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Latinoamérica: la región en la que más se pierde vida salvaje

Los hallazgos del informe Planeta Vivo 2022 muestran un escenario preocupante para la región de Latinoamérica en cuanto a pérdida de biodiversidad.

jaguar durmiendo

Foto: Pixabay

LatinAmerican Post | María Claudia Ramírez

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América Latina se volvió a rajar en el reciente informe Planeta Vivo 2022 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) que hace referencia al estado de salud de la biodiversidad en el planeta entre 1970 y 2018. Cada vez es más evidente el porcentaje de pérdida de biodiversidad, con espacios naturales y vida salvaje en la región, desatando un colapso en los ecosistemas e, indiscutiblemente, en la humanidad y en toda la vida en la Tierra. 

En esta edición, la más exhaustiva de los últimos años, se evaluaron cerca de 32.000 poblaciones de 5.230 especies de todo el mundo, es decir, 11.000 más que en 2020. Expertos evidenciaron que Latinoamérica tuvo el mayor declive en la abundancia poblacional, con una disminución de 94%, seguida de África (66%), Asia (55%) y Europa (18%). Estas preocupantes cifras son una alerta del deterioro de nuestro planeta, afirmó Marco Lambertini, director general de la WWF Internacional. 

En América Latina, la Amazonía continúa siendo el territorio más afectado, dado que las tasas de deforestación continúan aumentando: “Ya hemos perdido el 17% de la extensión original de los bosques, y otro 17% está degradado. Las últimas investigaciones indican que nos estamos aproximando rápidamente al punto de no retorno…”. Pero no termina ahí, pese a que América del Sur y el Caribe son dos regiones robustas en el mundo en materia de biodiversidad, especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces también están en peligro, así como el suministro de agua dulce: “El agua dulce es igualmente esencial para nuestra supervivencia y bienestar por su uso doméstico, para la producción de energía, la seguridad alimentaria y la industria. A pesar de que solo representa el 1% de la superficie del planeta, más del 50% de la población humana vive a menos de tres kilómetros de un curso o masa de agua dulce…”, asegura el informe. 

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Los aprietos por los que atraviesa el planeta a causa de la acción humana, la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, son presentados en el informe como dos caras de la misma moneda, ya que están interconectados. El cambio de uso del suelo continúa siendo el factor principal de este problema. Sin embargo, se precisa que, si no limitamos el calentamiento a 1,5°C, lo más probable es que el cambio climático se convierta en la principal causa de pérdida de biodiversidad en las próximas décadas.

Para enfrentarse a esta amenaza, expertas/os han realizado investigaciones en esta región del planeta para demostrar el impacto de la sobreexplotación de los recursos naturales, la destrucción y fragmentación de hábitats en tierra, agua y aire, así como los resultados de introducir especies a lugares fuera de sus territorios originarios provocando que se vuelvan especies invasoras. 

Otro de los estudios más completos fue el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas inglesas) publicado en abril pasado. En él, se determina claramente que no se puede abordar una crisis sin la otra. Es decir, que refuerzan la teoría de que, al cuidar la biodiversidad, se apunta a un futuro más sostenible y justo que garantizará el bienestar y la economía de la humanidad, entre otras cosas, para nuestra seguridad climática, alimentaria e hídrica.

Aunque para llegar a eso, “es preciso llevar a cabo cambios que abarquen todo el sistema: cómo producimos y consumimos, la tecnología que usamos y nuestros sistemas económicos y financieros”, asegura Juan Felipe Blanco Libreros, investigador de la Universidad de Antioquia, Colombia, y uno de los autores del informe de la WWF.

El impacto negativo de la actividad humana en la biodiversidad ha avanzado a tal punto que ya no da espera. Se requieren acciones contundentes por parte de todos los actores involucrados. Esta edición, redactada por 86 autores, resalta que “el cambio todavía es posible” e insiste en la urgente necesidad de que autoridades ambientales, lideresas y líderes de los pueblos indígenas, y tomadores de decisiones, empiecen a discutir y planear la estrategia que impulsarán para contrarrestar la pérdida de biodiversidad en América Latina y el mundo. Así mismo, precisan que la próxima Conferencia sobre Diversidad Biológica de la ONU (COP15) que se realizará en diciembre de 2022 en Montreal, Canadá, y que convocará a gobiernos de todo el mundo para acordar un nuevo marco mundial para la diversidad biológica posterior a 2020, es el escenario para crear políticas que salvaguarden el futuro del planeta y las personas.