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Flamenco y diversidad: "¡VIVA!", del bailaor flamenco Manuel Liñán, cierra su gira en Bogotá

El Teatro Julio Mario Santodomingo, en el marco de la temporada España País Invitado de Honor, presentó en Bogotá "¡VIVA!", de Manuel Liñán: bailaor, coreógrafo y director de su propia compañía. El LatinAmerican Post estuvo allí en este evento lleno de flamenco y diversidad.

Espectáculo 'VIVA' de Manuel Liñan

Foto: IG-manuellinan, IG-carlos_alvar_

LatinAmerican Post | Ana Aray

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Divertida, diferente y poética. Así fue la presentación de "¡VIVA!", a cargo de la compañía de Manuel Liñán, quien es un conocido bailaor, coreógrafo y director de su propia compañía, en el marco de la celebración del mes de la diversidad. La obra nace de una memoria de infancia de su creador, quien asegura que de pequeño se encerraba en su cuarto y vestía la falda verde de su madre. Adornaba su pelo con flores, se maquillaba, y bailaba a escondidas: “Ese baile era impensable fuera de esas cuatro paredes”. Lo último, teniendo en cuenta esas condiciones que imponen las reglas tanto sociales como artísticas y generan expectativas sobre la forma en que una persona debe manifestarse de acuerdo a su género. LatinAmerican Post estuvo allí: este es nuestro cubrimiento de "¡VIVA!", una obra llena de flamenco y diversidad.

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En entrevistas anteriores, Liñán cuenta que su padre era torero. Es el menor de tres hermanos, siendo las dos primeras mujeres, cuestión que marcó significativamente su infancia pues su padre tenía un fuerte deseo de que Manuel siguiera sus pasos de frente al toreo. Su padre le enseñaba a torear, lo llevaba a la plaza y lo vestía con el traje de torero, cuestión que en ese momento lo aburrió pues era algo casi como una obligación. Lo que Manuel Liñán quería era bailar y no encerrarse en los imaginarios sobre la masculinidad que encierra el mundo del toreo. Y, efectivamente, bailar es lo que ahora hace y de qué manera.

Desde los 6 años Manuel baila. En ese entonces era notoria la división existente en lo que bailaban los niños y las niñas. No obstante, él quería bailar lo que bailaban las niñas. Sólo cuando se vestía, maquillaba y utilizaba las cosas de su madre a escondidas era cuando realmente se encontraba a sí mismo. "¡VIVA!" es, entonces, el sueño hecho realidad, en donde no importa el género de la persona, todos pueden bailar sin importar aquellas reglas sociales o artísticas, impuestas desde siempre. Así, esta obra se tratara de algo más que un despliegue de baile, es también una celebración del flamenco y la diversidad.

Lo que hacen los bailarines y artistas que participan en tan magnífica presentación, lleva al espectador a un mágico viaje por el mundo del flamenco, el ballet clásico, la comedia y la actuación, todo en un sólo espectáculo de calidad.La organización de los tiempos escénicos y como se va desarrollando la obra mantienen al espectador en una constante incertidumbre de querer saber en qué finalizará todo y si será ahí donde conocerá las caras detrás del maquillaje y el vestuario creado exclusivamente para la obra. Esta presentación deja claro que en el arte no hay géneros, ni reglas, ni etiquetas, el arte es arte y hace parte de la verdadera esencia del ser humano. Es allí donde no hay juicios y donde, en libertad genuina, podemos encontrarnos con nuestro verdadero yo.

Con una puesta en escena impecable, la compañía de Manuel Liñán hace cierre de su gira, después de presentaciones en Bucaramanga, Bogotá, México y Londres.