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Francia Márquez: “La hegemonía política no nos ha permitido vivir en dignidad”

La precandidata presidencial por el Pacto Histórico Francia Márquez habló con LatinAmerican Post sobre el papel de la mujer en la política colombiana.

Francia Márquez Mina

En el Pacto Histórico hay dos mujeres que pertenecemos a pueblos históricamente excluidos, pues los pueblos indígenas y negros parieron la libertad para esta nación. Foto: TW-FranciaMarquezM

LatinAmerican Post | Santiago Gómez Hernández

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LatinAmerican Post: ¿Qué opina del papel de la mujer en la política colombiana?

Francia Márquez: Es una necesidad. Aunque siempre hemos estado presentes en la preparación, lo organizativo y la planificación, quienes dan la cara y ponen el rostro, son los hombres.
Creo que hay que cambiar las reglas. Si las mujeres representamos el 52% de la población colombiana y existe el derecho a elegir y ser elegidas, ¿por qué no tenemos esa posibilidad?  Tiene que ver con la estructura del Estado que es patriarcal y, en mi caso, también racista y clasista.

Si uno mira el sistema electoral, quien tiene plata es quien puede participar. Desde la constitución de 1821 se definió que quienes podían formar parte del Estado eran los hombres blancos, letrados, con dinero y propiedades. O sea, la gente negra que estaba en condición de esclavitud no podía participar, ni tampoco las mujeres. Esa concepción de Estado-Nación puso las bases de este Estado racista, clasista y patriarcal que tenemos hoy.

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Aunque en el derecho, con la constitución del 91, se reconoce el derecho a participar, a elegir y ser elegido, la estructura colonial sigue presente. Nosotros ahora estamos recogiendo firmas y eso implica tener recursos económicos, implica tener mil millones de pesos. ¿De dónde los vamos a sacar? Estamos participando sabiendo que tenemos esas limitaciones. En nuestra campaña "Soy porque somos" estamos construyendo una cosa bien bonita, articulada con voluntarios y sin recursos económicos. Estamos irrumpiendo en la política tradicional y hegemónica.

Yo, sin pena, puedo decir que no logramos las firmas. Y eso no nos hace menos. La lectura podría ser: "Ah, si no pudo conseguir las firmas, pues tampoco lo va a lograr...". Eso no es cierto, por lo menos en nuestro caso no tenemos las firmas, pero hoy tenemos un movimiento sólido. Mucha gente, de muchos lugares, que está dispuesta a transgredir y a hacer un cambio en la política.

L.P.: Hay poca visibilidad de las candidatas mujeres en las encuestas. ¿Usted cree que  el machismo es uno de los motivos?

F.M.: Claro que sí. Incluso, dentro de las encuestas colocan a gente que no se ha postulado como candidato, mientras que a los que ya llevamos un tiempo diciendo que somos candidatos, organizándonos y recogiendo firmas no nos tienen en cuenta. Hay una intención de exclusión, sobre todo con las mujeres. Y eso es lo que históricamente se ha hecho: silenciar las voces de las mujeres, silenciar las voces de los pueblos empobrecidos y oprimidos históricamente. Entonces, colocarnos en una encuesta es ponernos a sonar. Y tengo bien claro que en este país, a la hegemonía política no le interesa darle voz a una mujer como yo o a mujeres como Arelis Uriana, indígena. En el Pacto Histórico  hay dos mujeres que pertenecemos a pueblos históricamente excluidos, pues los pueblos indígenas y negros parieron la libertad para esta nación. Sin embargo, han vivido la peor parte y sufrido las consecuencias de esa política neoliberal, que ha usado como estructura para mantenerse a la exclusión, la negación y el silenciamiento. 

Entonces darle voz, poner la voz a rostros de mujeres indígenas y negras que están disputándose hoy la presidencia de Colombia, significa que es un riesgo para quienes han tenido la hegemonía política. "Entonces mejor no las colocamos, que la gente ni siquiera sepa que existen".

Por ejemplo, yo me he encontrado mucha gente en la calle que me dice: "Voy a votar por usted, porque usted se parece a mí, porque yo me veo reflejada en usted". Y esto para la hegemonía política de este país no es bueno, para los que siempre han estado en el poder, porque ellos no se parecen a las mayorías en este país. Las mayorías tienen rostros, tienen colores, tienen historias en común y es la historia del despojo, es la historia de la no garantía de sus derechos básicos, es la historia de la opresión.

L.P.: ¿Qué  opina usted de las mujeres del actual gabinete?

F.M.: Hoy deberíamos estar felices diciendo que por primera vez en la historia de este país tuvimos una mujer vicepresidenta. Y uno podría decir que ella es como Hillary Clinton, que rompió el techo de cristal en el caso de Colombia. Sin embargo, es una mujer privilegiada que tristemente no puso su voz al servicio de darle voz a las que hemos estado de rodillas, sino que se limitó a romper el techo de cristal.

Como dice Angela Davis: “Yo no estoy aquí para empujar a Hillary Clinton a que rompa el techo de cristal. Yo estoy aquí para acompañar la lucha de las mujeres que han estado de rodillas y que ahora se paran para empujar sus propias reivindicaciones”. Entonces, Marta Lucía Ramírez no es una mujer ejemplarizante que lo inspiraría a uno a decir: bueno ella es una mujer que logró llegar allá, y entonces también podemos levantarnos las otras para caminar. No, ella ha sido una mujer que se asumió como parte de la hegemonía política que precisamente no nos ha permitido vivir en dignidad en este país.

L.P.: ¿Cree usted que los colombianos y las colombianas elegirán pronto a una mujer como presidenta?

F.M.: Bueno, por eso estoy aquí. Por eso estoy postulándome para que este país abra los ojos, para que este país despierte y para que este país se dé la oportunidad de cambiar la historia. Y cambiar la historia es construir, es cambiar una historia común que permita hacer de Colombia un mejor lugar para todas, para todos y para todes. Una historia que nos permita recuperar la dignidad expropiada en la que hemos estado muchos colombianos y colombianas, una historia que permita que nuestros hijos no tengan que ser asesinados en los barrios porque no hay condiciones para ellos, porque su humanidad no importa.

Que las mujeres no tengan que perder las huellas de sus manos trabajando toda la vida y que mientras tanto sus hijos sigan siendo violentados. Ojalá una historia que permita que los hombres no sigan “abortando” y asuman su responsabilidad paternal. Porque este país es un país que se ha edificado y sostenido por las mujeres, porque el machismo y el patriarcado en los hombres no ha permitido que aquí la mayoría de ellos asuma su responsabilidad. Entonces, hoy a las mujeres las cuestionan o las encarcelan cuando deciden abortar. ¿Pero y los millones de hombres que han abortado toda la vida en este país y que no han asumido su responsabilidad? A las mujeres empobrecidas les ha tocado cargar el peso de criar solas hijos e hijas que en el peor de los lugares han terminado sosteniendo  la guerra en este país. Tristemente estas mujeres negras, indígenas, campesinas y de sectores populares son las que han puesto sus vientres y el Estado las ha usado para que sus hijos terminen siendo parte de la guerra que ha sostenido la hegemonía política.