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Cuidar a los cuidadores. El mundo en alerta por la salud mental del personal sanitario

Un estudio de la OMS y la OPS arrojó varios resultados preocupantes en cuanto a los peligros que tienen estos trabajadores frente a la depresión o el suicidio. ¿Cuál es su situación de salud mental y cuánta ayuda han recibido en América Latina?.

Hombre usando uniforme de salud sentado en una silla

Foto: Pexels

LatinAmerican Post | Christopher Ramírez

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Read in english: Caring for Caregivers. The World on Alert for the Mental Health of Health Personnel

De acuerdo con la información actualizada de la Universidad Johns Hopkins, hasta el pasado 16 de marzo, más de 461,8 millones de personas se habían contagiado de la COVID-19 en todo el mundo, de las cuales más de 6 millones perdieron la vida a causa de esta enfermedad.

Sin embargo, entre aquellos que sobrevivieron, muchos presentaron varias afectaciones posteriores que terminaron perjudicando su vida normal, incluso después de acabar con el virus en sus cuerpos.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), algunas de estas secuelas son dificultad al momento de respirar, cansancio, problemas para pensar o concentrarse, mareos, fiebre y, en algunas mujeres, hasta desórdenes en su ciclo menstrual.

No obstante, muchos de estos datos tienen como base los síntomas sufridos por los pacientes cuyos cuerpos lucharon contra el nuevo coronavirus, pero, ¿qué hay de aquellas personas que, sin necesidad de contagiarse de la enfermedad, sufren los estragos de dar su vida para poder ayudar a los seres humanos que los necesitaban para superar a la covid-19?

Esto es precisamente lo que estudió un grupo de investigadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que, por medio de su informe ‘Héroes’, revelan “el impacto de la pandemia de covid-19 en la salud mental de los trabajadores de los servicios de salud en 26 países de cuatro continentes y en cómo esta se ve afectada por una serie de factores a distintos niveles que pudieran estar interrelacionados: individual, familiar, laboral y social”.

En el caso de América Latina, en la investigación se tuvieron en cuenta a los trabajadores de la salud de once países de la región: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Bolivia, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico, Venezuela y Uruguay.

¿Cómo se estableció el grupo de estudio?

Según detalla el informe, además de médicos y equipo de enfermería, también se tuvieron en cuenta a otros profesionales de la salud en la región como personal técnico, de administración, auxiliar, así como de limpieza, alimentación y transporte.

Sin embargo, es incierto aún para los investigadores el número total de personas que hicieron parte del estudio, ya que también hay que tener en cuenta que en muchos países ni siquiera se tuvo contacto personal con estos trabajadores, sino que la documentación necesaria para conocer la realidad en términos de salud mental de esta población se obtuvo de entidades oficiales del Estado.

Lo que sí se conoce es que todas las personas participantes de este estudio fueron trabajadores de la salud mayores de 18 años. A partir de ahí se analizaron distintas variables como el nivel educativo, el sexo, el número de personas con las que conviven, si tuvieron o no familiares contagiados por COVID-19, religión o estado espiritual, entre otros.

Así, de acuerdo con el informe, la cantidad de participantes por país osciló desde 167 en Bolivia hasta 2.584 en México, “y nueve países con más de 500 observaciones (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Perú, Puerto Rico, Venezuela y Uruguay)”.

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¿Qué se halló?

Para poder establecer el estado mental de los trabajadores de la salud durante y después de los altos picos de la pandemia (esto es desde mediados de 2020 hasta, más o menos, finales de septiembre de 2021), se tuvieron en cuenta factores como el malestar psicológico, los síntomas depresivos o ideas suicidas que pudiesen tener; además se estableció la forma en que dichos malestares o síntomas se relacionaban con los factores profesionales y personales, a nivel social e individual de cada uno.

En ese sentido, y entre toda la gama de análisis y conclusiones que se lograron obtener, algunos de los resultados más importantes son:

Las mujeres, según su nivel de participación en la investigación, son el género más empleado en el sector salud: del total, al menos un 73,2 % son mujeres. No obstante, esto no quiere decir que su ingreso económico sea igual o superior al de los hombres; por el contrario es un 23,7 % inferior.

En cuanto a los síntomas depresivos, el estudio arrojó que entre el 14,7 % y el 22% del personal de la salud en las Américas presentó indicios de padecimiento de un episodio depresivo. Esta cifra, como la mayoría de los resultados obtenidos, oscila entre los países analizados. Por ejemplo, mientras que el 3 % del personal de salud en Venezuela presentó riesgos altísimos de sufrir un episodio depresivo grave, este porcentaje aumentó considerablemente en Chile, con un 15 %.

Por su parte, la cifra de trabajadores que manifestó tener o haber tenido pensamientos suicidas varió entre el 5 % y el 15 %. Ahora bien, la cifra más escalofriante no tiene que ver precisamente con el número de trabajadores (médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos, personas de aseo, entre otras) que presentaron crisis mentales durante su servicio en la pandemia, sino con la ínfima cantidad de personal que aún reportando síntomas de depresión, suicidio u otro malestar psicológico un poco más leve recibieron ayuda por parte de las autoridades.

Del total de trabajadores que dijeron necesitar atención psicológica, solo entre el 11 % y 25 % dijo haberla recibido. Esto es menos de un tercio del personal de la salud con afectaciones mentales durante la pandemia.

“Entre los factores de riesgo más importantes se encontraron la necesidad de apoyo emocional y económico, sentir preocupación por contagiar a los familiares, los conflictos con los familiares de las personas contagiadas y los cambios en las funciones laborales habituales”, añadió el estudio.

Por último, explica que así como hubo factores amenazantes a la salud mental de los trabajadores, hubo otros que protegieron el decaimiento de dicha área de su integridad: confianza en el manejo de la pandemia por parte de los hospitales o gobierno, tener hijos menores de edad, apoyo entre los compañeros de trabajo y encontrar refugio en la religión u otras prácticas de índole espiritual.