México persiguió a El Mencho usando a una pareja sentimental e inteligencia estadounidense en una arriesgada redada en la montaña
Una redada antes del amanecer en las montañas de México resultó en la muerte de El Mencho, el líder de cartel más buscado del país, tras meses de seguimiento a una pareja sentimental, inteligencia apoyada por EE.UU. y un tiroteo final en un bosque que concluyó durante la huida.
Una pareja sentimental se va y la persecución se intensifica
En Tapalpa, un pueblo montañoso considerado durante mucho tiempo un bastión del Cártel Jalisco Nueva Generación, las cabañas se encuentran detrás de portones y altos árboles. El aire de la mañana lleva el aroma húmedo de pino y tierra fría. Este lugar atrae a visitantes de fin de semana en busca de aire fresco, con un largo camino de entrada que mantiene la distancia con los forasteros.
Durante meses, las autoridades mexicanas habían estado vigilando la zona de manera discreta.
Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, había eludido la captura durante años. Estados Unidos ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares por información que llevara a su arresto. Enfrentaba dos órdenes de aprehensión en México por delincuencia organizada. Unidades de inteligencia rastreaban fragmentos de su red, buscando vulnerabilidades. Inicialmente, identificaron una debilidad no a través del conflicto armado, sino mediante relaciones personales.
Según el secretario de la Defensa de México, los investigadores identificaron a un colaborador de confianza vinculado a una de las parejas sentimentales de Oseguera. Esta pista los llevó a una propiedad en las afueras de Tapalpa. El 20 de febrero, actuando con nueva información, las autoridades comenzaron a rodear el lugar donde se creía que se escondía.
Al día siguiente, la mujer salió del complejo de cabañas, mientras El Mencho permanecía con su equipo de seguridad.
En ese momento, la ventaja táctica cambió.
Los objetivos de alto valor rara vez presentan oportunidades claras; viajan con escoltas armadas, desaparecen en terrenos difíciles y responden con violencia. Sin embargo, los funcionarios creían haber logrado el factor sorpresa. El secretario de la Defensa describió el objetivo de la operación como “Ganar el elemento sorpresa y tomar la iniciativa.”
Seis helicópteros y varias aeronaves estaban listos. Fuerzas terrestres del Ejército Mexicano, apoyadas por la Guardia Nacional y fuerzas especiales, sellaron la zona antes del amanecer del 22 de febrero. Posteriormente, las autoridades indicaron que el plan era moverse rápido y minimizar sospechas, confiando principalmente en unidades terrestres con apoyo aéreo limitado.
La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que Estados Unidos compartió inteligencia que apoyó la operación, pero no desplegó fuerzas terrestres. Un funcionario de defensa estadounidense informó a Reuters que un grupo de trabajo de inteligencia liderado por militares de EE.UU. enfocado en cárteles de droga había asistido en el esfuerzo.
Esta operación no fue improvisada, sino el resultado de esfuerzos acumulados: meses de seguimiento, una relación, una partida y luego el acercamiento al borde del bosque.
Tiroteo en el bosque
Mientras los soldados avanzaban por la pendiente hacia el complejo de cabañas, sicarios del cartel abrieron fuego. Las autoridades mexicanas describieron el ataque como “muy violento”. Las fuerzas de seguridad respondieron, resultando en la muerte de ocho presuntos miembros del cartel y tres soldados heridos.
Imágenes de testigos verificadas por CNN mostraron vehículos blindados subiendo la pendiente y personal uniformado avanzando hacia el sitio. Otros videos captaron ráfagas de armas automáticas a lo lejos y humo espeso y oscuro elevándose sobre los árboles.
El Mencho y varios de sus lugartenientes huyeron del lugar.
Corrieron hacia una zona boscosa cercana, desapareciendo entre la maleza y el follaje. El bosque se convirtió en su escudo. Por un momento.
Las tropas mexicanas establecieron un perímetro. Algunas unidades continuaron enfrentándose a los sicarios cerca de las cabañas, mientras un equipo separado de fuerzas especiales los perseguía. La imagen evoca una escena primitiva: un fugitivo entre los árboles, soldados acercándose y el bosque en silencio, expectante, conteniendo el aliento.
Cuando lo encontraron, no estaba solo. Estaba con dos escoltas. Siguió otro intercambio de disparos. Un helicóptero fue alcanzado por una bala durante el enfrentamiento más amplio y tuvo que aterrizar de emergencia en una instalación militar cercana.
