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En esta nueva era de la NBA, los negocios mandan

Atrás quedó la era de los ‘súper equipos’ que los Warriors encabezaba. Hoy en día para ganar hace falta un negociante astuto

un estadio de la NBA

LatinAmerican Post | Pedro Bernal

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Los últimos 15 años del baloncesto profesional de la NBA fueron dominados por los ‘super equipos’. Desde los Boston Celtics de Garnett, Pierce y Allen hasta los Warriors de Curry, Durant y Thompson, para ganar hacían falta tres o cuatro superestrellas. El triunfo de los Raptors durante la temporada pasada, así como los movimientos de jugadores que se han dado en la más reciente agencia libre, demuestran que las cosas han cambiado.

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Toronto ganó el campeonato con una sola superestrella, Kawhi Leonard, rodeado de un excelente personal de apoyo. Sin embargo, por fuera de las canchas estaba una figura igualmente importante para traer el primer trofeo de la NBA a Toronto: el GM o ‘general manager,’ Masai Ujiri.

Ujiri nació en Nigeria de padres ingleses y trabajó como entrenador de baloncesto juvenil hasta que unos ejecutivos del Orlando Magic le ofrecieron un puesto como ‘scout’, pero sin remuneración económica. De ahí pasó a Toronto por primera vez, donde trabajó un tiempo como reclutador de talentos global. Fue en Denver, con los Nuggets, en donde se hizo notar, después de que ganó en 2013 el premio al ejecutivo del año por su trabajo de reconstruir al equipo para llevarlos una vez más a los playoffs.

El éxito de los Raptors parte de los negocios

Ese mismo año, Ujiri llegó a los Raptors de nuevo bajo el título de vicepresidente ejecutivo y GM, con un salario de US$ 15 millones por sus servicios y con la misión de ganar un título de la NBA. Tomó tiempo, pero bajo su liderazgo empezaron los años más prósperos de la corta vida de los Raptors hasta el momento.

Durante los primeros años de Ujiri en este cargo, Toronto contaba apenas con dos estrellas menores en su equipo, DeMar DeRozan y Kyle Lowry. Aun en desventaja frente a los contendientes de la liga, Toronto llegó a los playoffs en seis temporadas consecutivas, algo que sólo habían hecho cinco veces en la historia antes de la llegada de Ujiri.

El único equipo canadiense de la liga logró esto por medios radicalmente diferentes a los de otros equipos dominantes de la época como los Golden State Warriors o el Oklahoma City Thunder, que alineaban a tres o más superestrellas para aplastar a la competencia. Ujiri demostró que ese no era su estilo.

Hay que encontrar el balance entre jugadores jóvenes y veteranos, entre estrellas y All-Stars, es en realidad un trabajo de equipo. Y después, también vas a necesitar suerte”, declaró Ujiri para el portal Fortune.

En el 2018 con DeMar DeRozan, Toronto fue bueno, sí, pero faltaba el título. Para alcanzarlo, otros directores deportivos o GM optarían por complementar a DeRozan con otra estrella. En esa época, pudieron haber hecho avances por jugadores como Paul George o DeMarcus Cousins, pero lo que hicieron tomó por sorpresa a la liga.

Enviar a DeRozan a San Antonio a cambio de Kawhi Leonard fue atípico, pero encajaba en el molde de Ujiri, que estaba convencido de necesitar una sola estrella, sólo que tenía que ser la correcta. Leonard tiene más aptitudes defensivas que DeRozany y puede neutralizar a grandes jugadores con su presión, algo que hizo a la perfección contra el jugador más valioso de la liga, Giannis Antetokounmpo, en la final de la conferencia.

Si sumamos al éxito de Ujiri como negociante y estratega la decisión de Toronto de aliarse con el rapero canadiense Drake, quien adelantó exitosas labores de marketing, además de atender a los medios para mantener a los jugadores fuera de los reflectores, queda claro que el éxito de Toronto en la última temporada nació en las oficinas y salas de juntas, pero se manifestó en la cancha.

Rompiendo la hegemonía

Para la temporada entrante, el éxito dispruptivo de los Raptors cambió la forma de alcanzar el éxito. La astucia durante la agencia libre debe ser clave, se debe pensar más allá de colmar un equipo de estrellas y más bien conformar una unidad con química y balance. Además, es necesario tener la disciplina financiera para jugar con las reglas del tope salarial de la NBA para armar el mejor equipo posible sin exceder la cuota permitida.

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Aquí entran los Clippers de Los Ángeles y su nuevo dueño Steve Ballmer. Los Clippers nunca han ganado un campeonato y vienen de unos cuantos años de decepción desde la partida de su estrella Blake Griffin. Ballmer y el GM del equipo, Michael Winger, sabían que tenían que jugársela por algunos de los grandes jugadores con su futuro en la balanza, entre los que estaba de nuevo Kawhi Leonard, ya contemplado como candidato para mejor jugador del mundo.

En la misma ciudad, los Lakers estaban armando un super equipo en el molde de los Warriors. Esperaban asegurar a Leonard con el fin de juntarlo con LeBron James y el recién llegado Anthony Davis. Esto hubiese significado que tres jugadores en contienda por ser el mejor del mundo se encontrarían en un solo equipo, con la posibilidad de barrer a la competencia.

Para romper la hegemonía de Golden State y para evitar una nueva de los Lakers, prometieron a Leonard que no estaría sólo, por lo que trajeron a Paul George de Oklahoma City, quien viene de varias temporadas seguidas como uno de los mejores de la liga y convencieron a Leonard de unirse a este nuevo proyecto.

Ahora, el talento de primera categoría no está concentrado en un puñado de equipos como hace apenas un par de años. De forma realista, se pueden ver unos ocho o diez candidatos al título, algo que no se había visto en esta década. Ballmer selló lo que inició Ujiri: el comienzo de la era de los negocios en la NBA, una con más paridad en la que se puede aspirar al título con apenas un par de jugadas astutas en la agencia libre.

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