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El alerce: testigo de una evolución climática de más de 3000 años

Este árbol de la Patagonia argentina y chilena, crece en el bosque valdiviano y puede alcanzar los 50 m de altura, 4 m de diámetro y 3000 años de edad.

Bosque de árboles Alerce

Este tipo de árbol puede durar hasta 3000 años. / Foto: Pixabay

LatinamericanPost| Juan Manuel Bacallado

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Características del alerce y distribución en la Patagonia

El alerce pertenece a la familia de la cupresáceas, y es una de los árboles más longevos del mundo. Se desarrolla sobre suelos húmedos, con lluvias anuales de más de 2000 mm, asociado con especies como el ciprés de las guaitecas, el maniú hembra y el coihue.

Según WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) de Chile, “el alerce es una conífera endémica de los bosques subantárticos sudamericanos, desarrollándose en forma discontinua entre los paralejos 39º50´ y 43º30´de latitud sur, principalmente en Chile y en menor proporción en sectores adyacentes en Argentina". De acuerdo con el informe Algunas Especies que se encuentran en Peligro (mayo 2020) de dicha organización ambiental, "actualmente quedan unas 260.000 ha de bosques de alerce, menos de la mitad de la superficie que originalmente existía".  

Importancia de la especie y estado de conservación

En virtud de su longevidad y su lento crecimiento, el estudio de los anillos de crecimiento (Dendrocronología) del alerce permite analizar el clima de otra época, la actividad volcánica, y otros factores ambientales. “Investigaciones recientes de este tipo en alerce (Fitzroya cupressoides), han permitido realizar reconstrucciones de temperatura para los últimos 3.620 años, y han demostrado que el alerce es la segunda especie más longeva del planeta” (Alerces, testigos milenarios del clima planetario, revista Ambiente y Desarrollo, Chile, 1994).

Para su protección, el alerce ha sido incluido en el Apéndice I de CITES (sigla en inglés correspondiente a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres). Según la Lista Roja de especies amenazadas de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), el alerce se encuentra En Peligro, y su población es decreciente.

Por Decreto 490 de 1976, el Ministerio de Agricultura de Chile declaró al alerce Monumento Natural. El Senado de la Nación Argentina, por su parte, lo declaró Monumento Natural en 2016, sobre la base del artículo 8 de la Ley 22351 de Parques Nacionales, que establece: “serán Monumentos Naturales las áreas, cosas, especies vivas de animales o plantas, de interés estético, valor histórico o científico, a los cuales se les acuerda protección absoluta”.

Las principales amenazas al alerce han sido la explotación de su madera, y los incendios destinados a abrir campos de pastoreo en el bosque, y a explotar los árboles muertos a consecuencia del fuego. La ganadería también ha afectado a la especie: “el ramoneo por fauna nativa o ganado exótico de ambas especies afecta los renovales de hasta 1,5 m, así como las ramas bajas de individuos más altos” (Arquitectura del alerce y del ciprés de las Guaitecas, Javier Grosfeld, CONICET -Centro Científico Tecnológico Patagonia Norte-, Bariloche, Argentina).

Debido a que la madera de esta especie es casi imputrescible, se la ha utilizado para la construcción de embarcaciones y de viviendas en el sur de Chile, y en especial para el desarrollo de tejuelas (un tipo de tejas hechas a través de cortes longitudinales de la madera). Estas tejuelas, una suerte de escamas de pez que recubren las construcciones de madera, son características de las Iglesias del archipiélago de Chiloé, Chile, que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en el año 2000.

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Bosques de alerce en áreas naturales protegidas

Varias áreas naturales protegidas deben su nombre a esta especie: el Parque Nacional Alerce Costero y el Parque Nacional Alerce Andino, ambas de CONAF (Corporación Nacional Forestal), Chile, y el Parque Nacional Los Alerces, Argentina, declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 2017.

En su sitio de Internet, la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) consigna que “el Parque Nacional Los Alerces, en Argentina, ha sido inscrito en la Lista de Patrimonio Mundial siguiendo la recomendación de la UICN, órgano consultivo oficial sobre naturaleza para el Comité de Patrimonio Mundial. Este lugar protege a algunas de las últimas porciones de Bosque Patagónico y alberga al alerce patagónico, la segunda especie de árbol viviente más longeva de la Tierra, y que se encuentra en peligro de extinción”.

Otras áreas naturales protegidas también brindan cobijo a la especie, aunque no lleven su nombre. La CONAF de Chile expresa que “el Parque Nacional Pumalín Douglas Tompkins fue creado el 28 de febrero del 2018 mediante el Decreto n.º 28 del Ministerio Bienes Nacionales. En el año 2005, siendo un área protegida privada, fue declarada Santuario de la Naturaleza, según Decreto Exento nº 1.137 del 18 de agosto del 2005 del Ministerio de Educación”. CONAF añade, en su sitio sobre este parque, que el mismo “posee bosques de alerce, especie amenazada y protegida como monumento natural y especies forestales existentes como: luma, tepa, canelo, tineo, tiaca, coigüe de Chiloé, coigüe de Magallanes, ulmo; olivo y mañío macho”. Este parque tiene la particularidad de que sus tierras fueron donadas por Douglas Tompkins, un filántropo norteamericano que también cedió tierras al gobierno de Argentina para crear el Parque Nacional Iberá, refugio del humedal más grande de Sudamérica después del Pantanal brasilero.

Conservar el alerce es proteger una reliquia viviente

El bosque original de alerce se ha reducido a la mitad. De esa superficie, “solo 17% (42 mil hectáreas) se encuentra protegido en el Sistema de Áreas Protegidas del Estado (SNASPE)”, según el Ministerio del Medio Ambiente de Chile. Ante esta situación, es imprescindible establecer políticas ambientales que contribuyan a conservar este árbol, el de mayor tamaño en América del Sur y un testigo silencioso de miles de años de vida en el planeta.

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