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América Latina no alcanzaría las metas de educación para el 2030, según la ONU

De acuerdo con un informe de la Unesco, Unicef y la Cepal, aún hay algunas tendencias negativas que podrían frenar las mejoras educativas en la región, con la COVID-19 como protagonista.

Estudiantes en un aula de clases

Foto: Pixabay

LatinAmerican Post | Christopher Ramírez

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Según recuerda un artículo alojado en la página web oficial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hace casi siete años (25 de septiembre de 2015), se acordó una lista de objetivos globales para 2030 que tienen como fin “erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible”. Entre los más importantes se encuentra el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 (ODS4): educación de calidad.

La idea, según la misma organización, es que para dentro de ocho años ya se haya garantizado “una educación inclusiva, equitativa y de calidad”, además de “promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.

“La educación permite la movilidad socioeconómica ascendente y es clave para salir de la pobreza. Durante la última década, se consiguieron grandes avances a la hora de ampliar el acceso a la educación y las tasas de matriculación en las escuelas en todos los niveles, especialmente para las niñas”, explica la ONU.

Aún con esos esfuerzos, la organización internacional asegura que para 2018 se tenían cifras nada alentadoras y que empezaron a colocar en duda de los expertos si el ODS4 podría lograrse en 2030.

De acuerdo con los números oficiales, reportados por la oficina de las Naciones Unidas para la Cultura, las Ciencias y la Educación (Unesco), “alrededor de 258 millones de niños y jóvenes no asisten a la escuela”; dato que fue desfragmentado de la siguiente manera: 59 millones de niños que deberían estar en la escuela primaria, 62 millones que cumplían con la edad para estar cursando la secundaria inferior y 138 millones de adolescentes que deberían estar cursando la secundaria superior.

Crisis en la educación de América Latina

Ahora bien, la crisis dentro de los planes educativos en el mundo tiene a un protagonista clave que ayudó a desacelerar la misión recogida en el ODS4: la pandemia por COVID-19. Para la ONU esta crisis sanitaria derivó también en otras de índole política, social, cultural, económica y, por supuesto, educativa.

“En 2020, a medida que la pandemia de la COVID-19 se propagaba por todo el planeta, la mayor parte de los países anunciaron el cierre temporal de las escuelas, lo que afectó a más del 91 % de los estudiantes en todo el mundo. En abril de 2020, cerca de 1600 millones de niños y jóvenes estaban fuera de la escuela. Igualmente, cerca de 369 millones de niños que dependen de los comedores escolares tuvieron que buscar otras fuentes de nutrición diaria”, añadió la ONU.

No obstante, hay algo que ‘La encrucijada de la educación en América Latina y el Caribe. Informe regional de monitoreo ODS4-Educación 2030’, un estudio desarrollado por la Unesco en alianza con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), deja muy claro: América Latina y el Caribe es una de las regiones que mayor afectación ha registrado por cuenta de la COVID-19 y sus efectos negativos en la educación.

De hecho, según establece el informe, en caso de continuar por el camino que se lleva hoy en día, sería muy complicado para esta región alcanzar el ODS4 de la ONU para 2030.

“La evidencia muestra algunas noticias positivas, pero refuerza la apremiante necesidad de una mayor inversión y capacidades estatales para conducir los procesos de mejora y transformación sistémica de la educación para acelerar el avance en las metas educativas establecidas en 2015”, indicó Claudia Uribe, directora de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (Oreal/Unesco Santiago)

Entre lo positivo, el informe aclara que desde 2012 se le ha dado un golpe certero al analfabetismo reduciendo esta problemática en 7,7 millones de personas en la región; aun así, todavía existe un grupo del 12,8 % que sufre de esta condición social en las zonas rurales.

Además, también se habla de un incremento de 2,1 millones de niños y niñas entre los cero a los dos años que pudieron ser matriculados en lo que se conoce como la “educación preprimaria”. También hubo una disminución de “la proporción de estudiantes con edades mayores a la esperadas”, tanto para el nivel primario como el secundario: del 14,4 % al 7,8 % entre el 2000 y el 2020 para el primer ítem, y del 18 % al 13 % entre 2010 y 2020 para el segundo.

“Sin embargo, desde el inicio de la pandemia, hemos observado como la primera infancia no ha sido priorizada, lo que pone en riesgo estos avances”, dijo Rada Noeva, Directora Regional Adjunta a cargo de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe (Unicef Lacro).

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Bajo ese aspecto, el informe concluye con algunas tendencias para nada positivas de cara a la obtención del ODS 4 para dentro de ocho años:

1. Existe una desaceleración de algunos indicadores específicos, como la tasa de finalización de la educación secundaria, que antes de la pandemia se habían mejorado considerablemente.

2. Hay un estancamiento “en indicadores clave de acceso a la educación primaria y secundaria y en las evaluaciones de la calidad de los aprendizajes”, según indica el informe. En pocas palabras, en los últimos tres años no se ha podido disminuir el porcentaje de niños, niñas y adolescentes que no asisten a una escuela en América Latina y el Caribe.

3. Se evidencia un aumento de algunas brechas en el nivel terciario de la educación (universitaria) con incrementos muy leves en el sector rural en comparación con el urbano, así como entre hombres y mujeres. En este último caso, el documento aclara que para 2020 existía una clara diferencia con un 61,7 % de las mujeres accediendo a esta educación contra un 46,8 % de los hombres que podían matricularse.