catástrofe es inminente, decide inundar la casa de máquinas para evacuar el agua represada involuntariamente y así evitar que esta sobrepase la cresta de la presa derrumbándola.

 

La inundación de la casa de máquinas era uno de los peores y más inconvenientes escenarios económicos para la empresa, pues el costo de cada una de los equipos instalados, pero aún no preparados para entrar en funcionamiento, sobrepasa los 200 millones de dólares. No obstante, procurando evitar la catástrofe, decidieron inundarla y así perder más de 500 millones de dólares en equipos instalados e infraestructura.

 

Dos días después, el 12 de mayo, EPM informa del destaponamiento natural del túnel número dos permitiendo la salida de un inmenso volumen de agua incrementando el nivel del río Cauca a niveles nunca antes vistos e inundando el corregimiento de Puerto Valdivia arrasando con puentes, viviendas, escuelas y otro tipo de infraestructura, de manera milagrosa, evitándose la pérdida de vidas humanas.

 

Mientras tanto la empresa trabaja a doble marcha para lograr alcanzar la cota 410 Metros Sobre el Nivel del Mar, es decir, los 212 metros de altura y así poder usar el ‘vertedero de descarga’, compuertas que permitirían la evacuación del agua sin que esta sobrepase la presa ocasionando la catástrofe ya mencionada.

 

El 23 de mayo se alcanzó el objetivo y Colombia se impresionaba ante los videos en redes sociales de trabajadores en peligro, expulsiones de agua y aire a presión por los túneles y deslizamientos en la montaña que ponían en riesgo las vidas de los trabajadores que tuvieron que asumir, con el riesgo de perder la vida, las decisiones de los ingenieros que a todas luces fallaron en la planeación del proyecto.

 

Según declaraciones emitidas por Alejandro Franco, experto en temas hidráulicos y profesor de la facultad de Ingeniería de la Universidad de La Salle, al portal especializado Mongabay, la decisión de taponar los dos túneles iniciales “pasa por gerencia, si ellos no entraban a operar el 29 de septiembre de este año les empezaban a cobrar una multa. También es claro que alguien en el gobierno autorizó el llenado sin tener las obras terminadas. De eso nadie habla pero es el tema realmente importante. Con un río como el Cauca uno no juega”.

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Malos manejos ambientales

 

Cuando se desarrolla un proyecto hidroeléctrico, una de las acciones más importantes que se deben desarrollar para minimizar los impactos ambientales negativos es la eliminación de todo material vegetal del área que va a ser inundada. De no retirar todo el material vegetal, “al iniciar la inundación del embalse, este material empieza a descomponerse demandando grandes cantidades de oxígeno disuelto en el agua. De no retirarse la vegetación, el agua quedará en un estado que se le conoce como ‘anóxico’, es decir, en ausencia de oxígeno, lo que impediría el desarrollo de la vida subacuática de casi cualquier manifestación de vida, a este proceso se le conoce como la ‘eutrofización’. Cuando el agua carece de oxígeno y aún persiste material vegetal, en un proceso natural y espontáneo, se inicia la producción de ácido sulfídrico, que en mínimas proporciones en el agua, acaba con la vida de los peces, moluscos y otros animales y plantas subacuáticas, además de emanar olores nauseabundos similares a un huevo podrido”, afirma el limnólogo y profesor investigador de la Universidad Nacional de Colombia Santiago Duque.

 

La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, emite el 15 de mayo el Auto 02292 “Por el cual se efectúa un seguimiento y control ambiental y se toman unas determinaciones”. En él se consignan las observaciones y apreciaciones de la autoridad ambiental y se encuentra el nombre de la empresa contratada y encargada de hacer el correcto aprovechamiento forestal de la cobertura vegetal presente originalmente en el área que se va a inundar.

 

REFOCOSTA es la empresa contratada por EPM para hacer el aprovechamiento forestal del vaso de la represa, la misma que fue contratada por la empresa EMGESA para adelantar la misma labor en otro polémico proyecto hidroeléctrico, El Quimbo. El resultado es casi idéntico, REFOCOSTA en El Quimbo, “evito hacer el aprovechamiento total del material vegetal generando una afectación ambiental a las aguas del río Magdalena”, según lo afirma Carlos Alberto Cuellar Medina, director de la CAM, autoridad ambiental en esa región del país.

 

La misma empresa es nombrada no sólo para hacer el aprovechamiento forestal, también es nombrada en el conocido Auto de la ANLA, en la que dice que “a medida que pasan los días, el área embalsada continúa aumentando e inundando nuevas áreas que no fueron objeto del aprovechamiento forestal (…) Hay una gran área por debajo de la cota de inundación y hasta la ribera del río Cauca, que no fue objeto de la extracción forestal. En este sentido, hay una gran cantidad de biomasa en pie que quedó sumergida”.

 

Se agrega en el Auto que “En lugares muy específicos donde la empresa contratista del aprovechamiento forestal REFOCOSTA se encontraba realizado la extracción de la madera talada, ha quedado flotando parte de este material”.

 

“Del afán no queda sino el cansancio”, reza otro de los adagios populares en Colombia y en esta ocasión, más que el cansancio, quedan multimillonarias pérdidas económicas, sociales y ambientales y el desprestigio de todas las partes. La empresa EPM al tomar decisiones precipitadas, el contratista REFOCOSTA al, nuevamente, estar implicado en procesos que hacen dudar de su capacidad para adelantar labores de aprovechamiento forestal que minimicen los impactos ambientales negativos y el gobierno nacional por otorgar licencias ambientales, una vez más, sin la rigurosidad técnica, científica, jurídica y ambiental suficiente. Finalmente, y por supuesto, quedan las pérdidas irreparables para la reputación de la ingeniería colombiana ante el mundo por los repetidos, estrepitosos y sucesivos fracasos.

 

Latin American Post | Alberto Castaño
Copy edited by Marcela Peñaloza

 

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