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Sin Uribe y con divisiones internas: el panorama del uribismo 2022

El Centro Democrático parece no tener el mismo impacto del 2018 cuando se quedó con la Presidencia de Colombia y con gran parte del Congreso de la República.

Álvaro Uribe

El 2022 será un año agitado para la realidad política de Colombia teniendo en cuenta que se celebrarán dos de los comicios más importantes del país: las elecciones legislativas y las presidenciales. Foto: TW-AlvaroUribeVel

LatinAmerican Post | Christopher Ramírez Hernández

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El 2022 será un año agitado para la realidad política de Colombia teniendo en cuenta que se celebrarán dos de los comicios más importantes del país: las elecciones legislativas, que se desarrollarán el 13 de marzo, y las presidenciales que tendrán lugar el 29 de mayo.

Sin embargo, a falta de menos de seis meses para las votaciones al Congreso y un poco menos de ocho para la primera vuelta presidencial, el panorama político se mueve cada vez más con el constante nombramiento y caída de personajes que podrían o no participar de esta competencia electoral.

Entre los nombres más importantes destaca el del excandidato presidencial en 2018, Gustavo Petro, además del exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.

Por supuesto, también tienen presencia los precandidatos del uribismo: María Fernanda Cabal, actual senadora de la República, y el excandidato presidencial en 2014, Oscar Iván Zuluaga. Sin embargo, tal y como lo reveló la más reciente encuesta desarrollada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) y la revista Semana, la representación uribista parece no tener mucha fuerza de cara a las Elecciones de 2022.

De acuerdo con el sondeo, Petro lidera las intenciones de voto con un 17 %, seguido de Fajardo y Juan Manuel Galán con un 7 % y 6 %, respectivamente. Muy por detrás aparecen María Fernanda Cabal (4 %) y Zuluaga (3 %). Así, por el momento los precandidatos del Centro Democrático parecen no tener la fuerza necesaria para competir por el puesto ejecutivo más importante de Colombia.

La ‘negativa’ presencia de Iván Duque

Desde el 2002 cuando Álvaro Uribe Vélez se convirtió en el primero en llegar a la Presidencia de Colombia lejos del manto de los partidos tradicionales del país (Conservador y Liberal), su grupo político conocido como ‘uribismo’ ha sido protagonista en todas las elecciones que han tenido lugar en las últimas dos décadas. Con tres presidencias más (Uribe en 2006, Santos en 2010 y Duque en 2018), esta fuerza política se ha posicionado como una de las más populares del país; aunque parece que para 2022 no llegará con la misma fuerza del pasado.

Una de las razones para este posible declive electoral es por supuesto la caída que ha tenido el actual presidente Iván Duque en su cargo como Primer Mandatario de Colombia. El 67 % de desfavorabilidad reportada en una encuesta de Invamer en agosto, además de su protagonismo en medio del Paro nacional y la crisis generada por la COVID-19, han hecho que el Presidente cuente con una mala imagen entre los colombianos; y como es lógico con él también ha arrastrado a su partido el Centro Democrático.

Sin Álvaro Uribe

No se puede hablar de uribismo sin Uribe, pues además de darle el nombre al movimiento, el exsenador también le da forma e imagen a este gurpo compenetrado en el partido Centro Democrático. Por esto es una gran incógnita saber cómo hará esta colectividad para convencer a los colombianos sin la presencia directa de Álvaro Uribe en el ruedo electoral en 2022.

Cabe recordar que con Uribe a la cabeza de la lista del Centro Democrático en 2014, este partido obtuvo un poco más de 2 millones de votos que lo colocó como uno de los grupos con más presencia en el Senado (20 curules). Misma situación se presentó en 2018 cuando el uribismo se quedó con 19 curules gracias a los 2,5 millones de votos recibidos.

Ahora bien, para nadie es un secreto que muchos de esos puestos en la Cámara Alta llegaron por obra y gracia de Uribe y su imagen en el tarjetón por lo que ni siquiera los miembros del partido han dudado en negar su temor frente a lo que serán las elecciones, tanto presidenciales como legislativas, sin él en la competencia.

Esta situación obligaría al Centro Democrático a buscar nuevas alternativas por medio de alianzas “exteriores” con políticos que aunque no se manifiesten como uribistas sí tengan relación directa con la derecha en el país.

Uno de ellos es el exalcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien ya ha recibido el beneplácito de varios bastiones del uribismo como la senadora Paloma Valencia, quien puso a conversación la necesidad de buscar alianzas lejos de su partido, y Gutiérrez, al mostrarse como un candidato independiente, sería la mejor opción.

“Se buscará alianza con las personas afines como el exalcalde Federico Gutiérrez, el exministro Echeverry, los exgobernadores y el Partido Conservador, para tener un candidato único de este sector para conquistar la Presidencia”, explicó la Senadora.

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Y tal vez sea esta la forma en la que el uribismo pueda colarse entre los afectos de las personas sin la participación de Álvaro Uribe, pues tal parece que el orden interno del partido no es uno de los fuertes de cara al 2022. Las tensiones políticas por conocer el candidato único del Centro Democrático han llevado a que, incluso, se tilden de “vergüenza” entre ellos mismos, tal como lo hizo María Fernanda Cabal al referirse a la bancada uribista en el Congreso.

“Somos una bancada de 52 a la que el país solo conoce a cinco, si es que los conoce. El resto, los 52, es una vergüenza. Yo quisiera una bancada que entendería de verdad la importancia de hacer activismo permanente”, indicó Cabal para la revista Semana.

El mismo Uribe dijo que no apoyará a ningún candidato en las elecciones. Sabiendo que su imagen suma, pero también resta apoyos, posiblemente se mantenga a la expectativa y gastar sus cartuchos de forma inteligente y meditada.

La mala imagen de Duque y la división interna en el uribismo podrían pasar factura en las próximas elecciones. Sin embargo, la fuerza que aún tenga Uribe sobre su colectividad, sea con candidatos propios o “prestados”, será el punto de quiebre entre el éxito rotundo de los uribistas o su inminente fracaso.