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Economía Naranja: la preservación de las industrias culturales en Colombia

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La economía naranja no solo le apuesta a incrementar el PIB de Colombia, sino que a su vez preserva la cultura al volverse un sector atractivo para inversionistas

Economía Naranja: la preservación de las industrias culturales en Colombia

De acuerdo con la UNESCO, las industrias culturales surgen a partir de la transformación de los modos en los que se piensa y se difunde la cultura; transformaciones que se produjeron a su vez por los avances tecnológicos y el cambio de papel a digital en los medios, lo que llevó a que la producción de objetos culturales y su circulación cambiara abruptamente.

Read in english: Orange Economy: the preservation of cultural industries in Colombia

Fue entonces que en los años 90 surgió el concepto de ‘economía creativa’, la cual comienza a entender la creatividad “como el motor de innovación, el cambio tecnológico y como ventaja comparativa para el desarrollo de los negocios”. Las industrias creativas pasan a tener el potencial para generar riqueza y empleo, y, gracias a su doble naturaleza, en ellas caben sectores en donde se produce tanto de manera industrial como a mediana y pequeña escala, manteniendo ambas formas las mismas dinámicas de mercado, promoción y difusión. Es decir, la cultura y la economía se vinculan para sostenerse mutuamente.

Es justamente esa la razón por la que un gobierno debería tener dentro de su agenda inmediata la vinculación de estos factores, pues se permite un crecimiento económico y la preservación de las identidades culturales.

Según la UNESCO, la definición de industrias culturales es: “Aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial”.

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¿La economía naranja puede ayudar a preservar las industrias culturales en Colombia?

La economía naranja es un concepto acuñado por Iván Duque, actual presidente de Colombia, y Felipe Buitrago, en su libro La economía naranja: una posibilidad infinita, en el que lo definen como un “conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual. El universo naranja está compuesto por: i) la Economía Cultural y las Industrias Creativas, en cuya intersección se encuentran las Industrias Culturales Convencionales; y ii) las áreas de soporte para la creatividad”.

La campaña del ahora presidente Iván Duque estuvo marcada por este concepto y de hecho es una de las bases más importantes de su gobierno con su premisa de “la cultura es de todos”

En Colombia, los sectores de las industrias culturales componen un casi 3% del PIB del país. Tan solo en Barranquilla, más del 50% de los ingresos para la ciudad vienen del Carnaval de Barranquilla, lo que es muestra de que este tipo de eventos tiene un fuerte impulso sobre la economía del país. El Gobierno debe velar por mantener este tipo de tradiciones y generar espacios para que se desarrollen nuevas formas culturales de mano de las nuevas tecnologías.

Pero no se puede quedar solo en este tipo de eventos que son mundialmente reconocidos, también es primordial velar por la preservación de identidades culturales que son menos conocidas, como lo vendrían siendo las indígenas y las menos privilegiadas.

Hasta el momento, el plan de Duque consiste en realizar estudios previos sobre estos sectores, su potencial, su valor añadido, sus necesidades y dificultades, y a partir de esto se buscan herramientas concretas con las que se pueda aumentar su potencial y cumplir con sus necesidades. Hay que tener en cuenta que esto lleva a fortalecer instituciones públicas y privadas, por lo que hay un constante movimiento no solo económico y cultural, sino también en otros sectores, como vendría siendo el educativo.

Lo anterior es muy importante, ya que si se quiere promover y preservar la cultura también se debe hacer desde el ámbito educativo, por lo que es necesario que desde el plan de educación en Colombia se genere en los estudiantes un pensamiento emprendedor y consciente de la importancia de la cultura del país.

La economía naranja ayuda a que las industrias culturales sean atractivas para grandes inversionistas teniendo un gran alcance y crecimiento. La cultura se expande, se monetiza bajo la protección de derechos de autor y, a su vez, se preserva el patrimonio cultural.

Es el momento para que este sector crezca de manera desorbitada, por lo que se debe trabajar con más esmero en, no solo formar una economía naranja, sino también formar la cultura para lo que viene.

 

LatinAmerican Post | Equipo editorial

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