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1 de cada 10 personas padece hambre en el mundo

Uno de los más grandes objetivos que los estados se han trazado para el 2030 es acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas. No obstante, un reciente informe advierte que la humanidad se está alejando de esa meta.

plato vacio en una mesa

Foto: Freepik

LatinAmerican Post | María Fernanda Ramírez Ramos

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De acuerdo con un  titulado "El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo", durante el 2021, 828 millones de personas sufrieron hambre, una cifra cercana al 9,8% de la población. Esto representa un aumento de 46 millones respecto al 2020 y de 150 millones a las cifras previas a la pandemia por coronavirus. Es decir, que hoy en día alrededor de 10 de cada 100 personas padecen hambre en el mundo.

Dicho informe fue realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Es decir, que tiene un abordaje desde diferentes áreas, que incluyen el análisis de los sistemas alimentarios, la calidad de la alimentación y los grupos que son más vulnerables al hambre. Al respecto, se detectó que la brecha de género en la inseguridad alimentaria ha aumentado, haciendo que las mujeres estén más expuestas a la escacez de alimentos y deficiencia en la nutrición. En 2021, "el 31,9 % de las mujeres del mundo padecía inseguridad alimentaria moderada o grave, en comparación con el 27,6 % de los hombres".

Por otra parte, el informe señala que  durante el 2020, alrededor de 3.100 millones de personas no pudieron tener una dieta saludable, 112 millones más que en 2019. Una de las razones fue la inflación en los alimentos causada por la pandemia. Al respecto, 45 millones de niños menos de 5 años tuvieron malnutrición extrema. Asimismo, "149 millones de niños menores de cinco años sufrían retraso en el crecimiento y el desarrollo debido a la falta crónica de nutrientes esenciales en su dieta, mientras que 39 millones tenían sobrepeso".

¿Cómo está el hambre en América Latina? 

El informe señala que hay una fuerte desigualdad en la presencia de hambre en las regiones. La región con la mayor presencia de hambre es África, en donde un 20,2% de su población la padece; después se ubica Asia con un 9.1%, América Latina y El Caribe con un 8,6%, 5,8% en Oceania y menos del 2,5% en Europa y Norteamérica. 

Aunque América Latina no sea la región con mayor inseguridad alimentaria y hambre, las cifras no dejan de indicar una situación paradójica, pues es una de las regiones con mayor biodiversidad y terrenos fértiles, que, de hecho, tiene el potencial para ser clave en la seguridad alimentaria del mundo.

Pese a que el informe evalua la situación en el 2021, diversos organismos ya han advertido que la guerra en Ucrania pondrá en una situación de vulnerabilidad e inseguridad alimentaria a muchos países, pues se depende de los fertilizantes y granos producidos allí. Esta situación, unida a los datos del crecimiento del hambre, es un llamado de emergencia para que los gobiernos planifiquen y aborden con prioridad estrategias de seguridad alimentaria dentro de sus países, así como reducción de la desigualdad para que las personas tengan acceso a una canasta básica con productos nutritivos y saludables.

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A su vez, permite hacer una reflexión sobre la necesidad de crear planes que permitan el desarrollo industrial en Latinoamérica de fertilizantes y otros productos indispensables para el sector agrícola, pues la región está en la capacidad de producirlos, así como en la implementación rápida de las nuevas tecnologías para mejorar la eficiencia de los cultivos y la productividad.

No obstante, todo esto debe hacerse con una perspectiva de sostenibilidad y con un enfoque de desarrollo social y territorial, pues si para proveer de alimentos cárnicos o soya al mundo se deben deforestar las selvas y dañar los suelos, no sería una planificación coherente con la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. La agricultura, ganadería y pesca sostenible son entonces claves en el proceso, más allá del aumento en las cifras de producción netas.