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Así inicia la relación del presidente Gustavo Petro con las Fuerzas Armadas de Colombia

El líder de izquierda fue durante mucho tiempo uno de los máximos contradictores de las Fuerzas Militares de su país. La relación entre Gustavo Petro y los militares no parece ser la mejor, aun cuando él es el nuevo "Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas".

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Foto: TW-petrogustavo

LatinAmerican Post | Christopher Ramírez Hernández

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Gustavo Petro ya es el nuevo presidente de Colombia. El pasado 7 de agosto, el líder de la izquierda fue posesionado como el nuevo primer mandatario de ese país, luego de que el derechista Iván Duque entregara el poder, en medio de críticas por sus cuatro años de gobierno, y un 61 % de desfavorabilidad, según una encuesta de la firma Cifras y Conceptos.

Petro llega a la Casa de Nariño (sede presidencial) con el apoyo de los partidos políticos tradicionales de Colombia, como el Liberal, la U y parte del Conservador, además de los que lo respaldaron durante su candidatura, como el Partido Alianza Verde, Comunes y el Pacto Histórico, entre otros más pequeños. Esto hace que el presidente inicie su gobierno con el aval de 63 de los 108 senadores que hay, y de 106 representantes de los 188 que se posesionaron en la Cámara el pasado 20 de julio.

Ahora, aunque el sector político le ha “comprado” parcial o completamente la idea de gobierno a Gustavo Petro y a su equipo presidencial, lo cierto es que hay un sector de la sociedad, muy importante en Colombia, que aún no sabe cuál será su papel en esta nueva administración, aun sabiendo que Petro será su líder natural: las Fuerzas Armadas.

Según lo detallan varios expertos, tanto colombianos como de otros países, el ambiente que se le avecina a Petro como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas no es fácil. Al interior de la mayoría de las instituciones que conforman esta área de defensa nacional, se han gestado opiniones en contra del actual presidente, a quien durante más de 30 años han considerado como “el enemigo”, teniendo en cuenta sus ideas progresistas, así como su paso por la extinta guerrilla del M-19.

Sin embargo, Petro también ha tenido varios desaciertos (o aciertos, como lo considerarían algunos) al criticar a los que eran los altos mandos de las Fuerzas Armadas.

“Esta cúpula estuvo muy imbuida por la línea política del Ejecutivo que finaliza (la de Iván Duque). Pero este camino es insostenible y vuelve víctima a la misma fuerza pública, que ha sido conducida a perpetrar actos dantescos contra los derechos humanos. Lo que nosotros proponemos llevará a la fuerza pública a un mayor fortalecimiento democrático”, explicó en su momento Petro, asegurando que una de sus primeras decisiones con esta institución sería destituir a toda la cúpula que le “marchó” a Duque y colocar nuevos nombres que ahora le “marchen” a él.

Por supuesto, esta fue una ‘amenaza’ que no aceptaron los altos mandos de las Fuerzas Armadas, iniciando con el excomandante del Ejército Nacional, el general Eduardo Zapateiro, quien, de hecho, nunca ha visto a Petro con buenos ojos.

Cabe recordar que un mes antes de la posesión presidencial de Petro, Zapateiro decidió renunciar a su puesto como máximo líder del Ejército, acusando diferencias irreconciliables con el nuevo mandatario colombiano. Para el militar, era mejor dejar su cargo en las Fuerzas Armadas, antes que caminar junto a Gustavo Petro el pasado 7 de agosto.

“A todos los colombianos les quiero decir que lo que hice fue por obligación moral y personal. Eso fue lo que me enseñaron mis padres y es el ejemplo que debo dejarles no solamente a mis hijos, sino al cuerpo de generales y a mis soldados (…) Soy consciente de que no podía estar con el presidente electo y no voy a esperar a que me digan qué tengo que hacer”, indicó Zapateiro en conversación con la revista Semana, en la que demostró los grandes roces existentes con el nuevo gobierno.

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En busca de los soldados rasos

De hecho, uno de los mayores distanciamientos entre Petro y Zapaterio tuvo relación directa con los ascensos en las Fuerzas Armadas, a los que Petro tildó como una mafia de políticos. “Los ascensos no son amañados, el procedimiento es muy riguroso. Desconocen los procesos. El Ejército es serio”, fue la respuesta de Zapateiro.

Ahora, días antes de su posesión, Petro retomó el tema asegurando, una vez más, que su gobierno combatirá la corrupción al interior de las Fuerzas Armadas, buscando “despolitizar” esta institución, empezando por los ascensos.

Para el presidente colombiano, la idea es poder revisar concienzudamente cada uno de los pasos que existen hoy en día para poder asignar un ascenso al interior de las Fuerzas Militares, para evitar que se cuelen personas que no merezcan este reconocimiento, y además, disminuir a toda costa que los uniformados caigan en violaciones a los Derechos Humanos para obtener dichos ascensos.

De esta forma, Petro ha mostrado un mayor acercamiento con los soldados rasos en el país, a quienes también ha prometido garantías de mejor educación, con acceso gratuito; una idea que viene rondando en los toldos petristas, incluso, desde 2018, año en el que obtuvo el segundo lugar en las elecciones presidenciales.

“Lo mejor que se puede hacer con la Policía y el Ejército de Colombia es lograr que todos sus integrantes tengan educación superior paga por el ministerio de defensa. Tendremos un ejército y una policía profesional al servicio de los derechos y libertades ciudadanas”, escribió en Twitter.

No obstante, para la oposición todas estas promesas no son más que “artimañas” usadas por el nuevo gobierno para querer manipular a los uniformados en el país, para después dejarlos a su suerte frente al conflicto armado que vive hoy en día Colombia.

Así lo denunció la columnista colombo-española, Salud Hernández-Mora, quien detalló en uno de sus contenidos de opinión que, en el caso de los policías que están siendo asesinados por los grupos paramilitares bajo el espectro del llamado “plan pistola”, esta institución tendrá poco o nada de acompañamiento por parte del gobierno Petro.

“Es evidente que el equipo de Petro, en lo relativo a Defensa (…) se siente más cercano a las guerrillas que a los policías, de ahí que parezcan de cocodrilo algunas de sus lágrimas ante los muertos por el plan pistola”, concluyó Hernández-Mora. Eso hace que el fantasma de una desobediencia militar o, incluso, un golpe de Estado ronden en la cabeza del nuevo Gobierno. Ahora, será función de la nueva administración ganarse la confianza y respaldo de uno de los sectores más importantes en el país cafetero.