ANÁLISIS

El proceso de paz de Colombia con el ELN: un hito entre desafíos

En un acontecimiento significativo, el gobierno colombiano y el ELN firmaron el primero de seis puntos del Acuerdo de México, marcando un hito en las negociaciones de paz en curso. Este acuerdo sobre participación ciudadana tiene como objetivo construir un amplio consenso nacional para la paz.

El proceso de paz entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha llegado a un momento crucial con la firma del primer punto del Acuerdo de México, centrado en la participación ciudadana en las conversaciones de paz. Este logro, celebrado por los países garantes, las Naciones Unidas y las instituciones acompañantes, significa un avance significativo en los esfuerzos de larga data de Colombia para poner fin al conflicto armado y construir una paz duradera.

La historia de conflictos internos de Colombia abarca más de cinco décadas e involucra principalmente al gobierno, grupos paramilitares y organizaciones guerrilleras como las FARC y el ELN. Las raíces de estos conflictos se encuentran en cuestiones profundamente arraigadas como la desigualdad de tierras, la exclusión política y las disparidades socioeconómicas. Las FARC, el grupo guerrillero más grande, llegaron a un acuerdo de paz con el gobierno en 2016, un paso histórico hacia la reconciliación nacional. Sin embargo, con su postura ideológica y estructura operativa únicas, ha sido más difícil llevar al ELN a la mesa de negociaciones.

El ELN, establecido en 1964, se inspira en las ideologías marxista-leninista y de la teología de la liberación y tiene como objetivo abordar las injusticias sociales y económicas. A pesar de varios intentos de diálogo, lograr un acuerdo de paz integral ha resultado difícil. Las negociaciones actuales representan el esfuerzo más sostenido hasta el momento, e implican un importante apoyo internacional y una agenda detallada que aborda las causas subyacentes del conflicto.

El Acuerdo de México: un paso adelante

El reciente acuerdo firmado en Caracas es el resultado de extensas discusiones y consultas. Se centra en la participación ciudadana en el proceso de paz, un elemento crítico para garantizar que los contratos resultantes sean inclusivos y reflejen las diversas perspectivas de la población colombiana. Más de 80 reuniones y aportes de más de 8.500 participantes dieron forma a este acuerdo, abordando temas críticos como el régimen político, el modelo económico, la política ambiental, la educación y la cultura.

“Reconocer el compromiso y la determinación de los diversos actores involucrados en este esfuerzo marca un hito en los procesos de paz de Colombia”, afirmaron los países garantes –Brasil, Cuba, Chile, México, Noruega y Venezuela– junto a Naciones Unidas y la Conferencia Episcopal. Este respaldo subraya el apoyo de la comunidad internacional a los esfuerzos de paz de Colombia y la importancia de una participación amplia en la configuración de una paz sostenible.

Participación Ciudadana y Acuerdo Nacional

El acuerdo recién firmado es un modelo para alianzas sociales y políticas más amplias. Su objetivo es crear un “Gran Acuerdo Nacional” para eliminar la violencia de la política colombiana y abordar los innumerables desafíos del país. Al fomentar una participación amplia, el acuerdo busca construir un panorama político más inclusivo donde diversas voces puedan contribuir a la toma de decisiones nacionales.

“La participación ciudadana es crucial para legitimar el proceso de paz y garantizar que los acuerdos reflejen las necesidades y aspiraciones de todos los colombianos”, dijo Iván Velásquez, Ministro de Defensa de Colombia, enfatizando la importancia de este enfoque participativo. Este marco está diseñado para promover el diálogo y la cooperación entre diferentes sectores de la sociedad, sentando así las bases para una paz duradera.

Desafíos adelante

A pesar de este importante progreso, aún quedan desafíos sustanciales. El proceso de paz ha estado plagado de dificultades, incluidos incidentes violentos y divisiones internas dentro del ELN. La reciente escalada de violencia en el suroeste de Colombia, particularmente en los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca, subraya la fragilidad del alto el fuego y las complejidades de negociar con grupos insurgentes fragmentados.

La administración del presidente Gustavo Petro ha respondido con una estrategia multifacética, combinando medidas militares con iniciativas socioeconómicas. Este enfoque incluye mejorar las operaciones de seguridad para desmantelar las economías ilegales, como el tráfico de drogas y la minería ilegal, que financian a los grupos armados. Además, el gobierno está coordinando con varios ministerios para desarrollar proyectos de infraestructura para mejorar las condiciones de vida y brindar alternativas a las actividades ilícitas.

Apoyo internacional y perspectivas de futuro

La participación de garantes e instituciones internacionales ha sido fundamental para hacer avanzar las conversaciones de paz. Su apoyo proporciona un marco para la rendición de cuentas y alienta a ambas partes a cumplir sus compromisos. El papel de la comunidad internacional a la hora de facilitar el diálogo y ofrecer asistencia técnica y financiera es crucial para sostener la paz.

El éxito del acuerdo dependerá de un compromiso continuo y de abordar eficazmente los desafíos actuales. La próxima renovación del alto el fuego, que expirará el 3 de agosto, y el inicio de un nuevo ciclo de diálogos formales son los siguientes pasos fundamentales. Garantizar que estos procesos avancen sin contratiempos será esencial para mantener el impulso y generar confianza entre las partes negociadoras.

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La firma del primer punto del Acuerdo de México representa un hito esperanzador en la búsqueda de la paz por parte de Colombia. Al centrarse en la participación ciudadana, el acuerdo sienta las bases para una sociedad más inclusiva y democrática. Sin embargo, el camino hacia la paz sigue plagado de desafíos que requieren un compromiso y una cooperación sostenidos de todas las partes interesadas.

El proceso de paz de Colombia con el ELN es un testimonio de la resiliencia y determinación del pueblo colombiano y sus líderes. Refleja la lucha más amplia por la justicia y la reconciliación en un país que ha soportado décadas de conflicto. A medida que se desarrolle el proceso, el apoyo de la comunidad internacional y la participación activa de la sociedad colombiana serán cruciales para lograr una paz duradera y significativa.

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