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Latam Booklook: 'Maus' de Art Spiegelman

Con dibujos de ratones humanizados y en un formato de novela gráfica, un hijo reconstruye los pasos de su padre judío en la segunda guerra mundial

Portada de “Maus” de Art Spiegelman

Portada del libro 'Maus' de Art Spiegelman / Composición LatinAmerican Post

LatinAmerican Post | Juan Gabriel Bocanegra

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¿De qué se trata?

Varios años después del suicidio de su madre, cuando su padre Vladek ya está viejo y casado con otra mujer, Art Spiegelman decide hablar sobre el Holocausto. Hablar no es el verbo correcto, más bien dibujar. O mejor, hacer viñetas con animales antropomorfizados que recrean lo que sucedió en el campo de concentración. Todo esto lo hace reconstruyendo las entrevistas que le hace a su padre entre 1972 y 1982, año en que este muere de insuficiencia cardiaca.

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La historia no solo recuenta el sufrimiento, angustias y traiciones que su padre vivió en los años de la guerra, sino también los momentos de astucia, solidaridad y resistencia que lo ayudaron a sobrevivir. Además, no solo vemos lo que sucede entre 1939 y 1945, sino también la relación tensionante entre Art y Vladek 40 años después. Vemos a Art acompañando a Vladek al banco, porque no quiere dejarle todo el dinero a su nueva esposa; peleando con él, porque quiere devolver al supermercado una caja de cereal casi desocupado para no botar las sobras. En otras palabras, Art muestra que, aunque es admirable que su padre haya sobrevivido a la guerra siendo judío, también es un viejo tacaño con quien es difícil lidiar. No lo victimiza, no vuelve su dolor en una redención.

Maus se divide en dos partes, de seis y cinco capítulos. En la primera, cuenta la vida antes de la guerra y los primeros años de Vladek y Anja, su madre, cuando lograron sobrevivir a las expropiaciones y a los guetos de judíos. En la segunda, ya los han capturado y se muestran sus vida en Auschwitz y otros campos de concentración.

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¿Quién lo escribió?

Art Spiegelman (1948) nació en Estocolmo, país al que sus padres llegaron buscando trabajo después de la guerra, pero se crió y estudio en EE.UU. después de que ellos lograran migrar. Allí hizo toda su carrera, primero como diseñador de Topps Gumms y luego como novelista gráfico, editor y colaborador de revistas como The New Yorker, Playboy y The New York Times.

Maus es su obra más reconocida, que no solo le dio un giro al mundo editorial, sino también a la manera de hablar sobre el trauma de la guerra. Publicada originalmente por entregas en la revista Raw, fundada por él y su esposa en 1980, esta novela gráfica rompió con el estigma sobre los comics, que eran relegados a temas infantiles y superficiales, como en la época se pensaba que eran los superhéroes.

Cuando se publicó en libros que recopilaban ambas partes, Maus se tradujo a más de 15 idiomas y, en 1992, se le otorgó el premio Pulitzer. Hasta el momento, ha sido el único comic que ha logrado este prestigioso premio.

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¿Lo leo o no?

Maus es una gran obra no por el tema que trata, los horrores de la segunda guerra mundial, sino por la forma en que construye la historia. Por un lado, la elección de hacerlo en formato de comic le da un matiz alejado del realismo con el que suele tratarse los sufrimientos y, por otro, el constante cambio temporal cambia el enfoque de crónica con el que solía recontar los sucesos del Holocausto.

No hay mucha sangre, ni rostros demacrados y purulentos, ni cuerpos muy sucios y  famélicos; hay solo principalmente ratones, gatos y cerdos, que representan a los judíos, nazis y polacos respectivamente. Contrario al realismo inherente a este tipo de experiencias, Spiegelman decide tomar distancia del exceso en el dolor dibujando animales con cuerpos humanos. Estos tienen muy poca expresividad y rasgos característicos, tanto así que si no fuera por la ropa sería difícil diferenciar un personaje del otro sin la ayuda de la viñetas de texto. Este rasgo involucra al lector de otra manera por la distancia que propone frente a los personajes. Esto no significa que se pueda ver el sufrimiento de manera objetiva, sin una empatía, pero sí que el lector logre procesar tanta masacre y dolor a través de un filtro ficcional, lo que se podría decir que provoca una reflexión más amplia sobre todos las consecuencias de la guerra.

Asimismo, al no ser solo una crónica o un testimonio de las vivencias de Vladek y la precariedad que vivió, sino la reconstrucción de una memoria desde la visión del hijo, el libro se convierte más en una reflexión sobre la memoria del sufrimiento que del horror de la guerra como tal. ¿Cómo recordamos la violencia?¿Es posible revivir el trauma sin consecuencias?¿Entre más detallada sea una descripción más cercana está al hecho real?¿Qué se omite y que se guarda de manera más preciada? Estas son unas de las preguntas que surgen de la narración en distintos tiempos, los años 40 y los años 80, que maneja esta novela gráfica.

En ese sentido, como lectores, nos enfrentamos no tanto a la narración de lo que este judío sufrió, sino a cómo él recuerda unos años que ha intentado sacar por años de su cabeza, hasta que su hijo le pide revivir el trauma. En un fragmento de la segunda parte, la esposa de Art, Françoise, le dice que “Antes me mato que pasar por eso (…) Todo por lo que Vladek ha pasado. Es un milagro que haya sobrevivido”, a lo que Art responde “Si, pero en cierto sentido no ha sobrevivido”. ¿Sobrevivir es solo estar con vida después de la guerra o lograr vivir con los recuerdos de tanto dolor?

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