El lamentable panorama sobre los líderes sociales asesinados en Colombia

En Colombia, cada 4 días es asesinado un líder social pero ¿cuál es la causa real que hay detrás de esta barbarie?

El lamentable panorama sobre los líderes sociales asesinados en Colombia

Se han presentado distintos hechos que atentan contra la consolidación de la paz territorial tras el proceso de transformación social que ha vivido el país a raíz de la firma de los acuerdos de paz entre las FARC y el Gobierno Nacional. Esta es una cuestión relacionada directamente con los temas del narcotráfico y la minería ilegal, mismos que han sido fuente de regulación social, masacres, genocidios y crímenes de lesa humanidad en contra de la población civil.

Contexto

Según un estudio realizado por el Centro Nacional de Consultoría y el Codhes, el 45% de los líderes sociales asesinados eran líderes comunitarios, el 23% étnicos y el 11% campesinos. El 57% de los homicidios ocurrieron en los municipios que hacen parte de las Zonas Más Afectadas Por el Conflicto Armado (ZOMAC) y del Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) en los departamentos de Cauca, Antioquia, Nariño, Norte de Santander, Valle del Cauca, Choco, Córdoba y Putumayo.

El panorama que vive el país actualmente tiene una trayectoria y un historial de muerte y resignación. Los líderes que han sido amenazados, vulnerados, estigmatizados y desplazados, tienen una característica común: son parte de procesos organizativos y de control territorial, tienen soberanía y gobernabilidad propia dentro de sus comunidades, con esquemas de seguridad propios como es el caso de la guardia indígena y la guardia cimarrona. Estos últimos utilizados como fuente de autoprotección debido a la falta de garantías que ofrece el mismo gobierno y a la ausencia del Estado en sus territorios.

En Colombia, los procesos de resistencia civil y/o cultural han venido fortaleciéndose a  través de los años respondiendo a las distintas estrategias de apropiación del territorio como disputa por el control territorial por parte no solo de grupos al margen de la ley, organizaciones delictivas, disidentes políticos, sino también del Estado y sus intereses económicos y políticos. Estod reducen esta problemática al conflicto armado en el país y fomentan la estigmatización a movimientos sociales, bajo el rotulo de organizaciones subversivas, todo ello, producto de las dinámicas ideológicas de poder.

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Impacto

Aunque las manifestaciones sociales realizadas en distintos lugares del país han presentado un panorama amplio del tema y han visibilizado la magnitud de este fenómeno, entre palabras revestidas de saber y conocimiento del entorno y el desasosiego producto de las inacabadas tramas conflictivas de la sociedad colombiana, la resistencia y el peligro continúan siendo parte de la vida cotidiana de los defensores de derechos humanos. La lucha por el control del territorio como fuente de vida y de subsistencia, pero sobre todo de resistencia, ha perpetrado el enfrentamiento entre empresarios, narcotraficantes, grupos armados y comunidades. Los líderes por impedir que el país retorne a la violencia son vistos como blanco de amenazas.

El hacer visible la problemática implica reconocer a los actores sociales que han vivido la violencia en Colombia y que han arriesgado su vida por defender la paz territorial del país. Esto lo hacen a través de la lucha popular y a partir de la reconstrucción de la memoria colectiva de las víctimas del conflicto armado con enfoque intercultural. 

Los líderes sociales continúan luchando día a día por mantenerse con vida y continuar su resistencia social contra aquellos que se alimentan de dolor, violencia, muerte y desarraigo. Los líderes continúan fortaleciendo los procesos de resistencia popular, en la construcción de sueños que en medio de la adversidad, de la muerte y de las amenazas permanentes, dejan atrás un entramado de relaciones sociales, formas de poder, contradicciones, luchas y resistencias. Todas estas manifestaciones de la sociedad colombiana permiten analizar el impacto de la guerra mediante el uso de la violencia, misma que sustenta condiciones de conflictividad dentro de las estructuras socioculturales del país y permiten pensar nuevas formas de contribuir a la construcción de la paz territorial.

 

LatinAmerican Post | Laura Nichols

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