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Nuevo fracaso económico: Venezuela vuelve a cambiar su moneda

El BCV hizo oficial la nueva directriz monetaria para el país caribeño: una nueva reconversión que busca adaptar su moneda, el Bolívar, a un ecosistema digital.

Pancartas representando a bolívar fuerte en una reunión de UNASUR en Caracas.

La creación del así llamado Bolívar Digital trae además la eliminación de 6 ceros a las cantidades, con el objetivo de facilitar las transacciones y operaciones bancarias. Foto: Cancillería del Ecuador

LatinAmerican Post | Anderson Ayala

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La creación del así llamado Bolívar Digital trae además la eliminación de 6 ceros a las cantidades, con el objetivo de facilitar las transacciones y operaciones bancarias. Esta nueva medida entrará en rigor oficialmente a partir del mes de octubre, cuando Venezuela ‘reestrene’ así su moneda por segunda vez en tres años, y por tercera vez en más de una década.

La decisión, aunque pueda parecer que responde a criterios tecnológicos o vanguardistas, lo hace en realidad a la necesidad de no apelar más al dinero impreso, ante su inviabilidad en un esquema de fuerte inflación. No obstante, en voz de varios economistas venezolanos era una medida necesaria para soltar la presión que se cernía sobre el sistema financiero.

Así llega al final de su corta vida el Bolívar Soberano, que había visto luz con la reconversión monetaria de 2018, cuando se eliminaron 5 ceros a moneda. Lo mismo le ocurrió antes al Bolívar Fuerte, que había entrado en vigencia por la reconversión de 2008, cuando solo se eliminaron 3 ceros a las cantidades.

Aunque se trata de una nueva reestructuración del bolívar, esta vez queda expresa la intención del BCV de no volver más al dinero impreso. Si bien es un hecho que en Venezuela hoy cuesta ver dinero en efectivo -salvo que se trate de dólares-, sin mencionar la especie extinta que son las monedas, ahora queda claro que la digitalización del bolívar abarcará cada vez más transacciones.

Si bien en Latinoamérica el dinero digital es una realidad, más allá de las criptomonedas, hasta ahora ningún país ha dado pasos serios en consolidar su moneda solo en un ecosistema digital. En Venezuela, sin embargo, esto se da en un contexto marcado por el internet más lento de América Latina, por la brecha digital más amplia, y por una de las tasas de inseguridad más altas del mundo. Obstáculos serios que pueden atormentar la vida de la nueva moneda.

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Ello sin mencionar el mayor problema que tendrá en frente: la inflación, que para el mes de junio ya alcanzaba una acumulación de 333% en lo que va de 2021, según mediciones del Observatorio Venezolano de Finanzas. Sin embargo, para combatir esto, una reconversión por sí misma no tiene efectos; debe ir acompañada de otras medidas que estabilicen la moneda.

Claro está, cuando el gobierno de Nicolás Maduro ya acumula más de 7 años financiando su elevado gasto público con la emisión de dinero inorgánico -y generando inflación-, sobre todo ante una merma en los ingresos por concepto de producción petrolera, luce muy cuesta arriba que cualquier otra medida pueda tener efectos positivos.

La nueva reconversión, con la adaptación plena del Bolívar en un ‘ambiente’ digital, se da también en una economía que prácticamente se ha dolarizado, hasta el punto de llegar a trámites en oficinas públicas y pago de impuestos. Su mayor utilidad a corto plazo estará, tal vez, en aligerar las operaciones bancarias.

Las monedas digitales son cada vez más un tema de debate en muchos países desarrollados, e incluso en Estados Unidos la Reserva Federal ha llegado a asomar la posibilidad de introducir un Dólar Digital. Esta tendencia del dinero sin existencia física, tal vez, sea la que ponga fin a la era del dinero fiduciario.

En Venezuela parece ser una realidad próxima, pero sobre todo a nivel nominal y superficial, hasta que la inflación vuelva a hacer de las suyas y deje sin efecto los cambios introducidos en el último trimestre de 2021.