Las soluciones solares enfrentan una batalla cuesta arriba en la creciente crisis de basura de La Habana

En La Habana, triciclos eléctricos solares recogen la basura que dejan atrás la escasez de combustible. El pequeño experimento de saneamiento de Cuba ofrece empleo y calles más limpias, a la vez que expone los límites de la iniciativa privada en una ciudad desbordada por servicios que fallan.
De alquilar cuartos a recoger basura
Ana Román se ganaba la vida alquilando habitaciones a visitantes extranjeros. A los 58 años, con el turismo derrumbándose a su alrededor, ha encontrado otra forma de ganar dinero: ayudar a los conductores a recoger basura de negocios y casas en La Habana.
“Es un trabajo bastante duro, bastante exigente”, dijo a EFE. También se quejó del comportamiento descuidado de los residentes, aunque muchos vecinos agradecen a las cuadrillas por venir.
Su nuevo empleador, El Rampeño, opera unos 15 triciclos eléctricos alrededor de La Rampa, en El Vedado. Desde julio, los vehículos recogen desechos dos veces al día, a las 8 de la mañana y a las 8 de la noche. Entre sus clientes hay restaurantes privados, tiendas, mercados y el Hotel Nacional de Cuba.
Un recorrido de recogida puede durar un par de horas. A veces la basura acumulada alarga el trabajo.
El cambio de ocupación de Román da al proyecto un significado más allá de las aceras más limpias. La misma crisis económica que erosionó su antiguo sustento ha creado una demanda urgente de su nuevo trabajo. El retroceso del turismo y el deterioro del saneamiento se encuentran en una sola vida laboral.
Gana aproximadamente 15.000 pesos, equivalentes en el reportaje de EFE a unos 18 dólares al tipo de cambio informal o 125 dólares al tipo oficial. Esa diferencia de casi siete veces refleja valoraciones monetarias en competencia, no dos sueldos distintos. Ninguna de las dos cifras en dólares explica por sí sola lo que sus ingresos pueden comprar localmente.
La distinción importa al describir el servicio como barato. Las autoridades locales fijaron la tarifa doméstica en aproximadamente 100 pesos, unos 12 centavos al tipo informal. Para los residentes que ganan en pesos, la asequibilidad depende de sus ingresos y de con qué frecuencia deben pagar, detalles que la tarifa reportada no ofrece.

La luz solar resuelve solo un problema
Yasier Hernández, el líder del proyecto, de 35 años, mostró a EFE una estación de carga equipada con 60 paneles solares y respaldo de baterías. La instalación ayuda a mantener los vehículos en marcha durante apagones que pueden superar las 20 horas diarias.
Un vehículo eléctrico conectado a una red poco fiable simplemente cambiaría una interrupción por otra. Generar electricidad localmente, con baterías que almacenan energía para usarla después, aborda esa vulnerabilidad. El logro práctico es mantener un horario de recogida cuando tanto el combustible como la electricidad pública pueden fallar.
Hernández dijo a EFE que la operación emplea a 40 personas en tareas de recogida, comerciales y administrativas. Surgió de una empresa establecida hace dos años en Villa Clara, centrada originalmente en textiles, equipos de protección y ropa de trabajo especializada.
Ese origen sugiere adaptación más que un sistema de saneamiento diseñado desde cero. Un negocio se ha movido hacia una necesidad insatisfecha, armando vehículos, trabajadores y su propio suministro de energía en torno a un servicio que al Estado le cuesta prestar.
Pero su independencia termina en el punto de descarga.
Hernández quiere expandirse a más zonas de El Vedado y ha pedido al gobierno local contenedores adicionales donde las cuadrillas puedan depositar los desechos. Esa solicitud identifica la siguiente limitación. Despejar la puerta de un restaurante no completa el proceso de eliminación; la basura aún necesita almacenamiento seguro, transporte posterior y un destino final adecuado.
Si esas etapas se estancan, una recogida más rápida en los barrios puede trasladar la acumulación en lugar de eliminarla. Más triciclos no resolverían automáticamente ese problema.
La escala es aleccionadora. Las cifras oficiales sitúan la generación diaria de residuos sólidos de La Habana en unos 30.000 metros cúbicos, equivalentes a 210.000 en una semana. Eso es basura producida, no basura que quedó sin recoger. Sin volúmenes publicados de carga y de recogida, las autoridades no pueden asignar a los 15 vehículos una parte creíble de las necesidades de la ciudad.

¿Quién paga por calles más limpias?
La debilidad es anterior a este experimento. En 2023, las autoridades reconocieron que menos del 40 % del equipo de recogida de La Habana estaba operativo. Más de seis de cada diez unidades no estaban disponibles entonces, aunque esta cifra histórica no describe la flota actual.
Revela cuán profundamente se había deteriorado el servicio antes de que llegaran los triciclos eléctricos. La escasez de combustible agrava un sistema que ya batallaba con falta de equipos y de contenedores.
Lo que está en juego para la salud va más allá de un paseo desagradable. La epidemia de dengue y chikungunya reportada en Cuba en 2025 involucró 81.909 infecciones y aproximadamente 65 muertes. Esas cifras nacionales no pueden atribuirse por completo a la basura ni usarse para medir el impacto sanitario de un proyecto de un solo barrio.
La conexión es, sin embargo, concreta. Los recipientes desechados que retienen agua pueden ofrecer criaderos para los mosquitos que transmiten estas enfermedades. La retirada regular puede reducir esos hábitats, junto con una gestión confiable del agua y el control de mosquitos.
El Rampeño también plantea una cuestión política conocida en las ciudades latinoamericanas: cómo prestar servicios comercialmente viables a hogares y calles que no pueden atraer clientes que paguen.
Sus rutas atienden principalmente a negocios, mientras que los precios para los hogares siguen regulados localmente. Este arreglo se negocia entre el capital privado y la autoridad pública. Su valor más amplio dependerá de si la expansión mejora la cobertura más allá de las rutas de recogida más atractivas.
Los equipos solares y las baterías también requieren mantenimiento y eventual reemplazo. Un servicio duradero debe financiar esos costos mientras paga adecuadamente a los trabajadores, dota a las cuadrillas de equipo de protección apropiado y mantiene manejables las tarifas de los hogares. El sol no elimina la factura.
Román ofrece una medida más inmediata. “Todo el mundo y las bodeguitas nos agradecen mucho”, dijo a EFE.
Por ahora, la gratitud llega tras una recogida completada. Convertir ese alivio en un saneamiento confiable exigirá que el resto del sistema de desechos de La Habana siga funcionando después de que su triciclo se haya ido.



