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¿Más polarización política? Así avanza Vox en Latinoamérica

El partido ultranacionalista español busca desde hace años expandir su influencia política en la región. ¿Estamos cerca de ver un Vox en Latinoamérica?.

Santiago Abascal en una conferencia del partido VOX

Vox es uno de los partidos españoles que han revolucionado la política ibérica tradicionalmente bipartidista, desde hace algunos años. Foto: Getty Images

LatinAmerican Post | Santiago Gómez Herández

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Read in english: A Latino Alt-Right? This Is How Vox Advances In Latin America

Vox es uno de los partidos españoles que han revolucionado la política ibérica tradicionalmente bipartidista, desde hace algunos años. Sus posturas polémicas, su discurso conservador (tirando a extrema derecha) y su poco interés por lo políticamente correcto, lo han puesto como la tercera fuerza política más votada por los españoles. Actualmente, está solo por detrás del PSOE y PP en el parlamento y su líder, Santiago Abascal, genera tanto amores, como odios en todo el país. Como otros grupos nacionalistas, Vox nació como respuesta a la crisis económica Europea de la Gran Recesión del 2008 que golpeó particularmente fuerte a España. Esta crisis en manos de los liberales internacionalistas, permitió la llegada (o fortalecimiento) de grupos de extrema derecha, particularmente euroescépticos, socialmente conservadores y anti-inmigración como Alternativa para Alemania, El Partido Austriaco de la Libertad, Amanecer Dorado o el partido Fidesz del búlgaro Viktor Orbán.

Si se tuviese que ver a Vox en un panorama estadounidense, el partido de color verde entraría a ser visto como miembro de la derecha alternativa (Alt-Right). Hoy es un espacio para  conservadores de posturas externas, negacionistas del cambio climático y de la COVID-19 y defensores profundos de las libertades individuales (exceptuando el aborto, la eutanasia y los matrimonios o adopción homosexual).

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A pesar de que en España vienen creciendo, especialmente en el sur, sus planes políticos han llegado hasta Latinoamérica, un continente inevitablemente ligado a España y de donde tradicionalmente tiene 2 influencias (Estados Unidos o Europa Occidental, principalmente España y Francia).


Precisamente, Vox viene buscando desde hace años, y con cierto éxito, ser el puente entre la "derecha alternativa" europea y Latinoamérica. El idioma y el pasado les permite una conexión mucho más fuerte. Incluso, ha puesto en marcha el Foro de Madrid, que es una forma de contrarrestar el Foro de Sao Paulo, que unió en su momento a los políticos más importante de la izquierda latinoamericana.

No por nada, tienen una sección en su página web que se llama "Vox en el exterior". Además de países en Europa, tienen sedes en más de 10 países en Latinoamérica. Y dentro de su discurso antiinmigrante, han sabido diferenciar entre aquellos provenientes de Latinoamérica y los del resto del mundo, especialmente, los del norte de África. En una conferencia en Gran Canaria, Santiago Abascal, explicaba que "No es lo mismo un inmigrante hispanoamericano que la inmigración de los países islámicos".

En México, ya ha contado con el apoyo de varios congresistas. El partido español recibió el apoyo de 15 senadores y tres congresistas del tradicional Partido Acción Nacional (PAN) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Pero México no es el único país latinoamericano donde la derecha ya ha iniciado lazos con el movimiento de Abascal. En Colombia, varios políticos de la cuerda más derechista dentro del uribismo, ven en Vox un modelo de partido más idóneo a su ideología. Personajes como María Fernanda Cabal, precandidata presidencial, es una de las políticas más polémicas y más cercanas al Trumpismo y a la derecha española. Ella comparte la idea de crear un frente común contra el progresismo internacional y ve en Vox un aliado ideal.

Igualmente, también han intentado abrir relaciones en Perú con el partido Fuerza Popular de la polémica Keiko Fujimori. La comitiva de Vox contaba con la presencia de su vicepresidente y diputado, Víctor González, el eurodiputado Hermann Tertsch y el director de la Fundación Disenso, Jorge Martín Frías.

Lo que más une a Vox con la derecha latinoamericana es la lucha contra el comunismo y en especial, contra en chavismo. Intentar detener nuevos gobiernos de izquierda que tradicionalmente se alejan de un pasado colonial y en mantener a España como piedra angular de las relaciones con el resto de Europa.

Pero de lograrlo, si Vox logra demostrar ser un partido con fuertes aliados al otro lado del pacífico y con un discurso nacionalista y recordando a la España Imperial, podría calar en el grueso de los votantes conservadores. Irónicamente, si Vox consolida su fuerza en el exterior, podría significar una opción para los españoles que aun añoran con una España grande, que sea el eje entre Latinoamérica y Europa, y que han visto en Hispanoamérica, la esfera de influencia natural de España. Sin embargo, una cosa es que Vox logre acuerdos con los partidos afines a sus políticas. Otra es que los votantes latinoamericanos vean en estas alianzas o partidos un modelo atractivo.