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En Colombia ametrallan y bombardean la paz

Desde la terminación del conflicto armado en Colombia, van 158 miembros de las FARC asesinados, 88 en el actual gobierno de Iván Duque.

Vidrio roto por una bala.

Vidrio roto por una bala. / Foto: Pixabay - Imagen de referencia

LatinAmerican Post | Alberto Castaño Camacho

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El pasado 24 de octubre en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación en Mesetas, en el departamento del Meta, fue asesinado Alexander Parra Uribe, un excombatiente de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Es la primera vez que un exguerrillero es asesinado en una zona en donde se supone que debería estar protegido por las fuerzas del estado garantizando su seguridad.

Desde la terminación del conflicto armado de más de 50 años entre el estado colombiano y la extinta guerrilla, van 158 miembros de las FARC asesinados , 88 en el actual gobierno de Iván Duque.

Parra Uribe era delegado de las FARC al Consejo Departamental de Reincorporación en el Meta y coordinador del proyecto turístico Ambientes para la Paz apoyado por la cooperación internacional, el cual presentó al Secretario General de la ONU en su visita en enero 2018.

Además era el esposo de Luz Marina Giraldo, candidata al concejo municipal de Mesetas en el departamento del Meta. La mujer, claramente afectada por el asesinato de su marido, concedió una entrevista a la cadena Caracol Radio de Colombia en la que manifestó que minutos antes del asesinato, “estaba sentada con él donde estaba jugando ajedrez con los amigos, pero se puso a hacer mucho frío, entonces yo me acosté, nunca volvió, nunca volvió a su camita”.

Victoria Sandino, senadora por el partido FARC manifestó que se encuentra “muy preocupada por la esperanza de paz que tienen la mayoría de colombianos”, y agregó que “nosotros tenemos mucho dolor por lo que está ocurriendo, he venido lanzando la alarma al estado y a la comunidad internacional para que entendamos que si no pasamos la página de la guerra, este número de exguerrilleros asesinados se asemeja al genocidio de los años 80 contra la Unión Patriótica”.

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Seis disparos contra este exguerrillero que le apostó a la reconciliación y a la paz en Colombia cegaron su vida y este hecho supone una escalada de violencia contra aquellos exguerrilleros que le apostaron a la paz. Es paradójico y muy lamentable que se presente un asesinato en un lugar llamado Espacio de Reconciliación.

“Soy el representante ambiental para el espacio (Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación), estoy trabajando en el tema Ambiente Para La Paz, para hacer la paz con la naturaleza, en cuanto a estas elecciones (las del pasado 27 de octubre), me parece algo inédito, algo hermoso por la paz y la tranquilidad, pienso que la paz nos ha llevado a un despertar y a esa confianza, ya no está la zozobra de los tiros, de las bombas, la persecución, el temor, yo pienso que ya hay un reencuentro de la familia colombiana”, fueron unas de las últimas palabras que Alexander compartió a través de un video difundido por redes sociales.

Este líder ambiental perteneció como guerrillero al temido bloque oriental de las FARC, que durante décadas delinquió en el departamento del Meta y fue parte de la guardia personal del extinto fundador de esta guerrilla Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo.

También la ONU manifestó en un comunicado su “su profundo rechazo por este hecho y por el aumento de asesinatos de excombatientes de las FARC en proceso de reincorporación, que llega a 158 desde la firma del Acuerdo de Paz”,

“El asesinato de Alexander Parra Uribe es el primer caso ocurrido dentro de un espacio, resguardado por la fuerza pública, en donde excombatientes adelantan su proceso de reincorporación a la vida civil”, se recoge del comunicado de Naciones Unidas.

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Lo que inmediatamente dirige la mirada sobre la fuerza pública quien se encontraba en esos momentos a menos de un kilómetro del lugar del asesinato y tardó cerca de 30 minutos en llegar, según narra la esposa del líder ambiental y social.

El asesinato de Parra Uribe coincide con un escandaloso informe de la Revista Semana en Colombia titulado “Coronel, ya lo maté”, en el que se revelan los hechos ocurridos en Norte de Santander con el asesinato del también exguerrillero Dimar Torres presuntamente ordenado por miembros activos del Ejército Nacional y que contrario a lo que manifestó el Ministro de Defensa colombiano Guillermo Botero, no fue una muerte accidental en un forcejeo en el que el guerrillero supuestamente le tratara de quitar el fusil a un cabo del Ejército sino una ejecución extrajudicial.

Lo cierto del tema es que ya se cuentan por decenas los asesinatos a exguerrilleros en el país en el que le disparan a la paz y que si no se redoblan los esfuerzos estatales por frenar esta curva ascendente de crímenes, se contarán por centenas y tendrá razón la senadora Sandino en comparar estos hechos con el exterminio sistemático por parte del estado y de los narcotraficantes de los militantes de la Unión Patriótica en la década de los 80 en Colombia.

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