Latinoamérica sigue las elecciones de Canadá bajo tensión en EE.UU.

Mientras los canadienses se preparan para una votación rápida para elegir un nuevo líder, el presidente Donald Trump anuncia un plan para tomar territorio. Los países latinoamericanos observan atentamente, analizando las posibles señales de un conflicto inusual entre estados vecinos.
El voto crucial de Canadá y su impacto más amplio
Canadá votará el 28 de abril, meses antes de que el primer ministro Mark Carney disolviera el Parlamento debido a crecientes tensiones con Estados Unidos. Las elecciones anticipadas suelen surgir de luchas de poder internas, pero en este caso, el foco está en una amenaza declarada: Trump ha afirmado en repetidas ocasiones que podría tomar control de Canadá. Aunque históricamente la coerción económica o política de EE.UU. ha afectado más a América Latina, la posibilidad de una expansión hacia el norte sirve como una advertencia contundente para toda la región.
Carney, economista y exdirector del Banco de Canadá y el Banco de Inglaterra, describe esta elección como una lucha por la soberanía canadiense. Señala que las restricciones comerciales y amenazas territoriales de Trump representan el mayor desafío de la época. Muchos en América Latina siguen de cerca su visión, dado que la región ha enfrentado sanciones económicas, restricciones comerciales y medidas militares de EE.UU. Ahora, Canadá se encuentra en una situación que antes era más típica de países latinoamericanos, demostrando que las tácticas agresivas de Washington pueden tener repercusiones más allá de las divisiones geográficas tradicionales.
Los líderes opositores en Canadá comparten la preocupación de Carney. Pierre Poilievre, del Partido Conservador, insiste en que el país debe fortalecerse ante las amenazas de Trump y mantener una economía estable y unida. Jagmeet Singh, del Nuevo Partido Democrático, también apoya la idea de resistir cualquier intento de intervención estadounidense. Solo Yves-François Blanchet, del Bloc Québécois, minimiza las declaraciones de Trump, calificándolas como provocaciones. Sin embargo, incluso en Quebec, los votantes separatistas se alinean con Carney, ya que ven en la ayuda federal un respaldo ante la intimidación extranjera.
El cambio de postura en Canadá es notable. El Partido Liberal, antes rezagado en las encuestas, ahora lidera, impulsado por un sentimiento patriótico tras las amenazas de anexión de Trump. Esto demuestra cómo un enemigo externo puede alterar los resultados electorales, una tendencia vista en la historia latinoamericana cuando las naciones se unieron para resistir presiones extranjeras. Algo similar podría ocurrir en Canadá, debilitando a los rivales de Carney que antes parecían favoritos.
Implicaciones para el comercio y la diplomacia de América Latina
Aunque EE.UU. y Canadá han mantenido una de las fronteras más pacíficas del mundo, la retórica de Trump ha llevado a varios países latinoamericanos a reconsiderar sus estrategias. Canadá es un socio comercial clave para la región y ha trabajado junto a países latinoamericanos en diversas organizaciones multilaterales. Una Canadá anexada o desestabilizada—por improbable que parezca—podría alterar los corredores comerciales de América del Norte con posibles repercusiones globales.
En los últimos años, Canadá ha fortalecido sus lazos con América Latina a través de acuerdos como el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y diversos pactos bilaterales. Empresas canadienses invierten significativamente en minería, energía y manufactura en la región. Sin embargo, si el clima político en Ottawa se deteriora o la tensión con Washington se prolonga, estas inversiones podrían verse afectadas. Los inversionistas podrían dudar si Canadá podrá mantener relaciones estables en caso de que Trump intensifique sus amenazas, imponga nuevos aranceles o condicione acuerdos bilaterales.
Además, el papel de Canadá como defensor de la democracia en el continente podría debilitarse si su gobierno se enfoca en resistir las presiones de EE.UU. Los líderes latinoamericanos, que a menudo han contado con Canadá para respaldar iniciativas en derechos humanos y medioambiente, podrían ver reducido ese apoyo. Esto podría afectar la cooperación en foros regionales como la Organización de los Estados Americanos (OEA), donde Canadá y EE.UU. suelen desempeñar un papel clave.
Aunque la anexión sigue siendo una posibilidad remota, la retórica de Trump ya genera inestabilidad. Si un presidente estadounidense está dispuesto a usar “la fuerza” o su “poder económico”, como ha sugerido, podría sentar un peligroso precedente. Algunos temen que Washington aplique tácticas similares en México o Centroamérica para imponer sus intereses. Para América Latina, ver cómo EE.UU. presiona a su aliado más cercano es una señal de advertencia de que estas estrategias siguen vigentes.
¿Una nueva unidad regional o más divisiones?
Las amenazas económicas de Trump contra Canadá podrían acercar a Ottawa a los países latinoamericanos que buscan equilibrar la influencia de EE.UU. Algunos indicios apuntan a este cambio: los líderes canadienses han mencionado objetivos comunes con México para contrarrestar las demandas comerciales de Trump. Esta relación podría extenderse a otros países latinoamericanos que han tenido disputas con Washington. Si Carney gana, su gobierno podría fomentar nuevas alianzas para proteger la soberanía e impedir la expansión del poder estadounidense.
No obstante, el camino no está claro. Si Carney se enfrenta a un Trump reelecto, los conflictos podrían bloquear opciones diplomáticas. Canadá podría encontrar difícil fortalecer lazos con América Latina mientras enfrenta riesgos crecientes desde el sur. Además, si la postura de Carney es vista como un intento oportunista de proteger solo los intereses canadienses a corto plazo, podría tener dificultades para construir relaciones duraderas con países que han lidiado durante décadas con la intervención de EE.UU.
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Aun así, esta crisis política en Norteamérica resuena en toda la región. La votación anticipada en Canadá muestra la rapidez con que pueden cambiar los equilibrios globales ante discursos agresivos y presiones económicas de potencias más grandes. El caso ofrece tanto una advertencia como una lección de esperanza para América Latina: incluso un país tan próspero y seguro como Canadá debe movilizarse para defender su soberanía. La elección del 28 de abril no solo decidirá el próximo primer ministro de Canadá, sino que también podría redefinir cómo enfrentar la presión de EE.UU. en un mundo donde las alianzas tradicionales parecen menos firmes.