América Latina 2025: Las tasas de inflación bajaron contra todo pronóstico
América Latina cerró 2025 con una inflación que se desaceleró más de lo esperado, desafiando los temores de que los choques comerciales globales y los aranceles de EE. UU. reavivarían espirales de precios. En cambio, menores costos de alimentos y energía, políticas cautelosas y un consumo más débil transformaron el ánimo económico de la región.
Una región que se dobló, pero no se rompió
Al cierre de 2025, la inflación en América Latina contaba una historia más tranquila de lo que muchos responsables políticos temían doce meses antes. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la inflación anual mediana de la región se ubicó en 2.4 por ciento, por debajo del pronóstico del 3 por ciento que antes marcaba las expectativas. Más llamativo aún, la inflación cayó a 1.8 por ciento en septiembre, el registro mensual más bajo desde 2020, señalando que las presiones de precios se habían enfriado de manera decisiva.
Las razones fueron tanto globales como locales. Los precios internacionales de alimentos y energía bajaron, aliviando la presión sobre los presupuestos familiares desde México hasta Chile. Las cadenas de suministro se estabilizaron tras años de disrupciones. Y la tormenta arancelaria desatada por el presidente estadounidense Donald Trump, que se esperaba afectara los precios de importación, resultó más moderada de lo previsto. El resultado no fue un auge económico, sino una pausa poco común: un momento en el que la inflación aflojó su control sin que la demanda colapsara por completo.
Ese equilibrio fue importante. Para una región marcada durante mucho tiempo por precios descontrolados y cambios abruptos de política, una inflación más baja tiene peso político y social. Redefine las negociaciones salariales, modera las protestas y da tiempo a los gobiernos, aunque bajo el promedio regional persisten fuertes contrastes que muestran cuán desigual sigue siendo este alivio.
Metas cumplidas, metas fallidas
Algunas de las mayores economías de la región terminaron 2025 dentro de los márgenes establecidos por sus bancos centrales. Brasil, a pesar de enfrentar aranceles estadounidenses del 50 por ciento sobre algunas exportaciones, cerró el año con una inflación de 4.26 por ciento. Aunque por encima de su meta oficial del 3 por ciento, la cifra se mantuvo dentro del rango de tolerancia de 1.5 puntos porcentuales del Banco Central de Brasil. También representó el quinto resultado de inflación más bajo del país en tres décadas, un logro notable en una nación que alguna vez fue sinónimo de hiperinflación.
México siguió un camino similar. La inflación cerró en 3.69 por ciento, bajando desde el 4.2 por ciento de 2024, y dentro del rango objetivo del Banco de México de 3 por ciento más/menos un punto. Para los hogares, la mejora se tradujo en aumentos más lentos en los bienes básicos, aunque el crecimiento se mantuvo modesto.
En otros lugares, el panorama fue más duro. En Argentina, el gobierno de Javier Milei había proyectado una inflación de 18.3 por ciento para 2025. La realidad fue de 31.5 por ciento, muy por encima de la meta, pero aún así la cifra más baja del país en ocho años y una caída dramática desde el asombroso 117.8 por ciento registrado en 2024. La baja reflejó una estricta disciplina fiscal y monetaria, pero también una fuerte contracción del consumo, dejando a muchos argentinos sintiendo el ajuste en su vida diaria.
Bolivia experimentó un shock diferente. La inflación se disparó a 20.4 por ciento, el doble del 10 por ciento del año anterior y la tasa anual más alta desde 1988. La escasez de divisas, la caída de las exportaciones de gas natural y la gestión de los precios de combustibles subsidiados durante mucho tiempo se combinaron en una tormenta perfecta que elevó los costos en toda la economía.
Colombia también superó su meta de inflación del 3 por ciento, cerrando 2025 en 5.1 por ciento, la tercera tasa más alta de la región. Aunque ligeramente inferior a la de 2024, la cifra subrayó cuán persistentes siguen siendo las presiones de precios incluso cuando los promedios regionales mejoran.

Alivio, deflación y las sombras por delante
En gran parte de Sudamérica y Centroamérica, la inflación bajó de manera decisiva. Chile alcanzó su tasa más baja en cinco años, con 3.5 por ciento, mientras que Perú registró 1.3 por ciento, su menor nivel en ocho años. Uruguay descendió a 3.65 por ciento, desde 5.5 por ciento, y Paraguay bajó a 3.1 por ciento. Nicaragua, Guatemala y El Salvador también registraron algunas de sus cifras de inflación más bajas en años, reflejando precios más calmados pero también una demanda interna contenida.
Dos países entraron en deflación. Costa Rica cerró 2025 con una inflación de menos 1.23 por ciento y Panamá con menos 0.2 por ciento. Aunque los precios más bajos pueden sonar a alivio, la deflación persistente genera preocupación sobre el estancamiento del consumo y la inversión, especialmente en economías dependientes de los servicios y el comercio.
No todo aumento significó una crisis. La inflación de Ecuador subió a 1.91 por ciento, desde 0.5 por ciento, principalmente por el alza en los precios del diésel tras recortes a los subsidios. República Dominicana y Honduras se mantuvieron dentro de los rangos de tolerancia de sus bancos centrales pese a una inflación cercana al 5 por ciento, reflejando una presión controlada pero perceptible sobre los hogares.
Las mayores lagunas de datos surgieron en Cuba y Venezuela. Las cifras oficiales situaron la inflación cubana en 14.07 por ciento, la más baja desde la pandemia, pero el dato excluye el mercado informal que domina la vida diaria. Estimaciones independientes, como las del economista Pavel Vidal, sugieren una inflación real más cercana al 70 por ciento. Venezuela, por su parte, no publica datos oficiales de inflación desde noviembre de 2024 y las mediciones independientes cesaron en medio de denuncias de persecución, dejando a los ciudadanos navegando precios sin referencias confiables.
De cara a 2026, el desafío de la región es una continuidad frágil. La inflación se ha enfriado desde mediados de 2023, ayudada por tasas de cambio estables, precios globales moderados de insumos y menores costos logísticos. Pero la incertidumbre persiste. Futuras decisiones arancelarias de Washington, la volatilidad en los mercados energéticos y la posibilidad de un mayor control estadounidense sobre la explotación petrolera en Venezuela podrían cambiar el equilibrio rápidamente.
Mantener la inflación contenida exigirá políticas monetarias disciplinadas y una gestión creíble de las monedas en toda la región. Los avances de 2025 muestran que América Latina puede doblarse sin romperse. Si podrá mantener esa línea ante el próximo choque global sigue siendo la pregunta sin respuesta que marca cocinas, salarios y política desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
Lea También: La tentación del dólar regresa a América Latina mientras Washington vuelve a oler influencia




