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Daniel Ortega, el gran dictador de Nicaragua cada vez más poderoso

El sandinismo se atornilla en el poder en Nicaragua gracias a su líder, Daniel Ortega. La dictadura que no tiene límites, ni vergüenza y ahora el país es un régimen de partido único de facto.

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua

Foto: Cancillería Ecuador

LatinAmerican Post | Santiago Gómez Hernández

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El lunes pasado, el sandinismo dio su última estocada a la democracia nicaragüense, cada vez más insignificante y efímera. El partido de Gobierno del presidente Daniel Ortega, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, se adjudicó la totalidad de las 153 alcaldías del país. De esta forma, el oficialismo no solo domina todo el poder nacional, sino el local, convirtiendo a Nicaragua en un sistema de único partido de facto.

Aunque oficialmente la victoria del partido FSLN fue mediante elecciones. Sin embargo, estas han sido criticadas y no reconocidas por la comunidad internacional, ya que nuevamente la persecución política resultó en una votación con un alto desinterés ciudadano y abstencionismo, y sin rivales políticos que puedan retar al partido de Gobierno.

Con una abstención mayor al 82% (similar a las presidenciales del 2021), el sandinismo venció a los partidos aliados para simular competencia. Ahora, el poder en las municipalidades de El Almendro, San Pedro de Lóvago, Camoapa, María de Pantasma, Murra, entre otras, que siempre habían sido bastiones de la oposición, pasado a manos del oficialismo.

De esta forma, hoy Daniel Ortega se convierte en el dictador más grande de Latinoamérica. Un presidente que ha venido disminuyendo los derechos de la ciudadanía y de la oposición, algo que incluso el régimen cubano viene cediendo.

¿Cómo crear una dictadura “democráticamente”?

Ortega y el FSLN lograron dinamitar por completo la democracia nicaragüense desde adentro. Normalmente, el mundo ha estado acostumbrado a ver las democracias caer por un golpe de Estado o una fuerza invasora, pero lo que está ocurriendo en Nicaragua desde hace varios años es la destrucción de un régimen democrático desde adentro.

El presidente nicaragüense llegó al poder por primera vez en 1985 y gobernó hasta el 90. Luego de su primera elección como presidente, fue halagado por varios mecanismos internacionales por varias políticas progresistas como la ley de aborto (que luego cedería como medida de pactar con oposición) y programas de alfabetización. 

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Sin embargo, Ortega perdió las elecciones de 1990, dejándole el poder a Violeta Chamorro, de la Unión Nacional Opositora. A Ortega le costó volver al poder tras perder en el 96 contra Arnoldo Alemán, de la Alianza Liberal; y Enrique Bolaños, también del PLC en 2001. En su quinta candidatura, el expresidente llega al poder y no lo ha querido abandonar. Ha participado en 4 reelecciones y ha conseguido siempre la victoria, aunque cada una de ellas aumenta en acusaciones de fraude y de persecución a opositores.

Hoy Ortega ha dinamitado todas las ramas del poder, con el control del ejecutivo, legislativo, judicial, Fuerzas Armadas y mecanismos de control, ha establecido un sistema de partido único de facto. Hoy, el país centroamericano se asemeja más Cuba o China, que a las democracias de izquierda. Es, sin lugar a dudas, el camino que ha dado muestras de seguir Nicolás Maduro, quién recientemente mandó a cerrar 79 emisoras.

Hoy Ortega mantienen una persecución política a los líderes opositores, a la prensa independiente y hasta a la iglesia católica, que ha sido una de las instituciones más críticas al sandinismo.