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Bad Bunny o el todero musical

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El reguetonero cerró el Festival Viña del Mar y cantará también en el Sónar de Barcelona, ¿en dónde no cabe Bad Bunny?

Bad Bunny o el todero musical

El anterior viernes 1 de marzo Bad Bunny cerró el Festival Viña del Mar en Chile. Entre sus compañeros de cartel estaban los también reguetoneros Wisin y Yandel y otros artistas comerciales de América Latina como Raphael y Marc Anthony. El público lo recibió acogedor y aplaudieron y cantaron sus canciones. Tiene sentido, dado que este festival suele reunir a los artistas latinoamericanos más escuchados, pues es un festival que promueve los éxitos de radio y que le lleva a su público a los artistas más comerciales del continente. 

Read in english: Bad Bunny or how to do everything in the music world
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Bad Bunny, además, compartió escenario con Arcángel, también reguetonero y también puertorriqueño, y compartió en sus redes sociales que este sería uno de los artistas que le habría abierto paso en su carrera musical y que lo había introducido a la música. Bad Bunny se movió en el círculo del reguetón desde los inicios de su carrera, que lleva poco más de un par de años. En este sentido, queda claro que la música de Benito ha circulado siempre en el mismo circuito en el que circula la música de los otros artistas del Viña del mar: en la discoteca y en la radio. En términos de números, Bad Bunny no tiene nada que envidiarle a sus otros colegas como Marc Anthony, pues es en este momento uno de los artistas más escuchados en América Latina. Dado que el reguetón es sin duda uno de los géneros de moda en Amperca Latina, tenía sentido y a pocos sorprendió que el festival decidiera cerrar con Bad Bunny.

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Bad Bunny y el Sónar de Barcelona

La decisión que sí sorprendió fue la del festival Sónar de Barcelona de invitar a Bad Bunny. Distinto del Viña del Mar, el Sónar se ha vendido como el festival de música alternativa que promueve artistas nuevos sobretodo de la escena musical electrónica. Estos dos festivales, entonces, se mueven en circuitos musicales opuestos y le apuntan a públicos radicalmente diferentes. Sin embargo, en ambos cabe el nombre de Bad Bunny, ¿a qué se debe esto?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Por un lado, podría decirse que en España tal vez a Bad Bunny lo escuchan dentro de la movida del trap y no del reguetón. Es cierto, Bad Bunny hace trap. En América Latina el trap no es música alternativa, pues también se baila en la discoteca y se mueve dentro del circuito del reguetón. En España, en cambio, el trap se ha hecho su propio lugar, tal vez más cercano al rap. Sin embargo, esta sería una mala lectura de la música de Bad Bunny, pues incluso dentro del trap el puertorriqueño no está haciendo nada experimental ni alternativo, que es lo que se supone que promueve el Sónar.

Por otro lado, podría pensarse también que esta es una manera de arrastrar a un público nuevo al Sónar para que la audiencia que pueda atraer Bad Bunny pueda verse interesada en la música alternativa que reúne el festival. Aun así, de nuevo, esta sería una lectura errada también de este festival. Los festivales musicales, por definición, no son eventos aislados cuyas versiones funcionan independientemente. Los festivales musicales, en tanto eventos que se repiten año a año, buscan reunir y apuntarle a un público específico que les sea fiel, es decir, que asista una y otra vez. Esto funciona en ambas direcciones: el público le exige también al festival que le sea fiel. Para garantizar la fidelidad de un público, los festivales de música deben ganarse su confianza con la curaduría que hacen de su cartel. Así, el Sónar se ha hecho con el nombre del festival de música electrónica alternativa, y su público confía en él. En este sentido, invitar a Bad Bunny, el rey de lo comercial, el cantante que cierra Viña del mar, sería una decisión poco inteligente, pues sería, en cierto modo, traicionar a su público.

Podría detenerse uno acá también para pensar en qué medida invitar a Bad Bunny sí es traicionar al público del Sónar. Podría uno preguntarse, incluso, qué tan alternativo sigue siendo este festival. Desde una primera mirada, creo que invitar a Bad Bunny fue una mala decisión del Sónar, pues da a entender que su público no puede ya confiar en su curaduría, pues si Bad Bunny entra en la categoría de electrónica alternativa, entonces ¿dónde estarían dibujados los límites de cualquier festival y de cualquier género musical? Sin embargo, en una segunda mirada podría uno pensar tal vez que eso es lo que escucha ahora el público del Sónar, y que el reguetón se ha limpiado y blanqueado tanto al punto de caber también en la categoría de música experimental. Ya se verá en julio de este año y ya juzgará el público y el lector. Tal vez veamos perrear a quienes hace unos años renegaban del conejo malo.

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LatinAmerican Post | Juliana Rodriguez

Copy edited by Juan Gabriel Bocanegra

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