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20 años del euro: el tormentoso camino de la moneda europea

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El primero de enero de 1999 vio la introducción del euro, desde entonces el camino no ha sido fácil, pero sentó bases sólidas para el futuro

20 años del euro: el tormentoso camino de la moneda europea

El marco alemán, la peseta española, la lira italiana y el franco francés son apenas algunas de las monedas nacionales desplazadas por el euro, que nació el primero de enero de 1999 y tardó 3 años en convertirse en moneda común.

Read in english: Euro is turning 20! The rough path of the European currency

Al principio, el euro solo servía para unificar el desempeño de las 22 monedas de la ahora denominada zona euro. Desde el inicio del año 1999 el valor de estas 22 monedas ya no se calcularía de forma independiente, sino que se utilizaría el euro, creado a partir del valor de cada una de estas monedas en enero de 1998, para determinarse.

Los billetes no entrarían en circulación hasta el 2002, pero desde 1999 la moneda común europea existía en forma virtual, cómo cheques de viajero y en transacciones electrónicas.

A partir de ese momento, cada uno de los 22 países que la adoptaron, tendrían que someterse a estrictos regímenes cambiarios. Entre ellos una tasa fija con respecto al euro, para que luego se pudiese introducir en forma de papel moneda para integrarse ya completamente en la vida del europeo común.

Una historia de inestabilidad

Hace 20 años, cuándo el euro se introdujo, estaba tasado en 1,16 euros frente al dólar. Sus primeros años fueron turbulentos, y ante el escepticismo de los inversionistas y los mercados que no confiaban en la longevidad del proceso, se desplomó con velocidad, perdiendo casi la mitad de su valor durante sus primeros 3 años de circulación.

El punto más bajo en la historia del euro llegó poco después de su introducción. En el año 2001 su precio cayó a un bajo histórico: 0,85 euros frente al dólar.

Pero poco después encontró su ritmo. Impulsada por la sensación de conveniencia de los bancos europeos, los prestamos internos (es decir, entre bancos de la zona euro) se dispararon, alcanzando a representar un cuarto de todos los prestamos emitidos por los bancos europeos en 2008, según The Financial Times. Esta cifra demostró cómo la adopción por parte de los grandes prestamistas terminó por sellar la subsistencia del euro.

El precio del 2001 se convertiría en una anomalía, y el valor del euro continuaría en ascenso relativamente ininterrumpido hasta el 2008. En este año, justo antes de que estallara la crisis financiera global, el euro alcanzó el precio más alto de su historia: 1,58 euros frente al dólar.

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Una historia de crisis

La crisis financiera global del 2008 fue el principio de los problemas para la todavía joven moneda europea. En el 2009 se enfrentaría a su prueba más difícil hasta la fecha, la crisis del euro.

Con la complicidad de la moneda común, muchos países de la zona euro, principalmente Grecia, Portugal, Irlanda y España, se encontraron en una situación grave. Les era imposible pagar, sin asistencia de terceros, la deuda que habían adquirido sus gobiernos y bancos comerciales.

Aquí cayó en evidencia el mayor problema del euro. Claro que había unión cambiaria, todos los países de la zona utilizaban la misma moneda, con el mismo valor. Lo que no había era unión fiscal, cada país daba uso a esa moneda cómo quisiera. Países con regímenes pensionarios insostenibles y sistemas de recolección de impuestos ineficientes comenzaron a caer y a arrastrar el valor del euro con ellos.

Es aquí cuándo entra el Banco Central Europeo, que con Mario Draghi a la cabeza se pondría a la tarea de salvar el euro. Tras años de inestabilidad y de dudas a causa de la crisis del euro, que disparó la especulación acerca de un fin prematuro para la innovadora moneda común, el Banco Central Europeo declaró su respaldo total a la moneda y su disposición a salvarla de la tragedia de la deuda.

“Dentro de nuestro mandato, el Banco Central Europeo está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente.” Afirmó Draghi durante una conferencia en Londres en el año 2012.

Y fue así, ya que se introdujo un paquete con medidas de estabilización para la moneda, préstamos a bajo interés para que todos los miembros de la zona euro financiaran su deuda existente y un paquete de rescate para los más afectados. El discurso de Draghi y las medidas que le siguieron dieron nueva vida al euro, y lo que es más, cementaron su posición como moneda permanente.

Una historia de éxito

A pesar de los graves tropiezos en el camino, el euro continúa en pie 20 años después. Hoy en día se tasa a 1,14 euros frente al dólar, casi lo mismo que cuándo nació en 1999. Justo cuándo parecía haber encontrado la estabilidad, el referendo del Brexit puso más signos de interrogación tras su nombre, y con cada año que se extiende el proceso de secesión del Reino Unido, las dudas crecen.

De igual manera, la adopción del euro ha sido satisfactoria para el ciudadano común. El compromiso demostrado por el Banco Central Europeo para mantenerla viva a cualquier costo ha terminado por establecerla como divisa internacional y ha contentado a los europeos con su habilidad para retener el valor.

Mientras que, según cifras de Eurobarometer, en el 2013 sólo el 62% de los europeos apoyaban su continua existencia, hoy ya son más del 75%. Hacia el futuro, parece que los jóvenes ya no contemplan otra opción: casi 90% de ellos no utiliza la moneda anterior para hacer cuentas o no recuerda su valor. El euro llegó para quedarse, la pregunta no es si va a navegar las crisis que vienen, sino cómo lo va a hacer.

 

LatinAmerican Post | Pedro Bernal

Copy edited by Laura Viviana Guevara Muñoz

 

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