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América Latina: La región en donde más se aborta

Con el resultado del referendo que permite el aborto en una de las sociedades más conservadoras del hemisferio occidental, el tema toma relevancia en el mundo por las posturas que se enfrentan

América Latina: La región en donde más se aborta

Irlanda reformará su Constitución tras la histórica victoria del referendo que buscaba legalizar el aborto. El 66,4% de los votantes aprobó la derogación de la Octava Enmienda, porción de la Constitución que proporcionaba derecho a la vida a los no natos, dándole el mismo estatus que el de la madre.

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Ese país, con una gruesa historia conservadora y católica, ha dado muestras en las últimas décadas de un cambio de paradigma más alineado con las tendencias políticas de Europa occidental. En la década de los noventa, Irlanda legalizó el divorcio, los anticonceptivos y descriminalizó la homosexualidad. Asimismo, en este siglo el país ha elegido un primer ministro abiertamente homosexual y aprobó el matrimonio igualitario.

Entre las razones del porqué de la liberalización del país, muchos apuntan a la pérdida de la influencia de la iglesia católica. De acuerdo con El País de España, el arzobispo de Armagh, Irlanda del Norte, Eamon Martin, reconoce que la religión no hace más parte de la identidad de los irlandeses. Esto podría explicar el cambio en políticas sociales de las últimas décadas.

¿Cómo es el panorama del aborto en América Latina?

Según el informe Abortion Worldwide 2017: Uneven Progress and Unequal Access, América Latina es la región en donde más se aborta. En Latinoamérica, 44 por cada mil mujeres incurren en un aborto, en comparación con otras regiones como África (34 cada mil) y Asia (36 cada mil).

Hay cuatro países latinos en donde el aborto está totalmente prohibido: El Salvador, Nicaragua, Honduras y República Dominicana. El caso de El Salvador es particular, pues hasta 1998 el aborto era permitido en caso de violación, malformación o riesgo para la vida de la madre. No obstante, el cambio del código penal en ese país revirtió la situación.

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Hasta el año pasado Chile hizo parte de la anterior lista, pero tras dos años de debates despenalizaron el aborto en las tres excepciones que El Salvador alguna vez permitió. Asimismo, en el resto de Latinoamérica hay medidas abortivas más o menos tolerantes, que como en Chile cuentan con excepciones para la práctica del aborto.

En América del Sur, todos los países permiten que se practique aborto a una mujer cuya vida se encuentra en riesgo.

Cuando el feto es producto de una violación, Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Venezuela tienen restricciones. Por ejemplo, en Argentina se puede interrumpir un embarazo producto de una violación hasta la duodécima semana de gestación y en Chile hasta la decimocuarta semana en mayores de 14 años.

En casos de aborto porque el feto tiene condiciones de malformación, una mujer podría solo hacerlo en Brasil, Chile, Colombia y Uruguay. No obstante, el caso chileno tiene la particularidad de solo permitirlo cuando es una condición letal para el feto.

Por su parte, en Uruguay se puede interrumpir un aborto si la mujer no tiene las capacidades económicas de mantener al eventual nacido.

En América Latina el aborto es completamente libre en Costa Rica, Cuba, Guyana y Uruguay, ya que en estos países existe el aborto a petición. Es decir, una mujer puede abortar sin tener que clasificar en alguna de las excepciones comunes.

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Pareciera que Latinoamérica se muestra como una región que tiene herramientas para disminuir los números de mujeres que mueren por abortos mal practicados en la clandestinidad, pero las cifras dicen lo contrario. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 4 abortos es inseguro en Latinoamérica. La región tiene muchas restricciones políticas, sociales y económicas que impiden que cualquier mujer se practique un aborto seguro.

El aborto no va a dejar de existir, por eso es fundamental garantizar opciones a las mujeres para que estas dejen de morir en las clínicas clandestinas. Criminalizar a las mujeres solo provoca una revictimización y no fomenta ni la responsabilidad sexual ni la reducción de los abortos.

 

Latin American Post | Iván Parada Hernández

Copy edited by Diana Rojas

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