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"Creo mucho en el poder de la ficción", entrevista con Juliana Abaúnza

Estuvimos charlando con Juliana Abaúnza sobre feminismo, aborto, la cultura pop, la televisión, el colectivo Viejas Verdes y su nuevo libro "Series largas, novios cortos".

Juliana Abaúnza

Estuvimos charlando con ella sobre varios temas, especialmente sobre el feminismo y la cultura pop. Foto: IG-julianaabaunza

LatinAmerican Post | Vanesa López Romero

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Read in english: "I Believe In the Power Of Fiction" An Interview With Juliana Abaúnza

El colectivo Viejas Verdes fue conformado en 2018 por 8 feministas colombianas que, viendo la falta de información y pedagogía en redes sociales sobre el aborto en el país, decidieron crear una plataforma para hablar sobre el tema sin tapujos y con un enfoque feminista. Juliana Abaúnza, amante empedernida de las series, es una de las mujeres que conforman Viejas Verdes y hace poco publicó su libro "Series largas, novios cortos" en el que a partir de 6 historias de autoficción y de un recorrido por series como "Girls", "BoJack Horseman" y "Girlmore Girls" reflexiona sobre la incidencia que le televisión tiene en nuestra vida y la incidencia que nuestra vida tiene en la sociedad. 

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Estuvimos charlando con ella sobre varios temas, especialmente sobre el feminismo y la cultura pop. 

LatinAmerican Post: Eres reconocida por hacer parte del colectivo Viejas Verdes. ¿Cuál es tu papel en él? ¿En qué has enfocado tu trabajo en el colectivo?

Juliana Abaúnza: El colectivo lo conformamos en 2018 respondiendo a un proyecto de ley que se iba a presentar para limitar las semanas en las que las mujeres pueden abortar acá en Colombia. Nos dimos cuenta de que en el país todavía hay mucha desinformación y mucho desconocimiento sobre la sentencia que legalizó bajo tres instancias el aborto en Colombia. Inicialmente, nuestros dos objetivos principales eran por un lado informar y por el otro despenalizar socialmente este tema que siempre ha sido tabú en nuestra sociedad. Esto decidimos hacerlo a partir de videos, lives y posts en Instagram. 

Dentro del colectivo no tenemos como tal papeles, todas hacemos un poquito de todo. Somos mujeres dedicadas a la redes sociales, por lo que tenemos conocimiento sobre su uso. Además todas trabajamos una carga laboral aparte, así que nos vamos turnando. 

L.P.: En estos tres años, ¿cómo ha sido la respuesta de la gente y en qué medida crees que han logrado esos objetivos?

J.A.: Siempre que se habla de derechos sexuales o reproductivos, o de feminismo en general, hay una respuesta por parte del sector más conservador y reaccionario de la sociedad, pero eso ha pasado muy poco. Aparte de eso, la respuesta ha sido muy positiva. Hemos hecho conversatorios en colegios, encuentros con adolescentes que están pensando de una forma completamente diferente a la que yo pensaba cuando tenía 15 años. Me hubiese gustado muchísimo tener contacto con un colectivo como Viejas Verdes, que resuelven dudas, aclaran cosas y permitan que una se haga preguntas que nunca antes se había hecho. Nuestro fuerte es la comunicación a través de redes sociales a chicas jóvenes entre 15 y 25 años. 

L.P.: Históricamente el feminismo ha estado atado a la academia, pero en los últimos años hemos visto al feminismo entrar en el círculo de la cultura pop. ¿Por qué crees que es importante que en un ámbito mucho más laxo se traten estos temas y, en esa medida, qué importancia tiene lo que ustedes están haciendo en las Viejas Verdes y lo que tú estás haciendo con tu libro?

J.A.: Para mí es super importante. Seguro hay personas que están en desacuerdo con esto y creen que estos temas siempre deben hablarse desde un punto de vista académico y desde un registro más solemne. Para mí, el feminismo debería estar en todas partes, en programas y revistas de chisme, en los reinados, debería caer y regarse por el mundo entero. Debería no ser exclusivo de un solo grupo de personas intelectuales. 

