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Adiós a los estándares de belleza

Lo que antes se veía como defecto es ahora donde se encuentra lo más valioso; lo diferente ya no es visto como malo sino, por el contrario, como un atractivo.

Mujer sosteniendo una cinta métrica al rededor de su cintura.

Mujer sosteniendo una cinta métrica al rededor de su cintura. / Foto: Pixabay - Imagen de referencia

LatinAmerican Post | Natalia Isaza Chavarría

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Read in english: Saying goodbye to beauty standards

Empiezo esta columna preguntándome por estas tres palabras que tanto hemos escuchado en el mundo de la moda y la publicidad, ¿Quién crea estos estándares? ¿Quién los aprueba? ¿Quién los modifica? ¿El mercado? Bajo parámetros de no sé quién, muchas mujeres se han menospreciado a sí mismas, porque en esta cultura materialista y superficial hemos creído que unas medidas o unos patrones definen nuestro futuro. 

Bajo esa falsa premisa, muchas mujeres se han sometido a exhaustivas dietas y ejercicios o finalmente a diferentes operaciones que más que fisurar el cuerpo, fisuran el autoestima, porque se espera que con esas múltiples modificaciones se logre una mayor aceptación en el medio, pasando por encima de la propia.

Sin embargo, me invade una inmensa felicidad al ver como cada vez más esos estereotipos “perfectos”, de cuerpos delgados, marcados tipo reloj de arena, se van desvaneciendo, dándole paso a lo natural, a la belleza sin modificaciones, entendiendo que lo que se creía que eran defectos es ahora donde se encuentra lo más valioso, lo diferente. 

Aquí juega un papel muy importante el apoyo mutuo, la sororidad y la hermandad.

Esto también me alegra el alma, puesto que cada vez encuentro más grupos de mujeres apoyándose entre sí, en lugar de estar compitiendo todo el tiempo, como se creía que debía ser, por las miradas, los mejores cuerpos, la mayor aceptación y muchas otras cosas que se pensaban eran lo que medían el éxito de una mujer. 

Ahora estamos en una era donde destrabamos tabúes, donde los triunfos van más allá de cumplir con requisitos impuestos. Donde mujeres con senos pequeños, piernas y caderas anchas, calvas, con dientes separados, entre muchas otras características que no nos hacen ni más ni menos, están marcando tendencia; se están robando todas las miradas y todos los contratos, siendo de las más cotizadas por grandes diseñadoras y diseñadores. 

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Para dar algunos ejemplos, está la modelo colombiana Elena Diaz, quien se pavonea en campañas publicitarias, con amor propio, exponiendo sin pena sus curvas salidas de los estereotipos. También están aquellas y aquellos andróginos como el colombiano Dave Castiblando, que rompen cualquier tipo de estereotipo jamás pensado, o como la brasileña transgénero Lea T. Todas y todos ellos llegaron arrasando y demostrando que en la aceptación de la diferencia es donde se encuentra la real belleza. 

Estas modelos son inspiración para aquellas que siguen pensando que ser 90-60-90 es lo que necesitan para llegar al mundo de la moda o el modelaje, inspiraciones para dejar de reproducir bellezas para el consumo y empezar a producir más bellezas para nosotras mismas, bellezas más saludables, que nos nutran como seres, no como productos de exhibición. 

El punto de quiebre está en la aceptación propia, en el amor a nuestro cuerpo y a nuestras diferencias. De ahí parte todo y ahí es cuando empezamos a exteriorizar nuestro poder y nuestras capacidades más allá de una belleza simétrica, dejando de lado el buscar encajar y mostrándole al mundo que “no se trata de tener derecho a ser iguales sino de tener igual derecho a ser diferentes”.

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