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Estrategias para regular la cantidad de visitantes en áreas naturales protegidas

Aunque las áreas naturales protegidas tienden a fijar condiciones ambientales y sociales, y no un número máximo de visitantes, en ocasiones los parques y reservas se saturan, y deben restringir el ingreso.

LatinamericanPost| Jorge Guasp

Objetivos de manejo y número de visitantes

En mi artículo ¿Cuántos visitantes puede acoger un área natural protegida? expuse que, en el esquema de Límite de Cambio Aceptable (LCA), "el énfasis no está puesto en determinar la cantidad de visitantes máxima admisible, sino en medir y manejar los efectos negativos de su presencia. Aun así, cuando las medidas de manejo (incluida la educación de los visitantes) no bastan para lograr las condiciones ambientales y sociales esperadas, se puede recurrir a la reducción del número de visitantes".

En efecto, cuando la cantidad de visitantes atenta contra los recursos naturales y culturales, la infraestructura, la seguridad de las personas o la experiencia turística, a veces las medidas de manejo resultan insuficientes. Un campamento para cincuenta personas, por ejemplo, no puede administrar una demanda de cien visitantes, pues solo hay infraestructura para la mitad de ese número. Lo mismo sucede cuando los visitantes no caben en un mirador u otro atractivo turístico, o un sendero se colma tanto de personas que resulta imposible transitarlo con comodidad y disfrutar de la naturaleza.

Alternativas para regular la cantidad de visitantes

En casos extremos, como el de las Islas Galápagos, en Ecuador, o el Parque Nacional Fernando de Noronha, en Brasil, ambos Patrimonios de la Humanidad, se limita el número de visitantes a través de un cupo máximo diario, y también se regulan las actividades que pueden realizarse en el lugar.

Establecer una cantidad máxima de visitantes, sin embargo, implica negarles la entrada a muchas personas, y esta medida puede resultar impopular para algunas autoridades. Por lo tanto, a menudo las administraciones de las áreas protegidas recurren a estrategias de disuasión, en lugar de prohibir el ingreso:

  • Cuando los caminos de ingreso al área protegida se deterioran, mantenerlos en mal estado constituye una estrategia de disuasión de potenciales visitantes, a fin de reducir su número. Sin embargo, esta medida puede suscitar inconvenientes entre administraciones que posean objetivos opuestos: mientras el área protegida aspira a proteger sus recursos, es probable que las autoridades de la provincia o del departamento correspondiente, en cambio, deseen un incremento de turistas en su territorio.
  • Prohibir el ingreso directo al área en vehículo propio, e implementar un servicio de taxis o de excursiones, o bien fomentar la entrada a pie o en bicicleta (si la distancia lo permite), no solo reduce la cantidad de personas que llegan al área, debido al costo y a la dificultad de utilizar un transporte alternativo, sino que limita también la rapidez de acceso y de salida, y la cantidad de equipaje que los visitantes pueden llevar. Esta medida condiciona a su vez el tiempo de estadía en el lugar, e incluso restringe la posibilidad de pernoctar en el área.
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  • Aunque promocionar los circuitos menos turísticos no reduce la cantidad de visitantes, sí restringe su ingreso a los lugares que la mayoría desea visitar (y donde se producen los conflictos más importantes); en consecuencia, muchos de los potenciales turistas acaban por escoger destinos alternativos, ubicados fuera del área natural protegida. 
  • Subir el precio del ingreso a un área natural cuando el terreno es más sensible al pisoteo (durante la temporada de lluvias o de nevadas, por ejemplo), y por tanto la visita es más perniciosa para el ambiente, también tiende a reducir el número de visitantes. En estas condiciones también es factible cerrar estacionalmente el área, en particular cuando las condiciones del terreno no solo comprometen la preservación del ambiente sino también la seguridad de los visitantes.
  • Algunas áreas naturales protegidas, que permiten el ingreso gratuito de visitantes durante la mayor parte del año, optan por cobrar el acceso durante la temporada turística, con el doble propósito de recaudar fondos y de moderar la cantidad de visitantes. Esta estrategia se utiliza, por ejemplo, en los parques nacionales Los Alerces y Lago Puelo, en la Patagonia argentina, aunque en estos casos el objetivo principal es la recaudación.
  • Obligar a los visitantes a contratar guías para ingresar en el área es, también, un alternativa para regular el ingreso. Dado que esta contratación conlleva tiempo y dinero, y que la cantidad de guías es limitada, la estrategia reduce de forma indirecta el número de visitantes, al tiempo que garantiza una conducta responsable de los turistas gracias a la supervisión del guía.  

La meta es proteger los recursos del área, y satisfacer a los visitantes

Cuando la demanda sobrepasa a la capacidad de acoger al turismo, y los perjuicios y conflictos que éste provoca son incompatibles con los objetivos de manejo del área natural, la cantidad de visitantes debe reducirse, directa o indirectamente, a fin de sostener las condiciones ambientales y sociales previstas, y conseguir la satisfacción de quienes buscan un contacto íntimo con la naturaleza.

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