El equipo de fuerzas especiales finalmente capturó a Oseguera y a los dos hombres que lo acompañaban; los tres resultaron gravemente heridos.
Las fuerzas de seguridad incautaron numerosas armas en el lugar, incluidos lanzacohetes RPG de diseño ruso. Era el mismo modelo utilizado en 2015 para derribar un helicóptero, matando a siete soldados mexicanos. El recuerdo de ese ataque aún persiste en los círculos militares. El Estado no olvida a sus muertos. Tampoco olvida la humillación.
Los heridos, junto con un soldado lesionado, fueron subidos a un helicóptero destinado a trasladarlos a un hospital en Guadalajara. Sin embargo, los tres miembros del cartel murieron por sus heridas durante el vuelo.
Las autoridades redirigieron el helicóptero, temiendo represalias violentas en Guadalajara, donde el cartel mantiene fuerte influencia. La aeronave se desvió al Aeropuerto Internacional de Morelia, donde un avión de la Fuerza Aérea esperaba para continuar el traslado.
Murió antes de llegar a un hospital, durante el traslado—entre el bosque y la ciudad, entre la persecución y el juicio.

Consecuencias y la dinámica del poder
La muerte de El Mencho representó el golpe más significativo contra el crimen organizado desde la recaptura de Joaquín Guzmán, conocido como El Chapo, hace casi una década.
Sin embargo, México ha reconocido que eliminar a un capo no equivale a desmantelar todo el sistema criminal.
Casi de inmediato, se propagaron represalias. Miembros del cartel incendiaron vehículos y bloquearon carreteras en varios estados. En algunos lugares, los restos calcinados de autos quedaron en medio de las vías, con el olor acre de caucho quemado en el aire. Las aerolíneas cancelaron vuelos a Puerto Vallarta. Escuelas y universidades suspendieron clases. Las autoridades pidieron a los residentes que permanecieran en casa.
Para el lunes, las autoridades informaron que al menos 30 presuntos miembros de bandas, 25 elementos de la Guardia Nacional y un civil habían muerto durante los disturbios posteriores. Más de 70 personas fueron detenidas en siete estados. Solo el domingo se registraron al menos 85 bloqueos relacionados con el cartel.
Un alto mando del cartel conocido como El Tuli, identificado como mano derecha de Oseguera y principal operador financiero, fue acusado de organizar ataques coordinados en Jalisco. Las autoridades dijeron que ofreció una recompensa de 20,000 pesos por cada militar asesinado. Más tarde ese día, las fuerzas de seguridad lo localizaron en El Grullo. Intentó huir y murió en un enfrentamiento.
La escalada fue rápida y el mensaje, inequívoco.
Para la presidenta Sheinbaum, la operación llegó en un momento crucial. El expresidente estadounidense Donald Trump ha presionado a México para frenar el tráfico de drogas. Guadalajara será sede de partidos del Mundial este verano. La estabilidad importa. La imagen importa.
Armando Vargas, del think tank México Evalúa, declaró a CNN que el Estado mexicano parecía haber calculado que las condiciones favorecían la captura de El Mencho y que no existía mejor oportunidad. Sugirió que el gobierno probablemente evaluó su capacidad para contener la violencia y restablecer el orden rápidamente.
Esto pone a prueba esa confianza.
David Mora, analista senior del International Crisis Group, dijo a CNN que la muerte del líder del cartel podría debilitar a la organización y abrir “la posibilidad de más violencia dentro del grupo”. Pero también sugirió que cárteles rivales podrían ver una oportunidad para avanzar.
Otros expresaron escepticismo sobre la fragmentación. Gran parte del liderazgo del cartel sigue prófugo, operando bajo un sistema similar a una franquicia, según Vargas. La estructura es intencionalmente resistente.
La muerte eliminó a un hombre que construyó un imperio criminal durante tres décadas, traficando cocaína, metanfetamina y fentanilo hacia Estados Unidos, empleando tácticas de estilo militar, incluido el uso de drones armados y explosivos improvisados.
Sin embargo, queda una pregunta más profunda: ¿Eliminar a una sola figura cambia la trayectoria de la violencia o solo modifica sus patrones?
En Tapalpa, los árboles siguen en pie. El camino de entrada aún serpentea hacia las cabañas. En pueblos de todo el occidente de México, la vida cotidiana se reanuda a pasos desiguales. Los niños regresan a la escuela. Los comerciantes barren cenizas de las aceras. Los soldados permanecen vigilantes junto a vehículos calcinados.
El bosque ha vuelto a la quietud.
Por ahora.
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