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ISIS: mucho más que un blanco militar

Donald Trump anunció en la mañana del domingo que el líder del Estado Islámico se había quitado la vida en medio de una operación militar de EE.UU en Siria

Abu Bakr al-Baghdadi, también conocido como Califa Ibrahim, dirigiéndose a los fieles musulmanes en una mezquita en Mosul.

Abu Bakr al-Baghdadi, también conocido como Califa Ibrahim, dirigiéndose a los fieles musulmanes en una mezquita en Mosul. / Foto: al-Furqan Media / AFP / Getty Images, ARCHIVO

LatinAmerican Post | Juliana Suárez

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Abu Bakr al Baghdadi era “el hombre más buscado del mundo” desde hace más de cinco años. Con la mayoría de sus líderes capturados, al Baghdadi respresentaba un reto para las operaciones militares en contra de este grupo al que años atrás Estados Unidos le declaró la guerra.

En una rueda de prensa el domingo 27, Donald Trump afirmó que “anoche, Estados Unidos le trajo al terrorista número uno del mundo a la justicia. Abu Bakr al Baghdadi está muerto”. El líder murió en medio de una operación militar llevada a cabo por el gobierno de Estados Unidos y éste detonó un chaleco explosivo cuando se vio “en un tunel sin salida”.

El presidente estadounidense aseguró que captutar al líder y fundador del Estado Islámico, vivo o muerto, era el prioridad número uno de Seguridad Nacional en su administración. Por lo mismo, el hecho ha sido catalogado como un triunfo para Estados Unidos y su gobierno.

Según la versión oficial, 11 menores fueron sacados del lugar en donde ocurrió la operación y están sanos y a salvo. Sin embargo, al Baghdadi llevó a 3 de sus hijos con él y murieron cuando detonó el chaleco.

Este hecho llega en un momento crítico para Siria, pues días antes Estados Unidos había anunciado que retiraría sus tropas de la frontera con Turquía, en donde protegía a los kurdos de ataques kurdos. Lo que llevó a ataques del gobierno de Turquía hacia este grupo étnico que, para Erdogan y su gobierno, son terroristas. Lo anterior causó la muerte de cientos de personas civiles y llevó a un posterior cese al fuego temporal, en el que se encuentran en este momento. 

De esta forma, la acción militar de Estados Unidos en un momento crítico llega como una mensaje, no solo para la organización ISIS sino a los conflictos geopolíticos de la zona.

Sin embargo, la fuerza y presencia militar de ISIS no era tan grande como lo fue años atrás. En su momento, el grupo presentaba una amenaza para muchas Naciones, territorios y, sobre todo, personas civiles. De ahí la razón por la que Estados Unidos con sus aliados (como los Kurdos), decidió declarar una guerra directa al terrorismo del Estado Islámico.

Gracias a las alianzas, muchos de los líderes se encontraban en el poder de los kurdos. Esta coalición, que también incluye a Siria, Iraq y Rusia, trabajó en conjunto para eliminar a ese enemigo en común, cada uno con sus propios intereses de por medio.

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Pero el poder de grupos como ISIS va más allá de una presencia militar fuerte en los territorios. Para la analista geopolítica colombiana Maria Paula Velandia, ISIS representa un problema mucho mayor y que no se puede solucionar con ataques militares. Por lo tanto, la muerte de al Baghdadi, si bien es un golpe mediático y un impulso para la política guerrerista de Donald Trump, no crea un impacto suficiente en lo que representa el grupo armado.

“La muerte de un objetivo militar, ya sea de ISIS o de otro grupo, no es suficiente, el hecho de que muera al Baghdadi no quiere decir que no tenga reemplazo”, dice Velandia, "a partir de esto es posible incluso que empiecen a hacer ataques terroristas para demostrar que siguen 'vivos' como organización".

Sin embargo, estratégicamente y políticamente sí es una victoria, especialmente para la lucha contra el terrorismo, que es bandera de Estados Unidos. De manera que la muerte del líder sirve como una imagen positiva para los países aliados en esa lucha.

Pero el Estado Islámico es mucho más que un objetivo militar, razón por la cual el desmantelamiento de la organización difícilmente llegará con operaciones de inteligencia como la que realizó el gobierno de Trump durante el fin de semana.

La ideología y las creencias hacen que este tipo de grupos sean prácticamente indestructibles, por lo que un cabecilla solo se reemplaza por otro y el funcionamiento sigue, pues el fin es mayor. "Los ataques terroristas al fin y al cabo logran unir a muchos adeptos que piensen similar y tengan las mismas creencias, por lo que acabar con el líder no logra acabar con el problema", afirma la analista.

Si bien el Estado Islámico se originó y tuvo su mayor presencia en Siria e Iraq, el componente ideológico permite la facilidad de crear células en lugares apartados de las bases principales. El reclutamiento en este tipo de grupos es constante y la muerte del líder puede significar una oportunidad para ellos de fortalecerse y comenzar a reclutar cada vez más personas.

Por su parte, la figura de Estados Unidos como gran enemigo y todo lo que representa Donald Trump en la guerra contra el terrorismo, hace que estos grupos busquen fortalecerse aún más. Por lo tanto, si bien el operativo deja mediáticamente bien parado a este país como la potencia militar que ha sido durante años, también despierta nuevamente la lucha de un grupo que es muy sensible a esos temas.

Para Maria Paula Velandia, quien se ha enfocado en estudiar y analizar la injerencia de Rusia en temas de Europa y Medio Oriente, afirma que "actualmente, la verdadera razón política de esta zona en la que la comunidad internacional debe poner la mirada es la lucha entre kurdos y turcos: ver quién va a consolidar Siria, siendo éste un punto fundamental tanto para Rusia como para Estados Unidos".

La importancia geopolítica de Medio Oriente hace que el conflicto sea difícil de acabar. Es por esta misma razón que un solo conflicto tiene tantos actores e intereses yuxtapuestos. Mientras esto ocurra, grupos de este estilo, sin importar el nombre o el líder, pueden aprovechar inestabilidad política y social para consolidarse.

A simple vista, la muerte del líder, y las condiciones en las que se dieron, son un triunfo para la política militar de Estados Unidos. Sin embargo, a fondo el conflicto persiste y es éste el que ha cobrado vidas inocentes en países vulnerables como Siria. “Es un juego de posiciones y de actores que nunca se va a acabar, especialmente por el posicionamiento geopolítico que tiene Estados Unidos”, termina Velandia.

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