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Masacre de indígenas en Cauca Colombia

La tierra del pueblo indígena Nasa quedó manchada con la sangre de Cristina Bautista, la Gobernadora del Cabildo de Tacueyó en el norte del departamento del Cauca en Colombia el pasado 29 de octubre cuando las armas de las disidencias de las FARC emboscó el vehículo en el que se desplazaba asesinando a la dirigente indígena y a cuatro comuneros de la Guardia Indígena en este resguardo.

Persona de comunidad indígena.

Persona de comunidad indígena. / Foto: Pixabay - Imagen de referencia

LatinAmerican Post | Alberto Castaño

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Los nombres de Asdrubal Cayapú, Eliodoro Finscue, José G. Soto y Jaime W. Soto, que fueron asesinados, junto a su Gobernadora, siendo Guardias Indígenas, serán recordados por toda su comunidad como valientes comuneros que se opusieron a que los grupos de narcotraficantes que delinquen en esa zona del país utilizaran su territorio ancestral para el tráfico de narcóticos.

Son las comunidades más vulnerables las que siguen padeciendo en Colombia los estrépitos de la guerra a manos de grupos de guerrilleros que no quisieron acogerse al proceso de paz firmado con el gobierno pasado. Las disidencias se resisten a abandonar el lucrativo negocio del narcotráfico y siguen azotando este territorio al occidente de Colombia ante la mirada inclemente de las fuerzas del estado, que han demostrado su incapacidad para frenar tanto el negocio del tráfico de narcóticos, como la violencia que desata esta industria ampliamente rechazada por las comunidades indígenas en esa región del país latinoamericano.

Según la versión otorgada por Luis Alfredo Acosta, coordinador nacional de la guardia indígena a LatinAmerican Post, el día 24 de octubre en la tarde la Guardia Indígena, junto con la Gobernadora “estaban haciendo un ejercicio de control de la zona, interceptaron un grupo armado y los tomaron como detenidos, en ese momento empiezan a disparar contra la comunidad indefensa con tiros de fusil y pistola, allí masacraron a nuestros compañeros”.

El coordinador de la Guardia Indígena a nivel nacional explica que hacen este tipo de controles porque “nosotros estamos facultados como autoridades indígenas para ejercer control del territorio, porque acá han subido secuestrados, nos han señalado de que somos cómplices de narcotráfico, de los grupos armados ilegales, entonces nosotros hacemos ese ejercicio por mandato de nuestro congreso, para impedir que nuestro territorio sea violado de esta manera. Siempre lo hemos hecho y es por eso que nos están matando, tanto los paramilitares como las disidencias de las FARC”.

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Hace pocos días, la gobernadora asesinada había presidido una audiencia pública realizada en Toribio, resguardo San Francisco el día martes 13 de agosto, por el asesinato de dos guardias indígenas en el que evidenció la fuerza, el liderazgo y la valentía que se requieren para enfrentar sólo con la fuerza de las ideas y la cohesión de la comunidad a los delincuentes armados que insisten en delinquir en los territorios ancestrales indígenas. “Si nos quedamos callados, nos matan y si hablamos también, entonces, hablamos. Hay un panfleto que dice que nadie ande con los símbolos de nuestras organizaciones como movimiento indígena, esta mañana en una institución educativa, decíamos: ahora vamos a hacerlo y con mayor fuerza”.

Esta Guardia Indígena y la Gobernadora asesinada detuvieron a alias “Barbas”, alias “Chinga” y alias “Javier” pertenecientes a la columna “Dagoberto Ramos” de las disidencias de las FARC, intentaron impedirles el paso a su territorio y los delincuentes reaccionaron con instintos asesinos.

Pero nadie puede decir que los narcoterroristas no estaban advertidos. En video, Cristina Bautista les había dejado claro “a los grupos armados (les digo) esta es nuestra casa y como autoridades desde el núcleo familiar, no son bienvenidos, no son bienvenidos a los que están reclutando los menores, no son bienvenidos a quienes están pagando, hay unos mandatos establecidos desde la comunidad: personal de afuera que esté desarmonizando el territorio, se van; así es. Y a los que no estén acá, llévenle la voz, pues ya con muchos nos hemos encontrado y se los hemos dicho, fuera del territorio”.

Con esa fuerza en la voz, con esa determinación, Cristina Bautista lideraba su comunidad, una comunidad de paz que rechaza la presencia de grupos armados ilegales, que rechaza el uso de su territorio para el narcotráfico, que rechaza y repudia sus actos violentos y que sólo se defienden con dos tipos de armas: la unidad y su guardia indígena que no son más que miembros de la comunidad distinguidos con un palo adornado con cintas de colores y al cual llaman “bastón de mando”.

“Nosotros enfrentamos a los grupos armados ilegales con nuestras armas que son la unidad, la espiritualidad y este bastón de mando, es por eso que se aprovechan de nosotros, son cobardes, porque yo creo que si estuviéramos armados no se atreverían a dispararnos así, pero seguimos con nuestro bastón y no nos vamos a doblegar. Cuando venían por acá las FARC, nos parábamos duro y seguiremos parándonos duro, ahora son prácticamente paramilitares, se bañan bajo la sangre de la gente, esto que están haciendo no es un ejercicio de guerrilleros, este proceder es de paramilitares”, dice enardecido por el dolor de la masacre Luis Alfredo Acosta.

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Mientras la comunidad del valeroso pueblo Nasa se duele por el asesinato de su gobernadora y sus comuneros, el presidente de la República toma la decisión de viajar al Cauca para corroborar la situación y ordenó al ministro de Defensa Guillermo Botero, desplazar allí a esa zona al Comandante General de las Fuerzas Militares y al Comandante del Ejército Nacional, para que ellos comanden la ofensiva contra los grupos armados ilegales de la zona.

Y el pueblo Nasa entre Generales de la República y criminales del narcotráfico, como tradicionalmente ha ocurrido, queda en la mitad del fuego cruzado pidiendo con la fuerza de la paz que respeten su territorio e implorando al cielo que se detenga la matanza a su pueblo, pues como lo dijo claramente la Gobernador en la audiencia pública celebrada por el asesinato de otros dos guardias indígenas en agosto, “tenemos un lema: tocan a uno y tocan a todos”.

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