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EEUU: ¿Qué tan fácil será la transición política?

El próximo 20 de enero, Joe Biden se convertirá en el 46 presidente de los Estados Unidos.

Donald Trump durante una conferencia de prensa.

Algunos congresistas realizan maniobras para que Donald Trump mantenga su cargo. / Foto: Shealah Craighead - Casa Blanca

Latin American Post | Santiago Gómez Hernández

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Lo que alguna vez pareció un mal sueño para Donald Trump, la derrota electoral, cada vez toma más forma. El proceso de salida del actual presidente ha continuado su camino pese a los cientos de procesos políticos y judiciales que orquestaron los políticos republicanos aliados a Trump y su equipo legal.

Incluso, en los últimos días, se ha visto cómo un grupo de congresistas leales a Trump utilizan su última maniobra para trancar el nombramiento oficial de Biden. Josh Hawley senador de Misuri por el GOP, ha manifestado que se niega a certificar el resultado electoral porque tiene dudas de la integridad de la victoria demócrata. Se sospecha que hay otros cuantos congresistas que planean lo mismo que Hawley. Sin embargo, para que esta maniobra dé frutos, se necesita el apoyo de Cámara y Senado y en la Cámara de Representantes hay mayoría demócrata, por lo que será difícil que Trump consiga lo que tanto ha perseguido: mantener su cargo.

Sin embargo, una cosa es el cambio político y administrativos que ignora las acusaciones de fraude masivo de Trump (de las cuales no ha mostrado evidencia), y otras son las consecuencias de posibles enfrentamientos que puedan generar sus seguidores. Si algo hemos aprendido en 4 años de presidencia del neoyorquino, es que sus seguidores son muy fanáticos y varios son cercanos a teorías conspirativas. 

Un factor que también es importante destacar es el fácil acceso a las armas que tiene los Estados Unidos. Según un estudio revelado por el Washington Post en 2018, en Estados Unidos hay 393 millones de armas en poder de civiles: suficientes para cada hombre, mujer y niño de la nación (y sobran 67 millones). Al ser un derecho (la segunda enmienda), la tenencia y el porte de armas es también considerado un acto político y cercana a la postura conservadora (partido Republicano).

Ya hemos podido ver enfrentamientos entre ambos bandos. Incluso, también han existido muertes cuando se juntan grupos armados de derecha (como los Proud Boys) y manifestantes de izquierda (Black Lives Matter y Antifa). Esto hace temer a muchos de una posible escalamiento de la violencia y hasta indicios de una guerra civil.

El profesor Gregory Nowell de la Universidad de Albany cree que, a pesar de que estos hechos causen conmoción en los tabloides, la violencia política en Estados Unidos es muy pequeña, en comparación con las otras muertes con armas: violencia intrafamiliar, masacres, tiroteos y suicidios.

Sin embargo, el experto en Ciencias Políticas y International Affairs advierte que durante la Guerra de Secesión americana, la violencia escaló repentinamente. Además, advierte de un paralelismo con lo que ocurrió en 1861 y la actualidad: la mitad de la élite  de los Estados Unidos " ha estado invirtiendo fuertemente en hacer que el sistema político americano no responda a las demandas de la mayoría. Cuando se tiene una élite que solo ve importantes sus propios objetivos, y un gran número de personas desafectadas que están dispuestas a ser movilizadas a la causa, no podemos excluir una posible guerra civil".

Hoy, la guerra no será regional como en 1861, ya no será el sur contra el norte; la Unión contra los Confederados. En el contexto actual la diferencia es entre las áreas rurales y las urbanas, lo que dificulta una victoria armada de grupos republicanos. "Los principales mercados para los productos del sur estaban en Inglaterra en el siglo XIX.  Hoy en día la agroindustria se comercializa en zonas urbanas y no puede sobrevivir sin el consumo urbano, además de tener su sede en las mismas zonas urbanas (como Chicago, Nueva York) que son bastiones del partido demócrata. A pesar de las brutales exhibiciones de armas y camionetas bajo banderas confederadas en las manifestaciones de la derecha, sería más aconsejable elegir las ciudades en lugar que el campo gane ese conflicto", explica Nowell.

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Ante la remota posibilidad de que los incidentes escalen, el profesor asociado del Rockefeller College teme más por la falta de comida y medicamentos, que por las armas de sus adversarios políticos. Además, aclara que este sistema que defiende mayoritariamente el partido Republicano no tiene cerca un fin, a pesar, incluso, de la victoria de Joe Biden.

"Las últimas elecciones subrayaron el poder de la derecha. Biden ganó, pero los demócratas perdieron escaños en la Cámara de Representantes (de hecho, es casi seguro que perderán el control de la Cámara en 2022) y no hicieron prácticamente ningún progreso en las legislaturas estatales que tienen un tremendo poder en el sistema político estadounidense. Esta elección no fue en absoluto un triunfo del partido Demócrata.  Si yo fuera republicano estaría muy satisfecho con este resultado", sentenció Nowell.

Es precisamente que, ante este panorama de nación, Joe Biden ha decidido enfocar su mandato a unir al país y salir de la extrema polarización. Esto será vital pero deberá saber equilibrar sus posturas, ya que si no tiende la mano a medidas bipartidistas y se percibe como un presidente revanchista, la derecha seguirá aumentando su insatisfacción. Pero, si no satisface igualmente al ala más socialista de su partido (clave para su victoria), también podrá debilitar la unión dentro de su mismo movimiento y dificultar las próximas victorias demócratas en Estados Unidos.