Para las Viejas Verdes, es súper importante el registro desde el que se habla. Por ejemplo, la despenalización social no se puede lograr solo con un tono solemne. Como es un tema tabú nos hemos acostumbrado a hablarlo con ese tono, y sí es un tema serio y de salud pública, pero también pueden haber historias personales y atravesadas por el humor, y esto es algo que trato en mi libro. Experiencias de aborto hay tantas como mujeres en el mundo. Entre más democratizado esté el feminismo, mejor. 

L.P.: Internet y la era de la información permite que cualquiera pueda acercarse al feminismo. La información pasó de estar en las manos de hombres cis, heteros y blancos a estar en las manos de niñas de 15 años que se pueden apropiar de estos temas. Pero eso también puede ser problemático porque la era de la información también permite una saturación de información poco concreta y falsa. ¿En qué medida lo académico y el ámbito más laxo pueden conjugarse?

J.A.: Se puede y ya se está haciendo la unión de ambas cosas. Un ejemplo claro es la propuesta de Causa Justa, un proyecto presentado para despenalizar en su totalidad el aborto. En Colombia el aborto sigue siendo un delito, solo está despenalizado en tres causales. En Causa Justa se está trabajando esto desde la legislación, pero también se está presentando una campaña en redes sociales muy fuerte. Saber manejar los dos ámbitos es clave. 

Si una es una usuaria de estas redes sociales pero no sabe nada de leyes, pero se muestra interesada en estos temas, es nuestro deber informarnos desde afuera. Así como nadie debería quedarse solo con el ámbito académico, nadie debería quedarse solo con las redes. Está en nuestras manos ser usuarias y consumidoras activas.

L.P.: ¿De qué manera las producciones audiovisuales actuales logran reflejar esa lucha feminista en la cultura pop? ¿Cómo esto ha evolucionado respecto a las producciones antiguas?

J.A.: Precisamente es una evolución. La televisión ha sido un reflejo de los cambios sociales. Si uno estudia la televisión se da cuenta que esas ideas ya estaban entrando en la televisión, digamos, en los años 80, pero desde los límites impuestos tanto por la época como por los territorios en los que se producían. Ya se ha hablado de aborto en televisión hace años, pero el reflejo del progreso no se ve tanto en los temas que se tocan, sino en las voces a las que se les permite crear nuevas historias. En la historia del arte en general, quienes han contado las historias han sido en su mayoría hombres, y que ahora se le esté dando la oportunidad a personas diferentes creo que nos beneficia a todos, pues enriquece más nuestra visión del mundo.

L.P.: En ese orden de ideas, ¿crees que valga la pena revisitar las series de hace unas décadas pero con el lente feminista que ahora tenemos? Por ejemplo, con "Betty la fea".

J.A.: Cien por ciento, creo que vale la pena. Yo no creo que sea posible quitarse el lente feminista para ver algo. Lo que sí debemos tratar de lograr es ver algo sin que eso nos dañe el día o nos enoje. La rabia es buena, pero ver televisión y sentir rabia todo el tiempo no está tan bueno para nuestra salud. Yo sí creo que se puede volver a ver "Betty la fea" sabiendo que todo lo que Don Armando dice y hace está muy mal, porque reconocer lo vacíos y lo errores no significa cancelar. Los productos culturales deberían ser revisitados para entendernos. En el caso de esta novela, era un reflejo de lo que éramos como sociedad colombiana hace 20 años. Si fue la novela más exitosa de la historia, fue por algo, vale la pena volverla a ver, ver qué ha cambiado y qué dice esto sobre nuestro país. 

L.P.: ¿En qué medida crees que la cultura pop puede aportar realmente a causas como la legalización del aborto, el cierre de la brecha de género, la violencia hacia las mujeres, feminicidios?

J.A.: La sociedad afecta en las historias que se cuentan, pero ver esas historias también afectan nuestras vidas. Eso no significa que solo con ver televisión vamos a cambiar el mundo, pero ver series con historias que muestran la realidad y abordan estos temas con tranquilidad puede ayudar a cambiar los estereotipos y mitos que hemos creado como sociedad. Además creo que puede inspirar y cambiar vidas, inspirar a la gente a actuar y hacer algo. Creo mucho en el poder de la ficción.