La “América para los americanos” de Monroe o el “Destino Manifiesto” han sido las políticas e ideologías que ha perseguido la nación del norte

 

El vicepresidente de los Estados Unidos, Michael Pence, ha dicho durante su visita a Cartagena de Indias, que “una dictadura en Venezuela, es inadmisible”. Es elocuente la aseveración de Pence, ya que apunta a que los Estados Unidos usará “todo su poder político y económico para restablecer la democracia, lo hacemos porque es correcto, porque los venezolanos merecen la libertad.” Pues bien, el señor Pence es sólo un continuo de una voz de hace un par de siglos atrás.

La “América para los americanos” de Monroe o el “Destino Manifiesto” han sido las políticas e ideologías que ha perseguido la nación del norte. Sustentada en la industrialización, el capital y el consumo de recursos naturales; dicho guion ha sido la punta de lanza de la “política” exterior estadounidense. Con ellas se han disuelto gobiernos, impuesto verdaderos dictadores, desaparecido miles de personas, derrocado líderes sociales, desaparecido activistas, “balcanizar” regiones enteras. No es novedad literaria, mucho menos el hilo negro del largo asunto llamado humanidad. Esto es una voz que se suma, desde la posibilidad de acceder a una trinchera informativa, a todo lo acontecido ayer, hoy y prevenir el mañana.

El irritante y belicoso discurso/agenda de los “supremacistas blancos” viene acompañado de otro continuo histórico que esperó el momento adecuado para hacerse presente. El racista y pobre perfil de la dirigencia estadounidense, desprende un tufo a derrota de la, sobrevalorada, “democracia”. En su conjunto, la estructura que sostiene el andamiaje sociopolítico del norte depende de la plutocracia. Misma que se ha confeccionado y asegurado a su alrededor una serie de “herramientas” legaloides, “amistades” de corte político y financiero, “recursos” financieros ilimitados, “almacenamiento” de recursos naturales en el extranjero y un largo etcétera.

Es menester preguntarse y cuestionarse si ese tipo de “democracia” no es más que un simple producto ideológico vendible o una agenda impuesta desde la obscuridad de alguna oficina o bunker. Los golpes hacia ella son repetidos y a nadie parece importarle. Se le defiende en el discurso, pero en los hechos se le pisotea y mancilla para, al parecer, dejarla sin recursos y justificar su derrota.

Tal pareciera que esa idea ya no funciona para las élites y se urgen a sí mismos a la construcción de otro paradigma socio-jurídico-político. ¿Cuál podría ser el nuevo paradigma? Para los supremacistas la respuesta es sencilla: terminar con las razas “inferiores” y continuar su marcha triunfal. No existe posibilidad de que la diferencia pueda convivir en un espacio “democrático”. ¡Vaya paradoja y mazazo de realidad! La otrora nación “democrática” se ha asestado un golpe mortal y lo sabe.

La reaparición de nazis y del KKK pone de manifiesto que la “democracia” estadounidense es, como todo lo que orbita a la escena política del norte, un gran acto montado al más puro estilo Hollywood. Es un hecho, la escena está montada desde hace varias décadas y no parece que sus principales actores, los plutócratas, quieran cambiar el guion o los actores. Hoy y mañana, acudimos al funeral de la “democracia”, la guardia de honor la montan las elites, la plutocracia, las transnacionales, la corrupción, la impunidad, la rapiña... Si se acaba el tiempo o no, la cuestión sigue en el tintero y seguimos persiguiendo, desde mi punto de vista, una entelequia.       

 

Latin American Post | Jaime Contreras

Copy edited by Susana Cicchetto 

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