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Mutilación femenina, una práctica que aún sigue ejecutándose. ¿Por qué?

La mutilación genital femenina tiene consecuencias tanto en la salud física como en la mental.

Niña africana

Hasta la fecha, hay más de 200 millones de mujeres y niñas en el mundo que han sido víctimas de prácticas de mutilación genital. Foto: Pixabay

LatinAmerican Post | Miriam Guasch

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Read in english: Female mutilation, a practice that is still happening. Why?

La mutilación genital femenina daña permanentemente el cuerpo de las niñas, provocando un dolor insoportable, trauma emocional y complicaciones potencialmente mortales durante el embarazo y el parto.

Hasta la fecha, hay más de 200 millones de mujeres y niñas en el mundo que han sido víctimas de prácticas de mutilación genital. Más de 3 millones de niñas africanas son sometidas cada año a diversas formas de mutilación genital femenina. Para abolir esta práctica de una vez por todas, es necesario centrarse en la educación sexual y encontrar alternativas socialmente aceptables para las comunidades interesadas.

Practicada en más de 30 países de todo el mundo, no solo en África y el Medio Oriente, sino también en algunos países de Asia y América Latina, la mutilación genital femenina (MGF) (o "circuncisión femenina") se refiere a todo un procedimiento que involucra la extirpación total de los genitales externos femeninos u otra lesión en los genitales femeninos por razones no médicas.

La mutilación genital femenina se practica generalmente en mujeres de edades comprendidas entre la infancia y los 15 años. Por regla general, una circuncidada es una mujer perteneciente a la comunidad, que suele trabajar también como asistente de partos. Los que practican la MGF suelen utilizar una cuchilla. Los hombres no pueden asistir a las intervenciones; Por lo tanto, la comunidad masculina ignora o no se preocupa por el sufrimiento que experimentan las niñas durante la operación, que muchas veces se realiza en precarias condiciones sanitarias, sin recurrir a anestésicos, antibióticos o material estéril, exponiendo a la víctima a riesgo de muerte por hemorragias e infecciones.
La MGF se divide generalmente en cuatro categorías:

  1. Clitoridectomía
  2. Escisión del clítoris
  3. Infibulación
  4. Otras prácticas de riesgo en la zona genital: pinchazos, perforaciones, incisión del clítoris y / o labios, raspado del orificio vaginal o corte de la vagina (cortes gishiri) y cauterización del clítoris y tejidos circundantes por quemaduras.

Esta clasificación tiene en cuenta el tipo de operación, que va desde la extirpación parcial o total del clítoris hasta el estrechamiento del orificio vaginal a través de la infibulación femenina. En este último caso, es necesaria una práctica adicional de reapertura de la sutura realizada, con el fin de facilitar el acto sexual o el parto. Luego, las mujeres son infibuladas y desinfibuladas varias veces a lo largo de sus vidas, causando un sufrimiento incalculable.

Riesgos y efectos: daño físico y psicológico

Las mujeres, niñas y adolescentes no se benefician de esta práctica; por el contrario, quienes son sometidas sufren graves daños tanto desde el punto de vista psicológico como físico. La MGF, a corto plazo, puede provocar dolor intenso, sangrado excesivo y dificultad para orinar y, a largo plazo, puede favorecer la aparición de quistes, infecciones, infertilidad, disminución del placer sexual y complicaciones en el parto, aumentando también el riesgo de muerte de la mujer durante el parto o muerte neonatal. En 27 países donde la práctica está muy extendida, el tratamiento de las complicaciones relacionadas con la MGF cuesta alrededor de 1.400 millones de dólares al año.

En algunos casos, la práctica es medicalizada por profesionales de la salud para hacerla, en su opinión, más segura. Sin embargo, la OMS considera que la MGF es ilegal incluso cuando está medicalizada.

Dónde se practica la MGF a día de hoy

Como ya os mencioné, de un total de 30 países de África y Medio Oriente, 7 aplican la práctica de la mutilación genital femenina a casi todas las niñas que residen en sus respectivos países.

Gracias a las leyes actualmente en vigor en 24 países del África subsahariana, los datos estadísticos sobre la propagación de la práctica de la mutilación genital femenina en algunos estados africanos dan esperanzas de una disminución sustancial del fenómeno, especialmente entre las nuevas generaciones de jóvenes. No obstante, según estimaciones de la OMS, más de 3 millones de niñas son sometidas a la práctica cada año.

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Aunque está reconocida por la comunidad internacional como una grave violación de los derechos humanos, este tipo de práctica todavía está muy extendida en todo el mundo. Teniendo en cuenta, por ejemplo, el crecimiento demográfico sostenido de África, hasta 68 millones de niñas estarán expuestas al riesgo de sufrir la mutilación genital femenina antes de finales de 2030.

Las razones por las que todavía se practican la mutliación genital femenina

La MGF todavía está ampliamente justificada en algunas partes del mundo por razones relacionadas con las tradiciones culturales. Especialmente en contextos rurales donde es socialmente aceptada, la práctica se recomienda para las niñas por sus supuestos beneficios estéticos e higiénicos. Las motivaciones de carácter sociocultural están mayoritariamente ligadas a factores como la presión social y la necesidad de respetar las costumbres locales. También existe la idea generalizada de que la mutilación femenina es una práctica de inspiración religiosa, ligada a supuestos ideales femeninos de belleza, castidad y respetabilidad, ingredientes esenciales para ser aceptada por el futuro esposo como esposa legal. De hecho, refleja las profundas desigualdades de género presentes en una sociedad determinada.

Una aplicación para la lucha contra la MGF

The Restorers un grupo de cinco estudiantes kenianas, ha desarrollado una aplicación para ayudar a las víctimas y posibles víctimas de la mutilación genital femenina. En 2019, su proyecto fue preseleccionado para el Premio Sájarov a la Libertad de Pensamiento del Parlamento Europeo.

Su candidatura marcó un paso importante en la lucha mundial contra la mutilación genital femenina y da testimonio de la importancia estratégica de las nuevas generaciones de niñas. Los jóvenes de hoy pueden convertirse en portadores de un mensaje social alternativo al tradicional, capaz de contener y eliminar la práctica de la mutilación genital femenina en todas partes del mundo.