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Estados Unidos: ¿Podrá haber paz en Afganistán?

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Después de más de 18 años y más de 2000 muertos, la guerra en Afganistán podría acabar si se cumplen los acuerdos correctos

Estados Unidos: ¿Podrá haber paz en Afganistán?

La guerra más larga que ha combatido Estados Unidos podría llegar a su fin. Lo anterior teniendo en cuenta las declaraciones de Donald Trump a mediados de diciembre del año pasado. Se trata de la guerra en Afganistán, en donde desde 2001 se combate contra las fuerzas talibanes que tratan de controlar el país.

Read in english: United States: Could there be peace in Afghanistan?

Como lo cuenta Hernán Burbano en la revista  Nova et Vetera de la Universidad del Rosario, la llegada de Osama Bin Laden a Afganistán en 1996 y su posterior ataque contra Las Torres Gemelas y el Pentágono llevaron a Estados Unidos a emprender una “guerra global contra el terrorismo”. A partir de este momento se iniciaron los ataques militares contra Al Qaeda y los talibanes en Afganistán, quienes debido a la fuerte presencia internacional fueron abatidos.

Sin embargo, los miembros pertenecientes a los talibanes se esparcieron por las áreas rurales de todo el país, y poco a poco volvieron a tomar el control político-militar de algunas zonas. Para Burbano, “a través de su presencia en diferentes vías de comunicación y el control de la producción, comercialización y distribución del opio y la heroína, los talibanes fueron adquiriendo gradualmente un mayor control político en determinadas zonas en donde han contado con apoyo de la población”.

De esta manera, los talibanes comenzaron a ganar fuerza y a representar un problema para Estados Unidos y la OTAN, organización que también había mandado tropas para combatir el terrorismo. No obstante, la llegada de los organismos internacionales generó una desestabilidad política que se mantendría a lo largo de la guerra.

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¿Se termina la guerra?

En los últimos meses, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump manifestó su deseo de retirar las tropas estadounidenses, alrededor de 14.000 soldados. En esta guerra, hasta agosto del 2017 y según El Mundo, se habían gastado 841 mil millones de dólares.

Dentro de las principales razones por mantener viva esta guerra se encuentra “la importancia geopolítica de Afganistán, las motivaciones bélicas de Estados Unidos y los presuntos recursos naturales del país”, según Telesur.

A pesar de lo anterior, la decisión obtuvo fuertes críticas e inclusive  la renuncia del ahora ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos, James Mattis. Para varios expertos, la decisión de Trump es apresurada y dejaría vacíos políticos, sociales y de seguridad en el país. De igual manera, la salida del conflicto se ve más como una determinación de Donald Trump de regocijarse por haber cumplido con sus promesas presidenciales que por la situación del país.

Para Trump, la política de “America comes first” se aplica al pie de la letra, y se refugia en sus declaraciones, pues afirma que “Estados Unidos pierde su tiempo cuando pretende ir a sitios lejanos a luchar en sitios lejanos” y que el papel de su país como “Abogado del mundo” no sirve más.

Sin embargo, las repercusiones para el pueblo afgano son mayores de lo que se cree, pues si bien ha sido la principal víctima de la guerra, con la salida de las tropas podría estar aún más en riesgo. Si las tropas estadounidenses salen del país, es probable que los talibanes recuperen el control de Afganistán, puesto que el gobierno de Ashar Gani se encuentra debilitado. De agravarse la situación, se podría llegar a dar una guerra civil. 

Por lo anterior, se ha expuesto que antes de que las tropas se retiren por completo, Estados Unidos debe crear una institución que cumpla una función clara y “que evite el resurgimiento del extremismo violento”, según el medio Vanguardia

Las conversaciones

Como parte de una pronta solución, tanto Estados Unidos como los talibanes y el presidente afgano acordaron establecer una mesa de diálogos ubicada en Rusia. Recientemente, el jefe negociador talibán Sher Mohammad Abbas Stanikzai exigió la creación de una nueva Constitución, pues la que existe actualmente “no es legítima”. De igual manera propuso que "la Constitución de Afganistán debe ser ratificada por los líderes religiosos y académicos afganos para que sea aceptable para el pueblo afgano", como lo recuerda Europa Press.

Ante esto, Ghani afirmó que para obtener el visto bueno tiene que pasar por la aprobación del Gobierno, ente que no participa en los diálogos de paz, ya que los talibanes no han aceptado sostener reuniones directas. Asimismo, Abbas Stanikzai afirmó que cuando las tropas se comiencen a ir del país “se dialogará con otras comunidades y fuerzas políticas para llegar a un acuerdo”. 


¿Escapatoria?

Hasta aquí queda claro que de darse una salida de las tropas, Trump estaría abogando a su beneficio propio y estaría pasando por encima de la falta de políticas que ayudan a regular la situación dentro de Afganistán. Además de combatir en la guerra, una de las funciones de los soldados estadounidenses es formar soldados para fortalecer el ejército afgano. Para poder continuar con lo anterior, es necesario que la salida se dé en un plazo largo de tiempo para poder garantizar que los afganos pueden hacerse cargo de su propia seguridad.

Así, para poder cumplir con unas reglas rigurosas de no dejar el país en una crisis y al borde de la desestabilidad política, es necesario que Trump organice instituciones que estén atentas frente a la posibilidad de una nueva guerra, o que los talibanes entreguen el país a manos de fuerzas de Al-Qaeda o al Estado Islámico.

Por lo pronto, se espera que en los próximos días una nueva reunión sea convocada para seguir discutiendo la situación política en Afganistán. Además, Donald Trump tendrá que ver cómo resuelve el problema con el Senado, pues una enmienda que critica la salida de las tropas ya que “el país afronta amenazas de grupos terroristas, poniendo así en peligro la nación” fue aprobada con 70 votos a favor y 26 en contra. 

 

LatinAmerican Post | Laura Viviana Guevara Muñoz

Copy edited Juan Gabriel Bocanegra

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