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¿Qué es la cultura de la violación y cómo hacerle frente?

La violencia contra la mujer tiene unas cifras preocupantes en Latinoamérica y el mundo. Detrás de este fenómeno se esconde la cultura de la violación que justifica socialmente actos machistas.

Hombre agarrando la mano de una mujer

Foto: Unsplash

LatinAmerican Post | María Fernanda Ramírez Ramos

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Read in english: What is the Rape Culture and How to Destroy it?

El aumento de la violencia de género durante la pandemia, las manifestaciones por el 8M, los recientes logros de los colectivos feministas y los feminicidios en el continente ponen en relieve la necesidad de un cambio social que elimine la cultura machista con urgencia. En este artículo te contamos qué es la cultura de la violación, por qué debería importarte y cuál es su escenario en Latinoamérica. 

Sarai Colmenares tenía 12 años, fue explotada sexualmente, torturada y asesinada. Era una niña venezolana, vulnerabilizada por su condición de migrante en Colombia. En pleno barrio de Palermo, en Buenos Aires, una joven de 20 años fue violada por 5 hombres dentro de un auto. Lourdes Mañon, de 13 años, desapareció en México. Días después su cuerpo fue encontrado con signos de tortura y violación. Una joven de 22 años fue violada por cinco hombres mientras volvía a casa con su novio en Quindío, Colombia. Los amenazaron de muerte con armas, los amordazaron y golpearon.

Todos estos casos han tenido lugar en el primer trimestre del 2022 y han conmocionado a la región. Estas historias, se unen a la de Giuliana, de Paula, de María, de Laura y de miles de mujeres y niñas que día a día sufren violencia de género, abusos sexuales y muertes violentas. De acuerdo con los últimos datos del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la CEPAL, “en América Latina las tasas más altas por cada 100.000 mujeres de femicidios en 2020 corresponden a Honduras (4.7 por cada 100.000 mujeres), República Dominicana (2.4) y El Salvador (2.1)”. En México, durante el primer bimestre del 2022, se han registrado 122 casos de asesinatos de mujeres con crueldad extrema, de acuerdo a un reporte de la Organización Causa en Común. En Colombia, hubo 622 casos de feminicidios durante el 2021, según el reporte del Observatorio Feminicidios Colombia

Se trata de cifras alarmantes para la región que preocupan a las autoridades y organismos internacionales. ¿Qué está pasando? Son múltiples los factores que se relacionan con estos hechos atroces. Sin embargo, hay uno cultural que está muy arraigado en la sociedad. Hablamos de la cultura de la violación.

¿Qué es la cultura de la violación?

El machismo es una violencia metaestructural. Es decir, que trasciende a la sociedad y se puede encontrar en diversos contextos. Por otra parte, se arraiga gracias a creencias e imaginarios sociales que se han construido durante años. En este sentido, la cultura de la violación se enmarca en una serie de pensamientos y actitudes que terminan por justificar las violencias de género

Son pensamientos y conductas que sexualizan a la mujer. De acuerdo con ONU Mujeres “La cultura de la violación se da en entornos sociales que permiten que se normalice y justifique la violencia sexual, y en estos entornos se alimenta de las persistentes desigualdades de género y las actitudes sobre el género y la sexualidad”. Además, el primer paso para erradicarla es identificarla. 

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Los piropos callejeros, cierto tipo de publicidad, la pornografía, el acoso sexual y el humor negro hacen parte de esa cultura de la violación. Aunque parezca que esta serie de comportamientos son inofensivos, realmente tienen un efecto de bola de nieve que terminan causando un impacto grande en la forma en cómo se concibe el papel de la mujer en los espacios públicos y privados.

De esta forma, las mujeres y niñas terminan siendo concebidas como un objeto sobre el cual es fácil ejercer poder y dominación. La filósofa Ana de Miguel, en su libro “Neoliberalismo sexual, el mito de la libre elección”,  señala cómo en el contexto actual los cuerpos de las mujeres han terminado por entrar en la cultura del consumo amparados bajo el argumento de la “libertad”. No obstante, es preciso hacer un análisis más profundo sobre hasta qué punto las dinámicas actuales reproducen nuevas formas de violencia y dominación. 

¿Cómo acabar con la cultura de la violación?

En este escenario alarmante, es preciso que todas las personas hagan una reflexión y cambios en sus actitudes y conductas, especialmente los hombres.

  • Deja de culpar a las víctimas: una violación jamás se puede justificar en el nivel de alcohol, la forma de vestir, el lugar o el comportamiento de alguien. 

  • No hagas chistes o comentarios que refuercen estereotipos: dile no a los chistes sobre acoso y violación. Deja de usar frases que justifican comportamientos inadecuados como “el hombre propone y la mujer dispone” o “los hombres son hombres y no se pueden contener”. 

  • Adopta nuevas masculinidades: es momento de redefinir lo que significa ser hombre. No tienes  por qué ser agresivo, fuerte y ejercer poder sobre los demás. Instrúyete sobre el tema y aprende sobre las actitudes que puedes cambiar. 

  • Adopta la cultura del consentimiento: nadie tiene derecho sobre otra persona. "No" es "no" en cualquier circunstancia. Los besos, el sexo y el contacto físico deben ser consensuados. La ausencia de consentimiento no es la presencia de una afirmación.

 

No obstante, si a la par de los cambios en los imaginarios colectivos no existen cambios a nivel institucional, la erradicación de la violencia contra la mujer será solo un sueño. Por tal razón, es fundamental que los gobiernos implementen políticas de tolerancia cero hacia la violencia de género con sistemas legales que garanticen que no haya impunidad. 

Asimismo, es preciso desarrollar proyectos que permitan el desarrollo de capacidades de las mujeres, en especial de aquellas en condiciones de vulnerabilidad, que les permitan independencia económica, tal como señalan propuestas como las de la filósofa Martha Nussbaum o el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen. En conclusión, es urgente hacer un abordaje multisectorial a las problemáticas de género. Además, es preciso educar e implicar a todos los miembros de las comunidades.