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Assange: sea héroe o villano, se le debe proteger

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La suerte del fundador de WikiLeaks ha suscitado opiniones divididas, pero para todos debería ser prioridad su protección

Assange: sea héroe o villano, se le debe proteger

La estadía del fundador de WikiLeaks en la embajada ecuatoriana en Londres llegó a un final abrupto la semana pasada, cuándo el presidente de Ecuador Lenín Moreno le revocó su ciudadanía y lo obligo a partir. Como era de esperarse, Julian Assange cayó inmediatamente en manos de las autoridades. Para el Reino Unido, y particularmente para sus aliados estadounidenses, Assange es un enemigo, un cabo que no puede quedar suelto.

Assange enfrenta un juicio en los Estados Unidos, bajo cargos de conspiración en contra del gobierno a causa de la filtración de cientos de miles de documentos clasificados del gobierno estadounidense. Se ganó la ira de la Casa Blanca al hacer público material audiovisual en el que soldados estadounidenses asesinaron civiles iraquíes desde un helicóptero militar.

Esos son los hechos, pero las interpretaciones varían. Para sus defensores, su arresto y persecución implican un ataque frontal a la libertad de prensa y sus publicaciones fueron una afronta necesaria a un gobierno turbio y despiadado. Para sus detractores, es apenas natural que se le capture y ajusticie, su irresponsabilidad puso en riesgo al Estado y a la población a la que este debe proteger, su libertad es un continuo riesgo para los Estados Unidos, los estadounidenses y sus aliados.

¿Cómo impartir justicia?

Al verle salir de la embajada ecuatoriana, visiblemente envejecido, las tensiones entre quienes ven en Assange un héroe y quienes lo ven como una amenaza llegaron a un punto álgido.

Quienes lo ven como un héroe argumentan que su encierro en la embajada fue injusto desde el principio, que se le debió permitir una correcta búsqueda de asilo y que la semana pasada, en vez de capturarle, se le debió por primera vez conceder ese permiso. Assange es después de todo, un campeón de la libertad de prensa, ganador de premios de periodismo como el Martha Gellhorn. También fue ganador del premio Sam Adams en 2010, otorgado por un comité de exagentes de la CIA a profesionales de servicios de inteligencia por su defensa de la ética y la integridad.

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No se puede encerrar y castigar a alguien por los mismos hechos que le merecieron estos y muchos otros premios, así como el respeto de un sector importante de la sociedad que vela por el derecho a la información, a la libertad de prensa y a un gobierno transparente.

Quienes lo ven como un villano, por su parte, argumentarán que puso la seguridad nacional de los Estados Unidos, y de todos quienes los habitan, en riesgo con su manejo irresponsable de información privilegiada y confidencial, que permanecía en secreto en aras de la integridad de un gobierno cuya responsabilidad es la de proteger a sus ciudadanos. Recordarán, además, los cargos que enfrenta en las cortes de Suecia por acoso sexual.

No se puede dejar en libertad a alguien que, por su falta de criterio en la diseminación de información confidencial, puso en riesgo la integridad de los Estados democráticos que investidos de legitimidad popular velan por la seguridad de su población.

Prioridad número uno: su seguridad

En lo que ambos bandos deben estar de acuerdo, sin embargo, es en que en este momento de tensión, proteger la integridad de Julian Assange debe ser lo más importante. Sin importar si se le quiere ver ajusticiado, o si se le quiere ver libre, verle sano y salvo es necesario.

Puede resultar obvio por qué sus acólitos lo quieren ver a salvo, pero sus detractores también tienen motivos de peso para hacerlo. El gobierno de los Estados Unidos no puede confirmar las sospechas que levantó el mismo Assange, que es un gobierno despiadado al que no le tiembla la mano a la hora de asesinar civiles, al desatar una venganza desmedida en su contra.

Finalmente, deben comprender que el futuro de las filtraciones y de los anarcohackers como Assange que buscan por la fuerza revelar la naturaleza secreta de los Estados, no depende de Assange. Hay cientos como él, incluso dentro de WikiLeaks, que continuarán en su lucha, y que sólo se verán motivados a redoblar esfuerzos si ven a un mártir en Assange.

Cuál sea que sea la fortuna de Assange, preocupa que la pena de muerte haya sido musitada desde ciertos sectores de la política estadounidense. Si bien el Reino Unido dio garantías en contra de este terrible desenlace, la última palabra recae sobre los Estados Unidos, que debe dar cuenta del peligro que enfrenta si no hace lo mismo.

 

LatinAmerican Post | Equipo Editorial

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