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¿Por qué están matando a los líderes sociales en Colombia?

No hay que ser un genio para notar que al Estado le importa más conocer las cifras de líderes sociales muertos que identificar a los responsables.

Mujer lleva cartel con los nombres de los líderes de derechos humanos que han sido asesinados en Colombia.

El asesinato de líderes sociales es cada vez más frecuente en Colombia. / Foto: REUTERS / Luisa Gonzalez - Archivo

LatinamericanPost| Julieta Gutiérrez

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Read in english: Why are they killing social leaders in Colombia?

Mientras caminaba a través de un laberinto de calles estrechas, muros mojados y casas antiguas; en el que un pueblo mestizo fue sometido por la aristocracia española durante muchos años y que hoy conocemos como la Candelaria en la ciudad de Bogotá; me preguntaba ¿Por qué los grupos armados que han existido en Colombia han optado por callar con un silencio eterno a todo aquel que intente buscar un bien colectivo? ¿Por qué nos hemos convertido en los asesinos de nuestra propia historia, de nuestra propia identidad?

¿Quién mató a María del Pilar Hurtado? Una mujer con vocación de transformación social que ejecutaron a sangre fría frente a sus hijos el año pasado. ¿Quién mató a Luis Soto? Un líder social que fue asesinado en su casa mientras guardaba la cuarentena durante la actual pandemia del covid-19. ¿Quiénes son los responsables de las inaceptables muertes a más de 400 líderes sociales ejecutados durante los últimos 3 años?

“Los caparrapos”, provenientes del municipio Caparrapí Cundinamarca; el ELN, los herederos de las FARC, las antiguas “Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)”, que hoy se hacen llamar las “Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC)” o el “Clan del Golfo”; porque como dijo el líder social Andrés Chica, en una entrevista para la revista Semana, “Los paramilitares siguen existiendo, se transforman y cambian de nombre, pero ahí están”. Y “las Águilas Negras”.

Un grupo armado que, aunque la Dirección de Inteligencia de Policía (DIPOL) asegure su inexistencia desde hace años, miles de panfletos con amenazas a caudillos sociales son firmados con ese nombre. Y de acuerdo a Camilo González Posso, Director del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), el nombre de “Águilas Negras” se ha convertido en una razón social que utilizan diversos grupos armados.

Entonces, al existir tantos panfletos de amenazas firmados como “Águilas Negras”, que en realidad podrían venir de cualquiera se crea una desinformación que finalmente no llega a ningún lado.

Además, ¿Por qué el Gobierno colombiano no ha reaccionado a las tempranas alertas de los posibles atentados contra los líderes sociales? ¿Cuál es el terrible delito que estos seres humanos (afrodescendientes, sindicales, campesinos, abogados de derechos humanos, población LGTBI e indígenas) han cometido para que sean extorsionados, amenazados y ejecutados a diestra y siniestra sin ningún tipo de control?

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Defender los derechos humanos, denunciar la corrupción, detener la minería ilegal, luchar para obtener la restitución de las tierras e ir en contra de los cultivos ilícitos, son los “delitos” de los cuales han sido acusados por los diferentes grupos armados.

Y para mirar esta situación con más cercanía, mientras caminaba por esas calles históricas, más me acercaba al lugar donde realizaría una pequeña entrevista a un personaje que había enfrentado a todo grupo armado con tal de recuperar las raíces de su pueblo Inga en Aponte Nariño o, así como él también lo llamaba (con su verdadero nombre), Tamabioy.

Hernando Chindoy, un portavoz de vidas

Chindoy vivía por obligación con la guerra respirándole en la nuca, porque en aquel resguardo indígena ubicado al sur de Colombia llamado Aponte o mejor dicho Tamabioy, no había día en que no le quitaran la vida a alguien. "Mataban al frente de la iglesia, al frente del colegio, en la plaza, al frente de la escuela y eso acumula mucha rabia”.  Esto porque desde aproximadamente del 86 al 2002 se vivió una incesante violencia por parte de los diferentes grupos armados a causa de los cultivos ilícitos de amapola.

Así que en ese entonces el joven Chindoy, de 25 años,  decidió dejarse llevar por el furor de su juventud para comenzar una enorme lucha en contra de todo grupo armado (paramilitares, militares, policías y guerrilleros) que a punta de terror y sangre habían invadido las tierras de Tamabioy por el cultivo ilícito de amapola. “Como joven lo que hago es generar una especie de alianzas internas y valerme mucho de ese dolor acumulado que hay en esos padres que habían perdido a sus hijos”.

Y es que en medio de esta batalla ya no se podía confiar en nadie, pues inclusive las autoridades oficiales también hacían parte de la corrupción. “Íbamos a la policía a que nos diera su apoyo, pero luego nos enterábamos que el comandante tenía nexos con paramilitares y estaba judicializado”.

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Así que el joven Chindoy y los suyos, decidieron emprender un viaje en busca de pueblos vecinos (en términos culturales), específicamente del pueblo Siona, un pueblo que vive más abajo de Puerto Asis Putumayo, para reunir la fuerza suficiente y encontrar la manera de recuperar la libertad de un pueblo que la ambición de muchos se había robado. “Ellos nos enseñaron los valores de enfrentar a la guerrilla, de darle 8 días para que abandone el territorio. Porque habían entrado sin pedirnos permiso, matando a la gente. Igual también hicimos lo mismo con el paramilitarismo y con el tema del ejército y la policía”.

Y por medio de los parlantes de la iglesia, aprovecharon las misas para emitir el mensaje de abandonar el territorio en 8 días a todo grupo armado. Y con la unión de todo el pueblo, en el 2003 lograron el primer acuerdo para erradicar la amapola. Sin embargo, ese logro no fue sencillo pues en varias ocasiones el líder Chindoy sufrió atentados. “Las balas daban en los muros y afortunadamente no me pasaba nada”.

Así, gracias al cuidado de su gente, sus guardianes y su fuerza espiritual, Hernando Chindoy continúa luchando y ganando guerras contra la violencia y los cultivos ilícitos, con uno de sus proyectos llamado “Wasikamas” que significa guardianes de la tierra. Porque sin duda los líderes sociales son guardianes y representantes de un pueblo con necesidad de justicia.

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