AMÉRICAS

Ex hombre fuerte venezolano pone toda su fe en el “Pit Bull” de Washington para la batalla por inmunidad en Manhattan

En Manhattan, el abogado defensor Barry Pollack, apodado Pit Bull, se presentó junto al destituido líder venezolano Nicolás Maduro días después de una redada. Los fiscales presentan cargos de narcotráfico. El caso pone a prueba temas como la soberanía (la autoridad independiente de una nación), la extradición (la transferencia de un sospechoso de una jurisdicción a otra) y el poder estadounidense, evocando la memoria latinoamericana desde Caracas hasta Washington.

El hombre que contratas cuando la trampa se cierra

Algunos abogados llegan con teatralidad; otros como un cerrajero. Barry Pollack es de estos últimos: de voz suave, discreto y conocido por morder un caso con paciencia y persistencia implacables. Al principio de su carrera, sus colegas le pusieron su apodo—mitad broma, mitad advertencia: Pit Bull. Para quienes enfrentan consecuencias graves en tribunales estadounidenses, él es el abogado al que llamas después de que la puerta se cierra y necesitas encontrar la bisagra.

El lunes, en una corte federal de Manhattan, Pollack se presentó junto a Nicolás Maduro, descrito como de 1,90 metros, locuaz y musculoso—casi una cabeza más alto que su abogado. Los fiscales alegan que Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados en una redada militar nocturna y trasladados a Estados Unidos menos de 48 horas antes de la audiencia para responder a cargos de narcotráfico. En América Latina, donde los arrestos a menudo se entrelazan con la geopolítica, el episodio se siente como algo más que un proceso legal. Se percibe como un enfrentamiento entre sistemas.

Este reportaje se basa en información, citas y entrevistas publicadas por los periodistas de The Wall Street Journal Lydia Wheeler y C. Ryan Barber. John Elwood, de Arnold & Porter, quien trabajó con Pollack al inicio de sus carreras, comentó: “Es sorprendente que no sea más conocido”. Quienes lo conocen dicen que el silencio en torno a su nombre es parte de su método: no construye celebridad; construye antecedentes.

Personas se manifiestan frente al tribunal del Distrito Sur de Nueva York, que lleva el caso del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 5 de enero de 2026. EFE/ Olga Fedorova

No un presidente en la corte, sino una reclamación de soberanía

Tienes razón en señalar el título. En el texto proporcionado, se le describe como destituido, y en un tribunal estadounidense, no se le trata automáticamente como jefe de Estado en funciones. La batalla legal gira en torno al argumento de Pollack de que su cliente tiene derecho a las inmunidades y privilegios de un líder soberano. Esa distinción importa, porque “presidente” no es solo una etiqueta—es una cuestión de reconocimiento, y el reconocimiento es donde la política y la ley chocan.

En la lectura de cargos, Pollack le dijo al juez que planea impugnar la legalidad de la captura de Maduro y argumentar que su cliente tiene derecho a inmunidad como jefe de un Estado soberano. Cuando el juez comenzó a fijar plazos, Pollack se opuso, diciendo que el caso sería complejo. La próxima audiencia se fijó para mediados de marzo.

El argumento de la inmunidad llega con un fuerte eco regional. El reportaje señala a Manuel Noriega, el ex hombre fuerte panameño que planteó una reclamación similar después de que EE.UU. invadiera Panamá y lo capturara en 1989. Un tribunal federal de apelaciones apoyó a los fiscales, quienes dijeron que Estados Unidos no había reconocido a Noriega como jefe legítimo de Panamá. Se estableció un precedente (una decisión legal previa utilizada como ejemplo). “Esa es obviamente la primera y más importante parte del caso”, dijo Frank Rubino, quien representó a Noriega. Para Pollack, el precedente no es una nota al pie—es una valla que debe saltar con precisión.

Pollack, socio de Harris St. Laurent & Wechsler, presentó la notificación de representación de Maduro apenas unas horas antes de la audiencia. Sigue sin estar claro cómo fue contratado y no respondió a las solicitudes de comentarios. En un caso donde cada palabra puede convertirse en propaganda, tal reserva funciona como armadura.

Pollack es egresado de la Facultad de Derecho de Georgetown y fanático del baloncesto universitario, ahora en sus primeros 60 años, quien comenzó en Miller, Cassidy, Larroca & Lewin, una firma boutique de defensa de cuello blanco conocida por formar abogados de primer nivel, incluidos tres jueces actuales de la Corte Suprema. Sus colegas allí le pusieron el apodo de “Pit Bull”. “Probablemente también influyó un poco la aliteración—‘Pit Bull Pollack’”, dijo Stephen Braga.

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange (i), al salir de un tribunal estadounidense, acompañado por su abogado, Barry Pollack (c). EFE/ Samantha Salamon

El defensor de largo aliento con historial de salidas improbables

Su victoria más famosa en tiempos recientes fue con Julian Assange. Pollack negoció el acuerdo de culpabilidad que liberó al fundador de WikiLeaks de una prisión británica tras una batalla legal que duró más de una década. Assange enfrentaba 18 cargos relacionados con la publicación de información clasificada y el hackeo de una computadora militar, y luego se declaró culpable de un cargo bajo la Ley de Espionaje mientras el gobierno aceptó el tiempo cumplido.

También logró la absolución de Michael Krautz, un ex ejecutivo de Enron Corp. acusado tras el colapso de Enron en 2001, y ayudó a conseguir juicios nulos consecutivos para Rickie Blake, uno de los 10 directivos de empresas avícolas procesados repetidamente por presunta manipulación de precios antes de que se retiraran los cargos en 2022. Jonathan Lopez, el ex fiscal federal que procesó a Krautz en 2006, dijo que Pollack no es un defensor de “quemar la casa”. No necesita espectáculo para ser peligroso.

En una entrevista de 2022 en el pódcast “For the Defense” de David Oscar Markus, Pollack describió su oficio con una humildad directa. “Prácticamente todo lo que hago en la sala del tribunal lo he plagiado de alguien”, dijo. Esa frase se lee diferente ahora. En el caso de Maduro, los préstamos serán de precedentes, procedimientos y cualquier resquicio doctrinal que pueda ralentizar la maquinaria.

Y esa es la verdadera mitología del “Pit Bull”: no salvar a alguien con un discurso heroico, sino ganar tiempo, forzar el escrutinio y obligar al Estado a probar cada paso del proceso. Para Maduro, si es tratado como líder, exlíder o simplemente acusado, puede depender en última instancia de si Pollack logra convencer al tribunal de que la soberanía aún lo acompaña—aquí, ahora, incluso en Manhattan.

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