Bienestar

Aprobación de nuevo medicamento: ¿Cómo cambia el cerebro con la menopausia?

La aprobación de Fezolinetant nos deja ver la relación entre el cerebro y la menopausia, y cómo es más importante de lo que podríamos imaginarnos.

LatinAmerican Post | July Vanesa López Romero

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El pasado 12 de mayo, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) aprobó el Fezolinetant para tratar los sofocos generados por la menopausia. Este fármaco es un antagonista del receptor de Neuroquinina 3 (NK3). Es decir, bloquea la actividad producida por el receptor NK3 en el sistema nervioso central. Este receptor tiene un papel fundamental en la regulación de la temperatura corporal. 

La aprobación del medicamento significa un hito, ya que se trata del primer tratamiento no hormonal que puede ayudar a controlar los sofocos tanto moderados como graves. Según la FDA, el 80% de las mujeres menopáusicas sufren de sofocos y estos “pueden incluir períodos de sudoración, enrojecimiento del rostro y escalofríos que duran varios minutos”. En consecuencia, este síntoma afecta la calidad de vida de las mujeres. Además, los tratamientos hormonales no siempre son una opción. Por ejemplo, mujeres con antecedentes de accidente cardiovascular, migrañas y ciertos tipos de cáncer de mama no pueden tener este tipo de tratamientos. 

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La relación entre el cerebro y la menopausia

Esta aprobación no sería posible de no ser por la neuropatóloga Naomi Rance, precursora en la década de los 90 de los estudios que relacionan el cerebro y la menopausia. Fue ella quien descubrió unas células cerebrales en el hipotálamo de mujeres posmenopáusicas que eran mucho más grandes que las de las mujeres premenopáusicas. Estas células, llamadas KNDy, responden a la molécula neuroquinina B. Estos primeros pasos fueron lo que permitieron que hoy se pueda usar el Fezolinetant para tratar este síntoma de la menopausia. 

En su reportaje sobre el descubrimiento, la periodista científica Heidi Ledford asegura que tanto para Rance como para otros en el campo, este es un avance en la atención y seriedad que por fin se le está poniendo a estudiar las causas y los efectos de los síntomas de la menopausia. Asimismo llama la atención sobre las limitaciones a servicios médicos relacionados con la menopausia que tienen millones de mujeres alrededor del mundo.

Esto último es muy importante, ya que la menopausia es uno de los procesos naturales que carga con más estigma en la sociedad. En las últimas décadas, hemos visto una normalización de otros procesos, como la menstruación. Sin embargo, la menopausia sigue siendo un tema del que cuesta hablar, incluso en círculos feministas. Son muy pocos los espacios que trabajan en pro de la normalización de la menopausia y, en ese orden, no se exigen políticas públicas enfocadas en el cuidado y bienestar de las mujeres que atraviesan este proceso. 

Recordemos que la menopausia es un proceso que puede durar al menos 12 meses y que, si bien se presenta de manera tranquila y cómoda en algunas mujeres, son muchos más los casos en los que el declive ovárico es irregular y la producción de hormonas sexuales errática. Este proceso, que suele asociarse de manera equivocada con meros cambios de humor, implica un cambio gigantesco en el cuerpo que viene acompañado de síntomas que todavía son poco estudiados. A esto, se suma que los tratamientos hormonales, que son la regla, significan mayor riesgo de fracturas de cadera, incontinencia urinaria, demencia, sangrado vaginal, cáncer de mama, derrames cerebrales, coágulos de sangre y ataques cardíacos, de acuerdo al Instituto Nacional de Cáncer (NIH por sus siglas en inglés). 

En este sentido, la investigación enfocada en la menopausia no solo es importante, sino necesaria. Además, según Ledford, estos estudios que se enfocan en las causas y efectos neurológicos de la menopausia podrían aportar en las investigaciones de la salud cerebral en la etapa adulta e incluso correlacionarse con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. 

Sin duda alguna, la aprobación del Fezolinetant significa un gran avance para los estudios alrededor de la menopausia y también para una política de salud pública que vele por el cuidado de la salud tanto reproductiva como neuronal de las mujeres en todas las etapas de su vida.

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