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¿Qué implicaría el creciente uso del gas natural en los barcos?

De cara al futuro, la humanidad debe pensar cómo resolver el tema de la energía para el transporte. ¿Podría ser el gas natural una solución?.

Barco en un puerto de carga

El 27% de los buques mercantes que están en construcción utilizarán combustibles alternativos para moverse. / Foto: Pexels

LatinAmerican Post | Ariel Cipolla

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Read in english: What would the increasing use of natural gas on ships imply?

El cambio climático preocupa a todos. Si bien en la actualidad la importancia principal la tiene el COVID-19, la realidad implica pensar de cara al futuro. Por ejemplo, desde Greenpeace advierten que existen malos escenarios, como el aumento de 4,8 grados de la temperatura a finales de este siglo.

Sabiendo esto, existen algunas acciones que comienzan a prever alternativas para poder afectar mucho menos al medioambiente. Entre ellas, el cambio en el uso de la energía para el transporte. Uno de los problemas más habituales se daba en los barcos, que comúnmente usaban diésel o petróleo, que en algún momento se acabarán… ¿o han encontrado una alternativa?

Pues bien, de acuerdo con The Wall Street Journal, el 27% de los buques mercantes que están en construcción utilizarán combustibles alternativos para moverse. Por ejemplo, el más popular es el gas natural licuado (GNL), aunque también aparece el gas licuado de petróleo (GLP) como otra opción. Veamos qué implicaría esta situación.

El uso del gas natural en el transporte

En primer lugar, hay que decir que esta industria es responsable del 2,5% de las emisiones globales. Además, como bien advertimos, está el problema de la escasez de recursos de cara al corto plazo, que viene de la mano con regulaciones en algunas zonas. Por ejemplo, Europa deberá reducir sus emisiones en un 50% antes del 2050.

Por eso, el uso del GNL es cada vez una tendencia más clara dentro de este sector. Por ejemplo, los astilleros globales tienen unos 227 mercantes en construcción propulsados por esta energía, además de unos 202 que se encuentran en actividad. Aunque son una fracción pequeña de la flota global (que representa a unos 60.000 barcos), la tendencia es clara: las empresas logísticas apuntan a energía menos dañina.

Como emiten menos gases, son más amigables para el medioambiente, pero también hay una cuestión de costos: son más baratos en funcionamiento. En términos de manejo, hablamos de un 20% menos de gastos que el de un buque convencional. Sin embargo, la cuestión principal pasa por la inversión, dado que la construcción puede ser hasta un 15% más cara, a pesar de que el gasto se justifica en un futuro.

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Entonces, los buques propulsados por GNL emiten un 25% menos de CO2, algo especialmente importante para las organizaciones medioambientales. Sin embargo, no se trata de una energía realmente limpia. El principal inconveniente se da en el metano que no se quema en la combustión de gas natural, por lo que a largo plazo significaría un problema.

En este sentido, un estudio de Springer reveló que a largo plazo significaría un problema igual de importante que el CO2. De cara a 20 años, el metano generará un impacto incluso 86 veces más grave que el del dióxido de carbono, contribuyendo negativamente al efecto invernadero. Incluso, el Consejo Internacional para el Transporte Limpio (ICCT) indica que genera un 82% más que los buques convencionales.

Entonces, los combustibles fósiles, desde este punto de vista, no parecerían ser las soluciones al largo plazo, incluyendo al gas natural. A pesar de esto, la industria no opina lo mismo. Sabiendo que un 80% de todas las mercancías mundiales se mueven a través de los océanos, la contaminación de un 2,5% de las emisiones globales parece ser poca para la marina mercante. Es decir, los barcos impactan mucho menos que los aviones, por ejemplo.

No obstante, la industria quiere aprovechar la relación de costo-beneficio de cara al corto plazo, ofreciendo una solución parcial a los problemas medioambientales. Es decir, si logran contentar provisionalmente a las organizaciones del cuidado del planeta, además de generar una inversión para gastar menos en el futuro, queda claro por qué el gas natural se está imponiendo como combustible en los barcos.