ANÁLISIS

El fallo sobre el aborto en Chile expone la letra pequeña entre los derechos legales y la atención

Catalina Pizarro pasó dos meses gestando a una hija que, según los médicos, no sobreviviría. Un fallo histórico sobre el aborto en Chile expone cómo las demoras médicas pueden vaciar de contenido las protecciones legales, dejando a las mujeres pagando por su tratamiento, luchando por ser reconocidas y soportándolo solas.

Un poncho contra el mundo

Catalina Pizarro usaba un poncho para que la gente no notara su embarazo. Daba clases de música, ya tenía un hijo de 10 años y esperaba su segundo hijo. La prenda le ofrecía algo que el sistema médico no le había dado: un poco de control sobre lo que le sucedía.

En 2018, a las 12 semanas, los médicos le dijeron que el embarazo no llegaría a término. Clara tenía higroma quístico cervical bilateral e hidropesía, con acumulación anormal de líquido. Según el relato de Pizarro a EFE, la condición no aparecía en la lista regulatoria usada para autorizar un aborto, a pesar del pronóstico fatal.

Chile permitía el aborto bajo tres causales desde 2017: riesgo para la madre, inviabilidad fetal y violación. Sin embargo, un año después de esa reforma, Pizarro se encontró sin poder obtener un procedimiento que solicitó amparándose en sus disposiciones. La excepción existía. El acceso no.

Le prescribieron reposo absoluto por el riesgo de perder un embarazo que le habían dicho que no llegaría a término. Se desmayó. En casa, investigaba sin parar, buscando respuestas mientras esperaba que el corazón de Clara dejara de latir. Pasaron dos meses.

“Realmente sientes que eres la muerte, que tu cuerpo es la muerte”, dijo a EFE. Todavía no ha reparado su relación con su cuerpo.

El tormento no era simplemente el duelo por un diagnóstico fatal. Pizarro describió culpa, aislamiento y la impotencia de que otra persona decidiera cómo debía sobrellevarlo. Las ecografías repetidas mostraban el deterioro de Clara, recordó. Cuando el corazón dejó de latir, se sometió a una cesárea de emergencia.

La cirugía puso fin al embarazo. Las consecuencias de esos dos meses se quedaron con la madre de Clara.

Catalina Pizarro en Santiago, Chile. EFE/Elvis González

El poder de seguir demorando

Pizarro dijo que su médico creía que una pérdida natural la afectaría menos. En su experiencia, ocurrió lo contrario. Un juicio presentado como protección la privó de la elección que había pedido hacer.

Su abogada, Francisca Millán, de AML Defensa de Mujeres, dijo a EFE que la obstrucción suele adoptar una forma menos visible que la negativa rotunda. Un examen adicional puede llevar a otra cita sin que nadie diga explícitamente que no. La paciente permanece dentro del proceso mientras la posibilidad de una atención oportuna se escapa.

Esa distinción importa bajo una ley construida en torno a causales específicas. Establecer un diagnóstico puede ser necesario; prolongar ese proceso también puede impedir que una decisión surta efecto. La misma maquinaria administrativa que certifica la elegibilidad puede dejar a una paciente esperando mientras se acaba el tiempo.

Millán dijo que el equipo legal demostró la obstrucción a través de la secuencia de pasos médicos y de informes de otros médicos. Pizarro buscó opiniones adicionales, pero salió con la sensación de que las conexiones profesionales de los médicos limitaban su independencia. Según su relato, cambiar de médico no significaba necesariamente escapar de la influencia del primero.

Para Millán, el problema central era el paternalismo: un médico que trata la autoridad diagnóstica como permiso para tomar el control de la decisión de la paciente. Su responsabilidad era establecer el diagnóstico, no elegir el camino que le sería más fácil de soportar a ella.

Después del fallo, otras mujeres se pusieron en contacto con el equipo legal con relatos de decisiones que no fueron respetadas. Esas llamadas no pueden establecer una tasa nacional de obstrucción. Sí explican por qué Millán rechaza la idea de que la experiencia de Pizarro fuera excepcional.

Para Chile, la pregunta es por tanto más amplia que si la ley incluye tres excepciones. ¿Quién puede hacerlas utilizables, y antes de que se acumule cuánto daño?

Catalina Pizarro en Santiago, Chile. EFE/Elvis González

¿Qué no puede reparar una compensación?

Una batalla civil de cinco años terminó con una sentencia que otorgó a Pizarro casi 100.000 dólares por incumplimiento de obligaciones contractuales. EFE la describió como la primera indemnización de su tipo. Su importancia radica no solo en el monto, sino en hacer que las fallas en torno al acceso al aborto legal tengan una consecuencia financiera concreta.

Pizarro dijo a EFE que el dinero nunca fue el punto. Quería evitar que otra familia viviera lo que la suya soportó.

Aun así, el dinero atraviesa esta historia. Ella pudo costear tratamiento psicológico y psiquiátrico, un privilegio que reconoció explícitamente. ¿Qué pasa, preguntó, con las mujeres que no pueden? La pregunta convierte una lesión individual en una económica: cuando la atención causa sufrimiento, después, los recursos disponibles determinan quién puede recibir ayuda.

Los dos meses de espera y los cinco años de litigio también exponen relojes distintos. Las decisiones médicas deben importar mientras un embarazo está en curso. Esta sentencia llegó después de que ella ya había perdido la oportunidad de elegir. Una indemnización sustancial puede reconocer el daño sin restaurar la decisión perdida.

Millán dijo a EFE que la sentencia reconoce el acceso al aborto como un derecho y expone debilidades estructurales en las normas existentes. Ambas mujeres consideran insuficientes las tres causales. “Nadie aborta por diversión”, dijo Pizarro a EFE. Su crítica va más allá de este caso, hasta la diferencia entre exigir una justificación excepcional y permitir el aborto dentro de un período gestacional determinado.

Para los debates latinoamericanos sobre reformas, el caso de Pizarro plantea una exigencia precisa: juzgar una ley por lo que sucede cuando una paciente intenta usarla, y no solo por el permiso impreso en la página.

Dice que la experiencia le enseñó paciencia, escucha y el valor de defender su verdad. La mujer que una vez ocultó su embarazo bajo un poncho ahora quiere que sus consecuencias salgan a la luz.

Related Articles

Botón volver arriba
LatinAmerican Post