Todo lo que necesita saber para entender la incontrolable crisis de Nicaragua

Ya se cumplen 100 días desde que iniciaron las protestas y aunque se registran más de 300 muertos y 2000 heridos, los disturbios parecen estar lejos de terminar

Todo lo que necesita saber para entender la incontrolable crisis de Nicaragua

Hace poco menos de 40 años Daniel Ortega era un ícono de libertad y progreso. Se había convertido en uno de los líderes más reconocidos de la revolución Sandinista que derrocó la dictadura de la familia Somoza. Sin embargo, hoy en día, Ortega es el principal responsable de la H1: crisis por la que atraviesa Nicaragua y se ha convertido en símbolo de todo aquello contra lo que luchó entonces: represión, corrupción y violación de derechos humanos.  Aunque todo parece haber iniciado el 18 de abril, después de que el gobierno presentara una reforma al sistema de pensiones y seguridad social, que una gran parte del país consideró injusta, en realidad la H1: crisis tiene antecedentes más antiguos. 

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H2: Corrupción y autoritarismo

La historia reciente de Nicaragua está mancillada de varios escándalos de corrupción, los cuales tuvieron su auge con la presidencia de Arnoldo Alemán. Es importante tener en cuenta que Daniel Ortega, quien ya había sido presidente entre 1985 y 1990, se alió con Alemán para pactar un acuerdo que beneficiaría a sus respectivos partidos y a la Iglesia católica nicaragüense, que usó su influencia para respaldar el pacto.

Sin embargo, las dudas sobre Ortega quedaron en el olvido por un tiempo cuando volvió al poder en el 2006 y estableció la gratuidad de la Educación y la Salud. En los siguientes años, la figura de Ortega se asociaría cada vez más al autoritarismo, primero con el controvertible fallo de la Corte Suprema que le permitió reelegirse en 2012, y luego con el dudoso proceso electoral del 2016, en el que varios diputados opositores fueron destituidos y el mismo Ortega impidió la observación internacional.

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H2: Reforma al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS)

La reciente H1: crisis de Nicaragua inició después de que el gobierno publicara una nueva reforma a las pensiones y la seguridad social el 18 de abril. Dicha reforma planeaba incrementar el porcentaje de contribución de los empleados y los empresarios, a la vez que reducía las pensiones. Ese mismo día se presentaron protestas en la ciudad de León, donde se ubica el INSS, y en Managua. Muchos de los opositores acusaban al Estado de mal manejo y corrupción con los fondos de dicha institución. En ambos casos se registraron enfrentamientos con grupos que defendían la reforma y en los días siguientes se expandieron las protestas a lo largo del país, con la participación primordial de los estudiantes. Varios murieron en esos primeros días y se censuraron canales públicos de televisión que informaban sobre las protestas. Aunque el 22 de abril el presidente Ortega revocó la reforma e invocó una mesa de dialogo que sería mediada por la Conferencia Episcopal, las protestas continuaron con el apoyo del movimiento campesino para exigir la dimisión de Ortega.

H2: Represión y violaciones a los derechos humanos

Después de que le fuera exigido al gobierno liberar a los detenidos durante las protestas, surgieron varias denuncias por tortura. Al mismo tiempo, la policía antimotines ejercía cada vez más violencia para contener las protestas y aparecieron en escena paramilitares enmascarados con armas de alto calibre. Por estas razones, los estudiantes que lideraban las protestas, el Movimiento Universitario 19 de Abril, se negaron a participar en las mesas de diálogo.

El gobierno ha hecho varios intentos de controlar la versión oficial de la H1: crisis, describiendo a los opositores como “minúsculos grupos alentadores de odio” (según las palabras de la vicepresidente Rosario Murillo, esposa de Ortega, emitidas en un discurso el 19 de abril), negando cualquier nexo con los grupos paramilitares que han asesinado a varios estudiantes e incluso tildando a los estudiantes opositores de “paramilitares que han atacado a la policía nicaragüense que pretendía proteger a la población durante las revueltas”, tal como hizo Ortega el pasado lunes en el canal estadunidense Fox News.

H2: Vuelta al pasado

En una conferencia de prensa el pasado 10 de julio, la Asociación Nicaragüense Pro-Derechos Humanos (ANPDH) declaró un registro de 351 ciudadanos muertos, 2100 heridos (muchos sin recibir asistencia médica), y 329 secuestros y desapariciones. El estado de la H1: crisis ya empieza a asemejarse a los años de la guerra civil nicaragüense, esta vez con Ortega imitando a quien alguna vez fue su enemigo, el dictador Anastasio Somoza.

En un acto de total ironía, el presidente Ortega conmemoró 39 años de la revolución sandinista el pasado 19 de julio, y acusó en el evento a la Conferencia Episcopal –que servía de mediadora entre oposición y gobierno– de golpistas. Mientras tanto, las torturas y ejecuciones extrajudiciales no se detienen. La oposición ha conseguido bloquear varias carreteras del país para llamar la atención internacional al detener las rutas de comercio, primordiales para la economía de Centroamérica. Más allá del intento de reforma, la oposición (que a este punto incluye a la gran mayoría de la ciudadanía, incluidos empresarios, estudiantes, campesinos y hasta sandinistas) acusa a Ortega de intentar prevalecer en el poder y establecer una dinastía como la que alguna vez tuvo Somoza, pues varios de sus familiares ocupan importantes cargos públicos. Se exige, por encima de todo, el derecho a la protesta, la libertad de prensa y que Ortega llame a elecciones anticipadas, pero éste se niega rotundamente y la H1: crisis no parece tener un final cercano.

LatinAmerican Post | Nicolás Rodríguez
 

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