VIDA

Las reformas penitenciarias de El Salvador ofrecen esperanza, pero las familias siguen exigiendo justicia

Padres en El Salvador que antes temían a las pandillas ahora esperan noticias de las cárceles que tienen a sus hijos. Una revisión propuesta ofrece esperanza, pero las familias que reclaman juicios justos quieren más que un castigo reducido por delitos que insisten en que sus hijos nunca cometieron.

Dos hijos, dos miedos distintos

Reynaldo Santos enseñó a sus hijos a evitar a los criminales y a ganarse la vida honradamente. En 2017, su hijo mayor siguió ese consejo al denunciar a unos pandilleros que querían quedarse con su motocicleta.

Al día siguiente, tuvo que irse.

“O se iba, o lo podían matar”, dijo Santos a EFE. Años después, otro hijo desapareció de la vida cotidiana de la familia, esta vez bajo custodia del Estado.

La policía arrestó a Jonathan Santos Castillo en su casa el 26 de diciembre de 2022. Su padre dice que el informe de arresto señalaba que los agentes no encontraron nada que lo vinculara con pandillas y que no había orden de captura. Santos recuerda que un agente declaró “limpio” a su hijo antes de llevárselo para investigarlo.

“Fuimos víctimas de los grupos criminales, y hoy somos víctimas del Gobierno”, dijo a EFE.

Para esta familia de Soyapango, la acusación de colaboración con pandillas invierte su relato de supervivencia bajo el dominio de las pandillas. Santos cree que la reputación violenta del vecindario ha ayudado a convertir a los residentes en sospechosos. Argumenta que vivir donde los criminales ejercían poder no hace a alguien parte de su organización.

La experiencia de su hijo mayor expone la dificultad oculta dentro de la palabra “colaboración”. La exigencia de una motocicleta podía llevar una amenaza de muerte. Cualquier investigación seria debe distinguir entre la ayuda voluntaria, la coerción, la proximidad y conductas que nunca ocurrieron. Esas distinciones requieren examinar las acciones individuales.

El Gobierno del presidente Nayib Bukele sostiene que su ofensiva de emergencia restableció el control territorial y redujo drásticamente la violencia. Su popularidad refleja el alivio tras años de intimidación de las pandillas. El relato de Santos muestra por qué quienes exigen protección frente a las pandillas también pueden exigir protección contra el encarcelamiento injusto.

El régimen de excepción opera desde marzo de 2022, suspende garantías constitucionales y ha permitido a las autoridades arrestar a más de 96.000 personas. Las organizaciones de derechos humanos han recibido más de 6.400 denuncias de abusos, y el Gobierno ha reconocido haber detenido a personas inocentes.

Esas denuncias no pueden producir una tasa confiable de detenciones injustas: se refieren a presuntos abusos y no equivalen a hallazgos judiciales concluidos. Pero los errores reconocidos hacen esencial un proceso de corrección eficaz.

Reynaldo Santos, padre de Jonathan Santos Castillo, un joven detenido bajo el régimen de excepción, en San Salvador, El Salvador. EFE/Rodrigo Sura

Lo que dejan fuera los porcentajes

Los beneficios penitenciarios propuestos por Bukele han elevado las expectativas porque las familias ven una posible apertura tras años de encierro.

La escala necesita una lectura cuidadosa.

Su gráfico clasificó a 96.457 presos en categorías relacionadas con pandillas: 42.125 miembros plenos y 25.910 miembros aún no iniciados formalmente, seguidos de 17.793 colaboradores voluntarios habituales y 10.629 colaboradores ocasionales. Son clasificaciones del Gobierno; el gráfico no establece la evidencia ni el resultado judicial en cada caso.

La categoría ocasional representa alrededor del 11 % de ese total. Bukele ha sugerido que aproximadamente la mitad podría calificar para beneficios, estimando unas 5.000 personas. Eso equivaldría a cerca del 5,2 % de todos los representados en su gráfico. La propuesta concierne, por tanto, a una pequeña minoría, pese a la prominencia de la cifra del 50 %.

EFE informó de que los presos elegibles podrían ingresar a Cero Ocio, un programa de trabajo de servicio público que ofrece una vía hacia la libertad condicional. Esto describe un mecanismo para reducir el encierro, no un anuncio de que las personas seleccionadas fueran acusadas injustamente.

Para los padres que afirman la inocencia, esa distinción va más allá de la terminología jurídica. Volver a casa bajo un marco de castigo puede dejar sin resolver la acusación original. Una familia que busca un examen de la evidencia plantea una pregunta distinta de si un preso se ha ganado un beneficio.

Bukele también ha insistido, en declaraciones reportadas por EFE, en que ningún pandillero será liberado jamás. Esa promesa hace decisiva la clasificación. Si una persona fue colocada por error en una categoría más grave, una revisión limitada a los colaboradores ocasionales podría no llegar nunca al error de fondo.

Una revisión honesta necesita, por tanto, poner a prueba las propias categorías. La aritmética explica cuántos podrían beneficiarse; no puede determinar quién pertenece tras las rejas.

Josefina Elías, madre de René Campos, muestra fotografías y documentos en San Salvador, El Salvador. EFE/Rodrigo Sura

Las noticias de una madre desde la cárcel

Josefina Elías no ve a su hijo René Campos desde junio de 2023. Se preparaba para obtener licencias adicionales de marino mercante cuando las autoridades lo arrestaron como presunto colaborador, dijo a EFE.

Cree que su domicilio en una zona estigmatizada de Ilopango lo hizo vulnerable. Más de tres años después, conoce su situación solo por llevar a la cárcel paquetes con artículos de primera necesidad.

Los funcionarios le dicen que ha cambiado de celda, pero sigue en el mismo sector. Ella describe estos fragmentos como su única prueba de vida.

No pueden decirle cómo luce, si está bien, ni qué diría si le permitieran hablar con ella.

Elías también afirma que funcionarios de la defensa pública perdieron documentos que presentó para demostrar los lazos comunitarios de su hijo. Tales registros no pueden por sí solos zanjar la culpabilidad o la inocencia, pero perderlos obstruye a una familia que ya batalla para hacer visible una vida individual dentro de una carga de casos enorme.

Las reformas legislativas que permiten juicios masivos agudizan esa preocupación. Juzgar juntas a presuntas redes criminales no elimina la necesidad de establecer la responsabilidad de cada acusado y permitir una defensa significativa. La eficiencia no puede responder si este hombre en particular cometió este delito en particular.

Para Jonathan han pasado casi cuatro años desde su arresto. Para René, la preparación profesional ha dado paso a un encierro prolongado. Sus padres buscan decisiones basadas en la evidencia, con el acceso suficiente para cuestionarla.

“Mi hijo no puede defenderse”, dijo Elías a EFE. “Pero aquí estoy yo, como su madre, luchando por él”.

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